EL ESPECTADOR

La que hoy acaba es una de las campañas electorales más extrañas que ha vivido Catalunya en los últimos tiempos. Se ha acusado de exhibicionismo a los diarios por desvelar desde el modelo de reloj que usa el candidato a su plato favorito, pasando por las entrevistas a sus consortes. Quizá nada de eso servirá para discernir qué opción política es la más adecuada, pero nos ayudará a conocer a las personas que están detrás de unas frías siglas. ¿Acaso no se atribuyeron a la personalidad de Maragall algunos de los avatares del tripartito? Al fin y al cabo, nadie ha invadido la intimidad de los candidatos y los periódicos no han dejado por ello de explicar sus propuestas. Es lógico que, además de informar, los diarios busquen entretener, lo que en política es casi un acto de misericordia hacia los lectores.

Pero lo más curioso de la campaña han sido los modos y maneras empleados para convencer a los ciudadanos. Conscientes de que una imagen vale más que mil palabras, CiU reprodujo en un DVD lo que pensaba del tripartito. A estas alturas de la sociedad de la información es de esperar que los electores sepan discernir un vídeo propagandístico de un Telenotícies,por lo que el DVD, pese al escándalo que se organizó, no deja de ser un anuncio sofisticado y, la verdad, pelín largo. Mucho más breve fue el vídeo dedicado a Montilla bajo la apariencia de aquel spot de Nocilla que mezclaba leche, cacao, avellanas y azúcar. Inofensivo y sólo apto para nostálgicos. Salva al improvisado creativo el acierto de dirigirse a un amplio mercado: los cuarentones nacidos del baby boom.

Más rarezas de la campaña. Joan Laporta, todo un presidente del Barça, se deja embaucar primero por CiU y luego por el PSC, que le estiran cada uno de una manga, mientras el resto de candidatos se lo mira como si no fuera con ellos, pero muertos de envidia. O recuerden la escena de Artur Mas acariciando el embarazo de Maria de la Pau Janer ante la parroquia. O el gesto inédito del líder de la UGT, José María Álvarez, que se destapó ungiendo a Montilla como "uno de los nuestros". Menos mal que a Saura no le dio por pedir un desayuno de desagravio a CC. OO.

No me digan que no ha sido peculiar la campaña. Zapatero entrevistado por Justo Molinero. Estos comicios se celebran antes de un ciclo electoral en España, con municipales y legislativas en pocos meses, lo que las convierte en un test. De paso que echa una mano a Montilla para que no se diga, Zapatero va allanando su terreno.

Pero ¿saben qué es lo más raro de esta campaña? Que apenas se ha hablado de competencias ni de reclamaciones a Madrid. La cantinela del autogobierno ha quedado en sordina, sustituida por el debate sobre el origen de Montilla. Tras el empacho estatutario, los políticos han debido percibir que una dosis más de nacionalismo, sea catalán o español, podía hacer perder los nervios al sufrido votante.

Y si todo ello no les parece singular, llega el experimento definitivo: votamos en miércoles. ¡Qué paciencia!