En las elecciones autonómicas de hoy en Cataluña, una de las cosas que se decide es cuánto nacionalismo y cuánto “españolismo” ha de haber en la política catalana. Hay dos partidos abiertamente nacionalistas, CiU y Esquerra Republicana; los demás combinan, tanto en sus dirigentes como en sus militantes y votantes, diferentes dosis de los dos componentes.

Pero, se llame o no nacionalista el partido gobernante, la tónica general de las últimas décadas en la política catalana es el escaso protagonismo político de los charnegos, de los castellano parlantes o simplemente de quienes no son nacionalistas.

Hasta el punto de que el todavía President Maragall comparó la posibilidad de que Montilla, un catalán nacido en Córdoba, sea elegido para ese puesto con la remotísima de que el único senador negro de los Estados Unidos, Barak Obama, llegue a disputar y ganar la presidencia de su país.

Esta situación es contestada por algunos intelectuales antinacionalistas; y esta vez han dado el salto y concurren a las elecciones con la plataforma “Ciutadans de Cartalunya”. Pero donde de verdad se decide ese enfrentamiento, más o menos sutil, es dentro de los partidos tradicionales. Antes de llegar a la campaña electoral, han elegido sus candidatos teniendo en cuenta su grado de españolismo y catalanismo.

Montilla apela al electorado españolista

El caso más claro lo tenemos entre los socialistas. Un Maragall que sigue siendo el líder político más valorado en Cataluña, ha tenido que entregar el puesto de candidato al ticket Montilla-Zapatero. Montilla apela al sector más españolista del electorado, ese que apenas se moviliza en las elecciones autonómicas pero vota PSOE en las nacionales.

Por ahora, Zapatero, que tiene indudable tirón electoral en Cataluña, le ha ganado la partida a Maragall. Ahora falta contar los votos, y después las posibles alianzas.

Pero, gane o pierda su duelo con Artur Mas, al optar por Montilla los socialistas han desactivado el peligro de que la plataforma antinacionalista les reste un número importante de votos. Es muy difícil presentarse como españolista agraviado en Cataluña teniendo enfrente a Montilla y Zapatero, en lugar de Maragall y Carod.

El dilema también se da dentro del Partido Popular. La moderación y el catalanismo de Josep Piqué son fustigados desde dentro de su partido por el eurodiputado Alex, o Alejo, Vidal Cuadras, cuyos planteamientos coinciden con Ciutadans. En este caso, el apoyo de Rajoy no es tan importante por su tirón electoral, sino por la protección que suponen frente a la despiadada crítica interna. Y Piqué, por ahora, resiste, que no es poco en su situación. (No creo que sea precisamente el PP el que necesite más españolismo).

En las encuestas el mayor número de ciudadanos de Cataluña dicen sentirse “tan catalán como español” (42% según el CIS). Hay muy diversos grados entre quienes se sienten más de una cosa o de otra, pero son muy pocos quienes se sienten solo españoles o solo catalanes. Tenerlo en cuenta sin estridencias es un paso previo para ocuparse de los problemas cotidianos de los ciudadanos.