Susto o muerte después de Halloween, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia
En el 2003, ERC tenía la única llave para hacer gobierno y los demás no podían hacer otra cosa que aguardar. Hoy, en cambio, el PSC tiene dos llaves y ERC sólo una y algo torcida. Los socialistas, sobre el papel, pueden escoger entre repetir el tripartito o probar un acuerdo con CiU al estilo alemán, la llamada sociovergencia. La hipótesis de una alianza entre CiU y ERC es lo menos esperable de este panorama, de ahí que los republicanos tengan hoy menos margen que los socialistas.
El PSC deberá escoger entre susto o muerte, lo cual es bastante adecuado teniendo en cuenta que el nuevo panorama emergió ayer, en el día de Difuntos. Montilla debe mirar a través de la calabaza vacía de Halloween y decidir entre dos pánicos. Si apuesta por el tripartito, aplaza la grave crisis interna en el PSC y blinda su liderazgo diezmado con la dignidad presidencial, pero se expone a quedar atrapado, tarde o temprano, en la pinza que creará la tensión Zapatero-Carod. Si apuesta por un pacto con CiU, Montilla pone la alfombra para la estabilidad y la continuidad del PSOE en la Moncloa pero se inmola en el altar donde antes acabaron Reventós y Obiols, además de precipitar su defenestración al frente del PSC a manos de Castells (convertido en conseller primer de Mas) o de otros dispuestos a coger el timón. Susto o muerte.
Lo que se pretendía como gran efecto Montilla no ha funcionado y se ha convertido en un campo de minas. La tarea de forjar gobierno ha devenido ahora un test a corazón abierto sobre la identidad y autonomía del PSC, viejo fantasma que recorre estos predios desde 1978 y que me recuerda los diagnósticos del desaparecido Jaume Lorés. De ahí que, a pesar de los pesares, un nuevo tripartito - como señalan en ambientes republicanos- se convierta irónicamente en la bandera de una política catalana insumisa al dictado de Madrid, obviando cínicamente que fue Zapatero (que entonces sólo era jefe de la oposición) el que obligó al president Maragall a destituir a Carod. Y obviando que ERC debe su gran auge del 2003-2004 a haber reducido su discurso a la confrontación con el PP, "españolizando" su estrategia, por usar sus términos. De ahí que los mismos que dijeron no al nuevo Estatut se ofrezcan hoy para certificar el catalanismo de Montilla si éste, finalmente, no escucha los cantos que emite Ferraz y hace lo que nunca hicieron sus predecesores.
