LAS CRISIS políticas deben abordarse en paralelo al diálogo entre culturas
Durante estos últimos años, el miedo y la incomprensión han desencadenado reacciones pasionales recordando que el diálogo entre los pueblos y las culturas, especialmente las que forman las dos costas del Mediterráneo, es más que nunca necesario. Reconocer el principio de la alteridad es un arte difícil: conocerse a sí mismo, comprenderse bajo el prisma de una mirada extraña como extranjero, intentar considerar lo que nos une aun sintiendo curiosidad por lo que diferimos, no es algo obvio. En nuestro mundo contemporáneo globalizado, si la diversidad hace sentir que vamos decreciendo, los malentendidos crecen: lo diferente es negado y lo universal puesto en duda. Así, debemos esforzarnos en situar nuestra acción evitando dos escollos principales: el flujo monótono que merma cada día más nuestra representación de lo real, la nivelación de los gustos y las miradas, y sus opuestos, el repliegue identificativo y el encierro en sus valores.
El papel de la Unesco sobre este respecto se denomina respeto de la diversidad - cultural, se entiende-, en el sentido en que la cultura es la que hace el ser de las sociedades,y de aquello que le da color, el diálogo, diálogo entre pueblos, entre las culturas de este mundo. Éste es nuestro imperativo categórico, el credo que inspira el plan de acción, así como las iniciativas concretas elaboradas de acuerdo con la resolución de Naciones Unidas bajo el programa para el diálogo entre las civilizaciones. Es sobre esta base que se funda nuestra contribución a la reciente iniciativa de la secretaría general de las Naciones Unidas de la Alianza de las Civilizaciones. Ante este desafío debemos actuar rápido y fuerte. Actuar sobre el frente político y diplomático por la paz. Por el diálogo de las sociedades y las culturas. Estos dos modos de acción, el político y el cultural, el tratamiento de las crisis y el diálogo de las culturas, deben ser conducidos en paralelo. Esto es a lo que la Unesco trata de consagrarse infatigablemente.
KOICHIRO MATSUURA, director general de la Unesco.

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