Hay una variable cuyo comportamiento no ha sido el previsto en el mundo, nos referimos a la inflación. La tensión de la subida de precios del petróleo y del resto de materias primas, debería haber provocado una inflación muchísimo mas importante de la realmente experimentada, según la doctrina económica tradicional. De hecho en los años 70 del pasado siglo, una subida del crudo de proporciones similares –probablemente relativamente mayor– condujo a una inflación de dos dígitos en los principales países del mundo, y un estancamiento de la producción al mismo tiempo, la llamada stagflación.
Hace unos años el petróleo se pagaba a 15 dólares el barril, y en el verano de este año llegó a cotizarse a 70 dólares. El valor del consumo diario de 85 millones de barriles, ha pasado de 1.260 millones de dólares a 5.860 durante este verano. En un año el coste del crudo habría pasado de 465.000 millones a 2.146.000 millones o lo que es lo mismo desde poco menos de medio billón de dólares a algo más de dos billones. El volumen parece muy grande, pero el PIB mundial es de más de 40 billones de dólares, y el impacto de algo más de dos billones en varios años, habría sido asumíble en ausencia de otras tensiones inflacionistas. Más difícil de entender, es que también se haya asumido el crecimiento de precios del resto de materias primas, que al menos habrían alcanzado, al mismo tiempo, el doble de valor global.
Productividad
La explicación es sin duda que en los países en vías de desarrollo la productividad ha crecido más que los costes, y que en los países desarrollados el impacto ha sido absorbido por los costes salariales en estancamiento o descenso, por efecto de la competencia en el mercado salarial que supone la inmigración. El otro factor de contención de los precios, ha sido la competencia en los bienes industriales, por los producidos en los países en vías de desarrollo.
En estas condiciones los países desarrollados tomados en su conjunto, han tenido que endeudarse para mantener un cierto crecimiento a través del consumo e inversiones inmobiliarias de las familias, que han provocado o bien aumentos en los déficit exteriores de dichos países o una disminución drástica de sus superávit.
Sean cuales sean los motivos, el hecho es que la inflación no esta presionando a los tipos de interés que siguen estando por debajo del crecimiento del PIB en moneda corriente, en todos los países. Es decir por debajo del crecimiento de la renta media. Los bajos tipos de interés provocan aumentos de precios en los bienes de inversión, tanto inmobiliarios como de las acciones de las empresas. En España no pueden estar más claras estas influencias, tanto en un sector inmobiliario desbocado, como en una actividad bursátil en la que las OPAs se suceden cada día.
Una demanda provocada por el endeudamiento, como es el caso, no puede ser un motor indefinido de crecimiento. Hay que recordar que el PIB se mide por la demanda, como un medio de estimar la oferta, es decir los bienes y servicios que se producen en un país, que es el verdadero indicador del desarrollo. En general, si no hay incremento de la productividad el crecimiento sostenible es bastante menor del que esta teniendo lugar.
Si el caso de España es paradigmático, la mejoría del crecimiento de la Unión Europea en este año tiene las mismas características, se esta logrando a base de empeorar sustancialmente las cuentas exteriores, y sin mejoras importantes de la productividad tampoco será sostenible a largo plazo. Hay que pensar que la dimensión de toda la UE, haría más difícil la obtención de la financiación necesaria.
Por tanto, aunque la evolución de la inflación parece no exigirlo, la subida de los tipos de interés en Europa, y por tanto en España, parece imprescindible si se quieren eliminar desequilibrios que pueden producir grandes problemas en el futuro. El crecimiento económico tiene que tener bases más sólidas, que una demanda provocada por un tipo de interés que esta fomentando “exuberancias irracionales” tanto en el sector inmobiliario como en los mercados de valores.
En algún momento puede ser útil “cebar la bomba” con tipos de interés anormalmente bajos, pero su mantenimiento hace que la solución sea peor que el problema del bajo crecimiento. Si el Banco Central Europeo (BCE) quiere evitar una depresión como las que se originaban en el Stop and Go deberá continuar con el intento de aumento de los tipos durante bastantes meses aún.
Las presiones de los países y un deseo generalizado de mejora del crecimiento por parte de las autoridades comunitarias, no debe hacer temblar el pulso de los gestores del BCE. EL crecimiento debe asentarse sobre bases sólidas, y nada puede evitar las reformas estructurales que necesitan la UE, y por supuesto España. Diferirlas en el tiempo, no hará sino dificultarlas.

Escribe un comentario