Mujeres que corren a todos, de Sandra Russo en Página 12
Hace ya algunos años, el libro de la norteamericana Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con lobos, causó un furor pocas veces visto entre el público lector femenino con alguna, aunque fuera mínima, conciencia de género. Fue uno de esos sucesos editoriales que surgen cuando un libro habla de algo que está en el aire y todavía no fue dicho. Mujeres... invistió y habilitó para millones de lectoras de todo el mundo la faceta guerrera femenina no como una contradicción, sino como un complemento de la feminidad profunda. Puede decirse, se me ocurre ahora, que Mujeres... fue un libro que incorporó cierta tendencia fálica como propia e inherente al género.
Su éxito dice entre otras cosas que eso estaba sucediendo en la realidad y que no estaba todavía conceptualizado. Hace algunos años, se usaba la palabra “fálica” como una acusación.
Las mujeres que corrían con lobos no eran, sin embargo, mujeres corridas de lugar, sino ubicadas en el centro de un instinto. A las mujeres nos han sido culturalmente confiscadas la ferocidad, la ira, la capacidad de ataque, el deseo de revancha. Todo eso ha ido a parar al equipaje que trae consigo la mala mujer. Más allá del libro, en el cotidiano promedio, empezó a haber un nuevo consenso implícito sobre lo femenino: no somos naturalmente buenas, ni dóciles.
Ese movimiento de sentido trajo nuevas conductas femeninas, como tomar la iniciativa. Muchas mujeres de todas las edades viven señalando con el dedo o gritando lo que quieren. No lo ocultan, como las geishas ocultaban la cara atrás del abanico. Esa es otra faceta con incipiente público admirador. Las mujeres empezaron a correr a los hombres. Correrlos para conocerlos, correrlos para tener una cita, correrlos para tener sexo, correrlos para tener la llave de la casa, y así sucesivamente, hasta que al hombre en cuestión le agarra el inevitable ataque de fobia masiva, y hace su retirada a la cueva.
Toda la tarea del cortejo, la seducción, el timing y hasta la provisión de cerveza, parece haber quedado en manos femeninas, que también se ocupan de sus juguetes eróticos en imágenes porno soft que se multiplican.
El péndulo de las tendencias parece haber completado un ciclo más. Hoy en el aire, a diferencia de hace unos años, no hay necesidad de que a una mujer le subrayen que es fuerte. Lo que hay es cansancio, bastante cansancio, y ganas de encontrar a un hombre en el que descansar.
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Joan Sales dijo
Bueno, ya empezaba a ser hora, por lo que parecía todas esas cualidades se nos achacaban tan sólo a los hombres y además en sentido negativo. Pero... a ver, ¿no se suponía que debíamos dejar a un lado todo eso de la competitividad, la territorialidad, el deseo de revancha, etc. y explorar nuestro
"lado femenino"? Si el objetivo es marear a los hombres hasta que no sepamos ni donde tenemos la nariz lo acabaran consiguiendo. Pero en fin, bienvenida sea esa supuesta nueva actitud, que lo de ser hombre-hombre, metrosexual, multicultural, compañero, amigo, amante y a la vez explorar mi lado femenino me tiene francamente agotado. Espero con verdadero interés el día en que las mujeres nos "arrebaten" la iniciativa en tantas y tantas situaciones. A muchos hombres nos la trae al pairo dejar a un lado el papel que nos han impuesto tradicionalmente. Lástima que por lo general, las declaraciones de ese tipo se acostumbran a quedar en eso, en declaraciones y luego muchas "liberadas de salón" te miran mal si no les cedes el asiento en el metro o no corres a pagar la cuenta en el restaurante.
22 Noviembre 2006 | 05:30 AM