LAS elecciones catalanas son el primer gran test de la era Zapatero, ya afecta a un territorio con siete millones de habitantes y porque la política española siempre ha estado influida por la Generalitat. Cataluña ha sido clave en la gobernación española en las legislaturas en que el PSOE o el PP no obtuvieron mayoría absoluta, dando respaldo a Felipe González, Aznar y Zapatero. A todas esas consideraciones hay que añadir que en el presente mandato Cataluña ha sido el territorio líder a la hora de establecer las pautas del federalismo asimétrico, sacando de la chistera la fórmula identitaria de la ‘realidad nacional’ y estableciendo el diseño del mapa energético nacional, aunque esta última iniciativa se ha frustrado por culpa de los alemanes.

Los socialistas han renovado al cabeza de cartel, pese a ser presidente de la Generalitat. Zapatero ha cambiado a Maragall por Montilla, aunque no es seguro que al presidente del Gobierno no le interese una victoria de Artur Mas. No se trata de complejidades de la política catalana, sino de la personal, discutible y barroca estrategia de Zapatero, que es el presidente de la democracia que tiene un discurso más vacuo, pero una estrategia más compleja. En cualquier caso, una victoria de Montilla, bien por la vía de las urnas o por el recurso de las alianzas, constituiría una inyección de moral para los socialistas y un triunfo personal de Zapatero, que podría comparecer ante el Comité Federal con su mejor sonrisa. Además, la jugada de cambiar a un presidente por un ministro fascina al grupo de Zapatero (De la Vega, Rubalcaba, Blanco), así que si sale bien tendrá réplicas.

Desde una perspectiva asturiana, el otro partido que se juega mucho en el envite catalán es el PP. Vaya por delante que considero a Josep Piqué la mejor cabeza de la política catalana, el más viajado, el que más sabe del mundo de la empresa, y el más razonable, lo que no es poco en una tierra conocida por sensata pero que ha demostrado que tiene la clase política más disparatada. El problema de Piqué es que tiene a todo el mundo en contra, y que le ha salido una candidatura competidora: Ciudadanos de Cataluña. En cuanto a los socios de IU, merecen renovar los escaños porque fueron los más razonables del tripartito.