Zapatero y Carod tienen la llave del futuro gobierno

Montilla, el charnego cordobés podría presidir la Generalitat

Las elecciones catalanas las ha ganado CiU pero las puede gestionar Montilla que en realidad ha sido el perdedor en unos duros comicios donde la Ezquerra retrocede pero mantiene la llave de la gobernabilidad con CiU o PSC, y en la que las novedades de la jornada fueron la irrupción en la política catalana de un nuevo partido, Ciutadans de Catalunya, y el ascenso de ICV.

El triunfador, sin duda pero sin un vuelco espectacular, ha sido Artur Mas que se alzó con 48 escaños, triunfando en todas las provincias y en la ciudad de Barcelona, pero su victoria por mas que lo subraye él poniendo por testigo al pueblo catalán, no le asegura ni mucho menos que vaya a gobernar. Ni siquiera ante el hecho destacado de que esta vez CiU aventaja al PSC en 11 escaños, mientras que en el 2003 solo le sacaba 2. Mas pide su derecho a gobernar y habla de la necesidad de un “gobierno fuerte” en alusión a la gran coalición con el PSC, al tiempo que su principal adversario, Montilla, habla de un gobierno “catalanista y progresista” en alusión al tripartito. Mientras que el inefable Carod presume que Ezquerra estará en el próximo gobierno, con quien sea, negando de antemano la también posible gran coalición CiU-PSC.

En el día de los difuntos José Montilla es el muerto, el gran derrotado en las elecciones autonómicas catalanas pero, paradójicamente, puede convertirse en el triunfador final si consigue reeditar, en compañía de ERC y de ICV, el gobierno tripartido que lideró en la pasada legislatura Pascual Maragall. Montilla, charnego, cordobés y hombre de máxima confianza de Zapatero, perdió cinco escaños como líder del PSC pero a pesar de ello y de su derrota ante Artur Mas, que le aventaja en 11 escaños, Montilla puede convertirse en el próximo presidente de la Generalitat superando con el PSC, ERC e ICV los 68 escaños necesarios para gobernar.

O puede que no si cualquiera de las dos llaves que abren la puerta del palacio de San Jaime, la de ERC o la que guarda Zapatero en la Moncloa, deciden que el presidente de la Generalitat sea el líder de CiU, un Artur Mas. Al que Zapatero le debe el pacto de la reforma del Estatuto y que también podría negociar con ERC un gobierno nacionalista para el desarrollo maximalista del nuevo reglamento estatutario de Cataluña, haciendo frente a las presiones externas o las rectificaciones que sin duda le llegarán desde el Tribunal Constitucional.

Las llaves de la gobernabilidad de Cataluña las tienen, pues, Zapatero en Madrid y Carod en Barcelona. Y a nadie se le oculta que a Zapatero, en las dificultades actuales por las que atraviesa su gobierno en España con la negociación con ETA patas arriba y tensiones por doquier en el ámbito autonómico y de la inmigración, lo que mejor le vendría sería la gran coalición CiU-PSC. Aunque en la Moncloa saben que eso es muy difícil porque supondría entregarle la presidencia a Mas y cortar la cabeza de Montilla como en su día, desde la Moncloa, se cortó la de Maragall. Y además abriría una crisis en el seno del PSC, donde los seguidores de Maragall ya afilan sus navajas y de donde muchos de sus electores han emigrado hacia la nueva formación parlamentaria de Ciutadans de Catalunya, la sorpresa de los comicios y la mejor noticia que podría llegar para quienes en Cataluña están preocupados por la democracia y la libertad.

Zapatero tiene una llave del Gobierno catalán pero no le puede echar todas las culpas a la débil candidatura de Montilla, porque el cordobés ha sido un invento suyo —que ya fracaso en el gobierno nacional— y porque la crisis del PSC la cocinó el propio Zapatero en la Moncloa motivo por el cual de los cinco escaños que los socialistas han perdido en estos comicios tres son por la culpa de Zapatero y dos por la de Montilla.

La segunda llave del poder catalán la tiene ERC. La vuelve a tener Carod que también ha perdido dos escaños y cuyo liderazgo ha quedado bastante tocado, aunque en la pasada noche electoral ha asegurado que la Ezquerra estará en el próximo gobierno catalán, lo que da a entender que podría pactar tanto con CiU como con el PSC, de igual manera que da por imposible la gran coalición de CiU y PSC. Carod se dejará querer y pondrá un alto precio al pacto con sus aliados —posiblemente su regreso al cargo de conseller en cap—, si es que en su partido se lo consienten.

Hay una tercera llave, casi invisible, que es la del mundo financiero y empresarial de Cataluña, posiblemente favorable a la gran coalición CiU-PSC y temeroso de aventuras como la del pasado tripartido y no digamos la de un gobierno nacionalista de CiU-ERC.

Y al fondo de todas las cábalas aparecen los triunfadores de la noche, ICV que se llevó el voto razonable y descontento de la izquierda, y Ciutadáns, el nuevo partido nacido hace solo cuatro meses que ha recogido, a igual que la abstención, el descontento de muchos votantes con la clase política catalana y en especial y de los españolistas de PP y PSC. La pena es que los promotores de Ciutadans, Carreras, Boadella, Espada, Tubau y otros, no se hubieran atrevido a encabezar las listas porque el resultado habría sido mayor y su actuación en el Parlament mas notoria. Pero los que tuvieron valor para empujar esta nueva formación, no quisieron correr el riesgo de perder aunque bastante han hecho y además lo hicieron contra viento y marea, marginados en Cataluña por los medios de comunicación.

En cuanto al PP nada nuevo. Piqué está contento porque no se hundió y seguirá en el cargo, pero su partido perdió un escañó y ha fracasado a la hora de oponerse al nuevo Estatuto con un discurso que no fue seguido por una mayoría importante de votantes. Mas bien al contrario y con el riesgo, por el ascenso de ICV y de Ciutadans, de pasar a ser, en vez de cuarta, la quinta fuerza de Cataluña. Piqué ha jugado a la ambigüedad, ni muy duro ni muy blando, pero el ruido que hacían sus colegas de Madrid le impidió esa dualidad o indecisión que al final le ha costado un diputado.

Como a Mas su victoria le puede costar la presidencia de la Generalitat porque hizo su campaña contra el tripartido de Maragall y lo cierto es que esa coalición solo perdió, en su conjunto, cuatro escaños pero le sobra bastantes para gobernar con tranquilidad. Una palabra esta última, tranquilidad, que hace falta en la sociedad española y catalana y que ya veremos si se consigue en Cataluña con la formación del nuevo gobierno que seguro que será más difícil de lo esperado. Un gobierno que, aprobado el estatuto, deberá poner todos sus esfuerzos en gobernar en vez de enfrentar a sus ciudadanos como ocurrió en la pasada legislatura con el Estatuto, pero eso que es lo deseable va a ser difícil que ocurra porque los actores de la nueva temporada son los mismos de la anterior, y si se repite lo del gobierno tripartito, pues con mas razón.