EL MIRADOR
Nunca he estado en Nicaragua, ni en la sandinista ni en la socialista. Pero he leído mucho sobre ambas. La Nicaragua de aquí es probablemente la única sede de partido político catalán conocida por el nombre de su calle, en la tradición madrileña de Ferraz y Génova. ¿Cuántos de los cambios que hemos vivido en los últimos tiempos no podrían ser descritos con la etiqueta "made in Nicaragua"? O más bien, "fet a Nicaragua", por aquello del catalanismo izquierdista del "Fets, no paraules". Esta noche extraña, los socialistas son los únicos que esperan los resultados en casa. Las otras cuatro fuerzas parlamentarias han reservado un hotel y listos. Pero el PSC no. Nicaragua tira.
Llego por la calle Berlín a las ocho y media, cuando ya hace media hora que los sondeos escupen resultados muy difíciles de valorar desde el punto de vista nicaragüense. Oigo por las radios las primeras valoraciones de Iceta, que se dedica a felicitar al compañero Saura, en plan pelotas fuera. Otros portavoces piden prudencia y todas las infografías dan vida a Ciutadans. El edificio del PSC tiene un aspecto gris, por más que lo iluminen los focos de todas las cadenas.
El ascensor nicaragüense es inquietante. Enorme y sin techo, como queriendo indicar algo que se me escapa. Aun así, cargo en el montacargas con compañeros de antiguas batallas televisivas y desemboco en una sala de las que los anuncios de pisos antes denominaban diáfanas y ahora lofts. Saludo a Martxelo Otamendi, de Egun Karia. Parece que hoy no va a tener problemas para ejercer su trabajo de informador, como le sucedió en uno de los últimos actos socialistas. "Hoy me han dejado entrar - me suelta-, a ver si me dejan salir". Se nota que él sí viaja en metro. El ambiente no parece especialmente tenso. En un cuchitril de la cuarta planta empapelado de carteles electorales incluso sirven fantas y cerveza Cruzcampo. Nadie se muestra demasiado preocupado.
Los marcadores se actualizan en las pantallas del 3/ 24 como en un partido de la NBA. Minuto y resultado. Hay algunos cambios, aunque CiU siempre va por delante y la nueva Ciu de Ciutadans saca la patita por detrás en el país del 3%. En un momento dado el margen entre CiU y PSC se acorta hasta el mínimo. Un espejismo. Cuando el alcalde Hereu aparece por Nicaragua con aires de comparecencia le contraprograma Duran Lleida por pantalla interpuesta. El marcador ya vuelve a ir 47-38 y sólo queda el tercer cuarto, porque nos acercamos al 80% del voto escrutado. En la sala predominan los rectángulos azules de las acreditaciones de prensa. La militancia parece poco motivada y los dirigentes socialistas no dan señales de vida. Me los imagino sentados alrededor de una mesa, a la espera de resultados definitivos, con un catálogo de frases optimistas para lanzar al ruedo de la opinión pública. Está claro que no van a ganar, ni en votos ni en escaños. En otras sedes hay vítores y aplausos, pero aquí en Nicaragua sólo se oye ese rumor de fondo que suelen captar los micrófonos de "sonido ambiente". Blablablás y poco más.
Llega el Govern en peso, pero como si nada. Pasqual Maragall es el único que sonríe. Se sitúan a la espera del protagonista. La cosa se anima con la llegada de Montilla. Aplausos y gritos de ánimo a esa gran marca de lácteos que es President. El discutido candidato se muestra tranquilo. Nada que ver con el desconocido Rijkaard del martes tras el gol de Drogba. Arropado por las principales figuras del partido, su discurso es un elogio del pacto. Ganar ganar, no dice que hayan ganado, pero se le ve convencido de poder pescar en el río revuelto que entre todos nos hemos procurado.
De hecho, esta noche conjugar el verbo ganar puede ser una nadería si en las próximas semanas los acuerdos con otras fuerzas no llegan a buen puerto. Pero veo a Montilla más cómodo enfundándose el impermeable amarillo de Pescanova entre mares de mesas de despacho de lo que ha estado pescando votos por ahí. Aplausos y adiós muy buenas. Ante un enorme eslógan de "Fets, no paraules" junto a una imagen del candidato en dos dimensiones recuerdo un poema titulado Las palabras que Alfonso Costafreda dedicó al gran Valente. Sólo me sé los dos últimos versos, pero los busco en la red y helo aquí: "Piedras preciosas para el sentido, / diamantes de realidad. / Si van en sueños pierden su brillo, / su luminosa verdad. / Palabras vivas, nadie las toque / que no las sepa cuidar". Que ustedes lo pacten bien.

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