Las elecciones catalanas reflejan una sociedad que se aleja de la política, la abstención es el porcentaje que más crece, nacionalista y de izquierda. Y la entrada de Ciudadanos por Cataluña expresa la contestación frente a lo políticamente correcto de una clase política mediocre que tapa sus vergüenzas del tres por ciento y ha tejido una espesa tela de araña de intereses económicos, familiares y corporativos. El PP navega, una vez más, entre la indiferencia y la desorientación, sin encontrar un discurso propio que le abra espacios políticos. Al final no es sino el refugio de los desplazados a Cataluña por razones de trabajo que aspiran a volver a sus lugares de origen, sin influencia en la vida social, económica y cultural de Cataluña.
Los resultados reiteran la teoría de los magmas de votantes que mueven sus posiciones con una lentitud milimétrica y que trasvasan votos con una coherencia aplastante. ERC desplaza votos hacia CiU, el PSC a IU y a CiU y el PP a Ciudadanos. Los grandes saltos electorales solo ase producen cuando concurre una gran convulsión, sea la corrupción o el 11-M.
En el resultado electoral no ha tenido repercusión el Estatuto aprobado que, aunque ha entrado en vigor, no ha tenido una aplicación práctica. Quizás se percibe un cierto escepticismo expectante ante los políticos y su voluntad de cambio real de las políticas desarrolladas hasta ahora, pero ni ha habido un fervor nacionalista indescriptible ni una reacción constitucionalista, muy a pesar del Partido Popular y de los esfuerzos de la COPE y El Mundo.
Zapatero sale del envite con algún rasguño, Montilla era y es un mal candidato, pero conserva una distancia estratosférica, adjetivo muy “rajoyniano”, con el PP. Ademas, mantiene abierta una estrategia nacional de dos puertas con el apoyo nacionalista de CiU o de la izquierda progresista de IU y ERC. Por mucho que sea la mayor bajada en escaños, los destinatarios de los votos perdidos están en la categoría de asimilables a una futura mayoría.
Rajoy pierde su quinta cita electoral y se instala en la “paralís”que diría un castizo El proyecto no anda ,ni para adelante ni para atrás, y conviene repasar las matemáticas de los diputados al Congreso por Comunidades para comprobar que o se mejora en Cataluña y Andalucía o no hay manera de obtener una mayoría de gobierno. La estrategia del “no a todo” y esperar a que Zapatero se salga en la siguiente curva, a lo mejor produce alguna satisfacción pero sin duda no consigue resultados electorales. El cambio de estrategia se impone en el debate territorial y el pacto en el Estatuto andaluz impulsado por Arenas es una prueba de inteligencia política. Los que esperan un revolcón del Tribunal Constitucional al Estatuto catalán van a llevarse una desagradable sorpresa, porque el núcleo básico del texto está blindado. Rectificar en política está en todos los manuales y en los libros de Historia. El PP necesita abrir un canal de comunicación con los Convergentes y para ello no hay otro camino que retirar el recurso de inconstitucionalidad y emplear la artillería jurídica en la defensa de derechos de ciudadanos concretos ,con nombre y apellidos, que seguro van a padecer el clima asfixiante de una clase política cerrada y endogámica.
Después de quince días de cortejo a los ciudadanos y de una mal disimulada humildad de los políticos, que han dejado el protagonismo a los electores, la vuelta a la normalidad, es decir a la crema catalana, al pasteleo y a cuidar al hermano. Y los Ciudadanos por Cataluña con la sana intención de vigilar la escudella. A ver si resisten el menú del Parlament, aunque sea en pelotas.

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