Gente nuestra, de Javier García Cellino en La Nueva España
Han transcurrido ya unos cuantos días desde que el profesor Kölher presentó su estudio sobre la juventud de las Cuencas, y esperamos que alguien comience a pensar en el tipo de medidas que se pueden adoptar para sacar a nuestros jóvenes de esa pasividad que existe (las radiografías nunca mienten), guste más o menos a unos y a otros.
Cierto es que yo no creo en los milagros ni en los ungüentos mágicos que a los pocos instantes curan la herida, pero sí hay cosas que se pueden hacer, y, entre ellas, me parece que la más urgente es la de enarbolar la ética por bandera.
Si yo fuera joven y contemplara el elevado porcentaje de nepotismo que funciona a diario en nuestra Administración, me lo pensaría dos veces antes de intentar ninguna aventura laboral. No todos tienen en el momento oportuno ese carné político o sindical que opera como el más avezado taumaturgo a la hora de abrir las puertas del empleo, ni algunos, afortunadamente, están dispuestos a proveerse de él, pues valoran más su dignidad que la sumisión a un juego de llaves.
Dejando, de momento, a un lado este serio problema, hay que decir que en este paisaje de sombras relucen, de cuando en cuando, fulgores que iluminan ese largo camino por recorrer. Y quizá porque el ensayo sea el género más propicio para el necesario debate que debemos acometer, si queremos que el futuro no sea sólo un lago de tinieblas, hay quienes llevan tiempo empeñados en mostrarnos que el buen diálogo -«preguntad primero y escuchad después»- puede conducir a una armonización que llegue incluso hasta el nivel planetario.
Convencido de que la amistad es el más perfecto de los sentimientos, y de que el amor o la misericordia son disposiciones morales que alimentan el fuego humano, un profesor langreano, de Enseñanza Secundaria, José Pablo Noriega, licenciado en Filosofía y Letras y que ejerce la docencia en el Centro de Adultos de Sotrondio, lleva años trabajando en solitario para que sus libros -son ya nueve los que ha publicado en internet: www.arbil.org- sean no sólo un ensayo sobre filosofía y humanismo, sino también una forma de entender el mundo y, por tanto, una clave que desvele algunas de las incertidumbres en las que nos movemos.
Extramuros de la vida política, lo que no significa que quien en su momento formó parte de los movimientos antifranquistas de la cuenca no sepa ahora distinguir entre la moral pública y la impudicia cortesana, José Pablo vela sus horas con una dedicación infatigable al ensayo, un género que si bien no goza de tanto fervor como otras materias, sí puede presumir, en cambio, de ser el único en el que se dan cita las demás (filosofía, arte, o historia, por poner algún ejemplo, encuentran allí su aposento).
Un ensayo sobre Educación y la tesis doctoral sobre Marx y Engels forman parte de sus próximos objetivos que, a buen seguro, no serán los últimos, vista la extraordinaria fertilidad demostrada durante estos años («Comunicación no verbal», «Democracia consecuente» o «Razón y realidad» son algunos de los títulos de sus ensayos).
Se necesitan, sin duda, personas así a nuestro lado. Con ellas se puede estar de acuerdo en la longitud del camino o disentir en algunas de las piedras que lo amojonan, pero, en todo caso, el debate está asegurado, lo que no es poco.
Gente nuestra, en definitiva.
