Quieren que nos peleemos, de Eugeni Madueño en La Vanguardia
En 1981, dos años después de las primeras elecciones locales de la democracia, la revista Grama,de Santa Coloma de Gramenet, llevó a la portada la noticia de que se había presentado el "manifiesto de los 2.300" en contra de la obligatoriedad de la enseñanza en catalán con este titular: "Catalanesandaluces: Quieren que nos peleemos". Luego se produjo el secuestro y el tiroteo en una pierna de uno de los principales firmantes, Federico Jiménez Losantos, profesor del instituto Puig Castellar, en una acción desgraciada llevada a cabo por un comando de Terra Lliure la mayoría de cuyos miembros hacen ahora política - afortunadamente- en ERC. La reacción de los ideólogos del manifiesto - profesores la mayoría, como Amando de Miguel; militantes de la federación socialista del PSOE, como Jesús Vicente, teniente de alcalde de Santa Coloma, o de la UGT, como Santiago Trancón- fue marcharse a Madrid, donde encontraron comprensión y un apoyo tal que hoy produce vértigo. En 1980 llegó Jordi Pujol, quien, entre sus políticas integradoras - "Es catalán quien vive y trabaja en Catalunya y quiere serlo"- y sus cualidades de estadista en momentos de marcha atrás - "Tranquil, Jordi, tranquil"- logró mantener una convivencia que, 25 años después, resurge con otras formas pero a mi modo de ver con idénticos contenidos y parecidos protagonistas. La aparición de tres diputados del Partit de la Ciutadania, con 89.500 votos en toda Catalunya - la mayoría recogidos del electorado socialista concentrado en las grandes ciudades de la metrópoli, y de manera muy significativa en la ciudad de Barcelona, donde ha recogido votos por igual en los distritos burgueses que en los populares- es, en mi opinión, el hecho más significativo de estas elecciones. Tiempo habrá de lamentarnos, cuando, confrontados cara a cara con sus antípodas republicanos y con la Brunete mediática dándoles titulares, desmonten todos nuestros esquemas y prácticas de convivencia.
Por lo demás, constatemos que tanto en las principales ciudades de la metrópoli como en la ciudad central todos los partidos han perdido votos - singularmente el PSC-, mientras que los grandes ganadores son, por este orden, la abstención - 39,39%, 6 puntos más que en el 2003-, Iniciativa per Catalunya - con 15.400 votos más- y el dignísimo voto en blanco, que duplica su inútil presencia.
