España parece últimamente el país de los escándalos. Afinsa, Fórum, Arte y Naturaleza. Miles de ahorradores pillados tras unos registros que hundieron literalmente las empresas y que ahora vagan por los juzgados intentando una salida a sus inversiones. Una pesadilla.
Un mal sueño también el que sufrieron ayer por la mañana algunos de los más ricos de este país. Muchos de ellos no están en el top, pero tienen su dinero en las gestoras de algunas de las entidades que fueron registradas por los hombres de Harrelson-Garzón.
No es una buena noticia que la Fiscalía Anticorrupción investigue en el banco donde tienes tu dinero. Lo primero que te pasa por la mente es un escalofrío porque, el que más y el que menos, realiza alguna transacción rozando la línea de la legalidad. Lo normal es que en una mayoría de casos la legalidad mande, pero, como hemos podido ver, el juez ha bloqueado cuentas por importe que algunos cifran en 2.000 millones de euros, pero que podrían sumar cantidades mucho mayores. Blanqueo de capitales y evasión, en principio.
Los trabajadores de las sedes de Madrid y Barcelona de Banco Espirito Santo y la del Campo de las Naciones de BNP no daban crédito a lo que veían. Algunos eran desalojados de su puesto de trabajo mientras que los funcionarios hacían copias de los discos duros de algunos ordenadores o directamente los confiscaban en busca de información.
Qué se le puede decir a un cliente cuando llama y pregunta qué pasa con su cuenta. Si está siendo investigada, si ha sido bloqueada. Y la respuesta es “no sabemos”. Qué han pensado los millonarios que han llamado al banco de sus amores y no han podido darles más argumentos que un “por ahora no sabemos”. El juez Garzón lleva el caso, junto con la Fiscalía Anticorrupción.
Por mucho que los bancos hayan justificado que el registro no van con ellos, que se debe a presuntas actuaciones de sus clientes, es difícil convencer al que está al otro lado del hilo telefónico y había dejado sus ahorros, sus inversiones, su pensión y la de su familia en manos de gestores que ahora no saben qué decir. Son momentos de auténtica zozobra, hasta que sus carteras quedan limpias de toda mácula. No va con ustedes.
Este tipo de registros, que seguro tienen justificación según la judicatura, tienen un efecto explosivo sobre la reputación de los bancos en un negocio basado por encima de todo en la confianza. Este concepto tan sensible se quiebra con una llamada de teléfono, con una noticia oída o leída en diagonal en cualquier emisora de radio o periódico.
Garzón ha estado tirando del hilo de cuando en el año 2000 inició una investigación sobre aquellos escritos hechos por un experto en Hacienda que llegó a secretario de Estado dedicados a las fórmulas para driblar al fisco. Es normal que al otro lado del muro los expertos hagan manuales para las grandes fortunas que quieren evadir, que suelen ser pocas, pero que a algunos bancos especializados pueden aportarles suculentos negocios.
Que sólo haya 86 riquísimos que declaren a Hacienda más de 30 millones, no es creíble. Tampoco que un país en el que la economía sumergida supone una cifra similar al 25% del PIB, la agencia tributaria sólo pille a unos cuantos, por lo general asalariados. Está visto que detrás de la banca en general, cuya solvencia es incuestionable, hay también individuos que se saltan las normas.
Veremos hasta qué punto Banco Espiríto Santo, BNP, Cahispa, que tiene un 24% de la sociedad de valores Gaesco, y Cartera Meridional, holding del que cuelgan Montebalito y Asturiana del Zinc (a lo lejos resuena la venta de terrenos en Murcia) tienen que responder ante la justicia por asuntos relacionados con algunos de sus clientes.
Vaya por delante la presunción de inocencia pero, lo dicho, este tipo de registros públicos suponen algo más que una muesca en la reputación empresarial y la confianza de los clientes. Lo que parece cierto es que, en casos como éste, los ricos también pasan miedo.

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