UNA NORMATIVA ESPERADA
El sector respira tranquilo ante 'la menos mala' de las salidas
No es la normativa que hubieran preferido. No les parece la mejor de entre todas las posibles, pero, ayer, el mundo del libro respiró tranquilo ante la medida de la nueva ley de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas de liberalizar el precio de los libros de texto. Editores y libreros hubieran preferido la aplicación del precio fijo también a los manuales escolares, pero repetidamente habían insistido que de no ser posible, mejor la liberalización que la aplicación de los descuentos ilimitados.
Este aspecto era el caballo de batalla de una normativa que trata al libro como un producto cultural -no sólo comercial- haciendo hincapié en el fortalecimiento de la red de bibliotecas y en el fomento de la lectura, lo que no puede provocar más que el consenso de los sectores implicados. Satisfacción con matices, por tanto, y confianza en que lo que ahora es sólo un comienzo se convierta en una apuesta a largo plazo.
Los editores.
«Valoración positiva», en palabras de Antonio María Avila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores, quien destaca «la modernidad de una ley que atiende a las nuevas tecnologías y en la que encaja el libro no sólo en soporte papel sino también en su formato electrónico».
Avila valora que el apoyo a la lectura como aspecto fundamental en el desarrollo económico de la sociedad no sea algo simplemente retórico, sino que se complemente con una memoria económica, con «una movilización de recursos que mejora los presupuestos que hay ahora mismo, aunque es conveniente que se vaya a más».
En cuanto al aspecto más profesional, el único que levantó controversias, el representante de los editores considera que la liberalización frente al descuento puede considerarse «un mal menor que a la larga va a ser mejor para todos».
Los libreros.
La opinión de Fernando Valderde, al frente de CEGAL (Gremios de Libreros) es muy similar. Se apoya un texto que «ha escuchado, aunque sólo en parte las reivindicaciones hechas desde el sector» y se considera un paso importante «la deslegitimación de los descuentos ilimitados para los libros de texto».
«Ahora las librerías tendrán que reajustar sus esquemas para hacer frente a la nueva situación. Lo que no podían era aplicar los mismos descuentos de las grandes superficies, pero sí competir con ellas en igualdad de condiciones como se hace con cualquier otro producto no sujeto a excepciones», dice Valverde.
[Ahora, tanto los libreros como los responsables de las grandes superficies serán los que tengan la potestad de establecer el precio dentro de las reglas y leyes del mercado, sin practicar descuentos fuera de ferias o temporadas de rebajas y sin practicar dumpin, venta por debajo del precio de coste].
Valverde está convencido de que la gratuidad de los libros de texto será el siguiente paso, y en este sentido los libreros tienen claro que el modelo que más va a favorecerles será el del cheque-libro, una ayuda que la Comunidad Autónoma concede a las familias y que ahora se aplica en comunidades como Madrid y Asturias. «En ambas», asegura el responsable de CEGAL, «los resultados están siendo muy positivos para el sector, frente al cierre al que se han visto abocadas tantas librerías de Galicia y Andalucía, donde se ha optado por un sistema de préstamo de libros usados».
Fernando Valverde muestra también la satisfacción de CEGAL por el impulso que la nueva ley da a la inversión en libros para dotar a las bibliotecas públicas, «con la recomendación de la compra en librerías», valorando también el fortalecimiento de las sanciones a los infractores de la ley, caso de aquellos libreros que se salten el descuento permitido del 5%.
Fundación Germán S. Ruipérez.
Esta institución, pendiente siempre del estado de la lectura en nuestro país, da la enhorabuena a una nueva ley que «vincula el acceso a la lectura como un derecho de los ciudadanos». «Se convierte en una rampa de lanzamiento muy interesante, pero tendremos que ir viendo los resultados a medida que sus puntos se vayan aplicando».
Así se expresaba ayer Luis González Martín, director adjunto de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, quien hace hincapié en el avance en los últimos 25 años de la política de bibliotecas. «Pero nuestra situación todavía dista mucho de la de países como Gran Bretaña, Francia, Alemania o Italia. La UNESCO marca dos libros por habitante y estamos muy por debajo».
González Martín considera que la cuestion presupuestaria, «que deberá ir incrementándose a largo plazo», es importante, pero también la formación de los profesionales de las bibliotecas y la gestión de las mismas. «Los horarios tendrán que ser sensatos y se tendrán que aplicar modelos de gestión más modernos, en conexión con los centros educativos, apostando por salas dedicadas a los niños, incluso a los prelectores, medidas que funcionan con éxito en Escandinavia o Gran Bretaña. España no debe conformarse con menos».
Padres de alumnos.
La presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (Ceapa), Lola Abelló, declaró ayer a Servimedia que la Ley del Libro no va a tener una repercusión importante para los padres de los estudiantes. Su organización reclama la gratuidad de los libros de texto, no que se liberalice su precio. Abelló insistió en la necesidad de dar más importancia a las bibliotecas escolares, para que sus fondos cubran las necesidades del alumnado.
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