Se discutió ayer en el Congreso un informe de la subcomisión de Conciliación de la vida laboral y familiar con un paquete de medidas para regular los horarios de trabajo. Se trata, en definitiva, de plantear la necesidad de la distribución del tiempo personal como una cuestión política que ha de ser resuelta por ley, porque queda fuera de la esfera de autonomía de los individuos, y especialmente de la capacidad de la negociación de cada pareja, adecuar la maldición bíblica de ganarse el pan con el sudor de la frente con la necesaria atención a los que dentro del núcleo familiar son dependientes. Y no solo porque, como defendió la tercera ola del feminismo, lo personal es político, sino porque si confiamos en que los hombres irán asumiendo como propias las tareas de cuidado hasta converger con las mujeres en los tiempos dedicados a las mismas, podríamos esperar algo más que los cuatro siglos que la ONU ha vaticinado como el plazo necesario para la igualdad económica entre los géneros. Las estadísticas nos ofrecen algunos datos esperanzadores, especialmente relativos a lo que ha venido llamándose ejercicio de la paternidad responsable; pero la vida cotidiana nos muestra que, curiosamente (o no, según se mire), la extensión de la jornada laboral más allá de todo criterio razonable impidiendo la convivencia familiar, la atención a los menores y el cuidado de los mayores; no constituye un punto de desencuentro entre los llamados interlocutores sociales. Alargar el tiempo de trabajo hasta aquellas horas en que la vuelta al hogar se produce sin necesidad de compartir casi ninguna de las tareas domésticas esenciales es, me temo, una excusa que a muchos hombres, para que vamos a engañarnos, les viene muy bien. Así que no existen motivos para llevar el tema a la agenda de las reivindicaciones sindicales. Pero como dice el refrán, en todas partes cuecen habas. Así que no estaría de más que nuestros políticos (y digo bien en masculino) empezasen a dar ejemplo. Ayer se cerró la campaña electoral en Cataluña y todos los candidatos (también digo bien en masculino) decidieron prolongar su campaña dejándose ver en el partido Barcelona-Chelsea. Porque también el ocio lo aprovechan para trabajar enviando con ello al electorado un mensaje contradictorio que poco ayuda a convencernos de que el compromiso de nuestros dirigentes con las necesidades de la ciudadanía sea real.

Rosario Hevia. Magistrada.