La principal carretera de la República Democrática de Congo, ex Congo belga, la nacional uno que une la capital, Kinshasa, con el puerto de Matadi, la han construido los chinos. La gente la llama la route des chinois."Los chinos son los únicos que construyen ferrocarriles, edificios públicos y estadios deportivos en África", dice Jacques Tshiamala, ejecutivo congoleño de una empresa europea y residente en Pekín. Una frase que explica por sí sola la importancia de la cumbre que reúne a mandatarios de China y de 48 países africanos en Pekín.

"Construyen a mitad de precio que cualquier otro, pero se traen hasta el cemento", precisa Tshiamala.

Según este ejecutivo, la actual relación de China con África tiene bastantes méritos y buenas intenciones, pero, al mismo tiempo, "no está creando mecanismos económicos robustos, de los que el país receptor pueda aprovecharse para su desarrollo". "Es más tráfico y extracción que economía seria", dice.

Tshiamala llegó a China procedente de lo que entonces era el Zaire de Mobutu, hace 22 años, en 1984, con una beca de estudios. En los ochenta se concedían unas 20 becas anuales para cada uno de los países africanos. En los noventa, China miró a Occidente y el flujo de estudiantes africanos cayó. Actualmente, hay unos 15.000 estudiantes africanos formándose en China, y sólo llegan unos dos mil cada año, para ocupar los puestos de los que regresan. Las becas se han hecho raras, pero hay planes para incrementarlas. "China era un país que había ayudado a África y a sus movimientos de liberación nacional a lo largo de los años cincuenta y sesenta, en una época en la que ella misma atravesaba enormes dificultades y carencias", afirma Jacques Tshiamala. En las universidades chinas de los ochenta, los africanos estaban mejor dotados que sus compañeros chinos. "Ellos tenían dormitorios para seis, y nosotros individuales y acceso a la moneda certificada semiconvertible", explica. Los chinos de entonces eran también mucho más cerrados y, por ejemplo, no les cabía en la cabeza que los africanos salieran con chicas chinas. En ese contexto, hubo algunos roces y peleas, incluso tumultos como los que en 1988 llevaron al cierre temporal de la Universidad de Nanking y a la estampida general de estudiantes africanos hacia Shanghai y otras ciudades, recuerda el ejecutivo congoleño. "Entonces las diferencias entre África y China, que hoy son enormes, eran mucho menores, pero los chinos tendían a vernos como gente mucho más atrasada. Luego llegó la década de los noventa, que en África fue desastrosa y en China época de prosperidad", recuerda Tshiamala.

Para quien conozca Kinshasa, la capital de la RD Congo, con seis millones de sus casi ocho millones de habitantes viviendo en barrios de chabolas, completo desempleo y una corrupción e inseguridad ciudadana de niveles extraordinarios, las ciudades chinas son ejemplares y China es un país bien gobernado. "En África la corrupción empieza en los despachos de los presidentes, está aceptada y no tiene consecuencias, mientras que aquí ruedan cabezas", dice Tshiamala.

El doctor Wang, un médico chino que vivió cinco años en Senegal en los años ochenta, opina que los chinos son especialmente racistas con los africanos. "Las familias de las dos mujeres chinas que conocí casadas con senegaleses habían roto con ellas por ello", dice. Al mismo tiempo, Wang explica que para los africanos lo que importa es la familia y la propia casa, mientras que el Estado y la nación son abstracciones. "Así que, con tal de ayudar a su familia y construir su casa, no importa destruir el país", dice.

Tshiamala se muestra parcialmente de acuerdo con esta afirmación, y apunta otra virtud de la actual proyección china en África: "Han inundado nuestro mercado de productos baratos, en primer lugar textil y calzado deportivo, pero también medicinas y otras cosas". El ejecutivo congoleño recuerda haber visto a la venta en Kinshasa una camiseta china más barata que en el barrio pekinés de San Li Tun. "Gracias a los productos chinos, muchos niños africanos tienen mochilas, cuadernos o lápices; muchas amas de casa han estrenado sus primeros electrodomésticos, y los hombres, medios de transporte como bicicletas, motos o automóviles", explica Tshiamala

Los comerciantes chinos han sido los únicos que se han metido en países devastados por guerras, conflictos y tremendas situaciones sociales, que habían sido completamente abandonados por sus homólogos occidentales. Pero, según él, el problema es que "todo lo hacen ellos, apenas dejan lugar para intermediarios locales, por lo que el beneficio comercial para el país es muy reducido".

Recién iniciada, la nueva presencia económica china en África ya está siendo denostada y definida poco menos que como "neocolonial y depredadora", acusación que enfurece a los chinos, que la consideran injusta. El petróleo africano ya representa un tercio de la importación china de crudo, pero ni eso da el cuadro completo de la situación, ni China es la nueva potencia dominante en el continente. "El 80% de las zonas donde se ha verificado la existencia de petróleo en África están en manos de empresas occidentales", recuerda el diario Shiji Jingji Baodao.