La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

31 Octubre 2006

Los muros del mar, de Joan Barril en El Periódico

LOS DÍAS VENCIDOS

Los muros del mar

El ministro del Interior británico tiene un problema interior. Las cárceles se le han hecho pequeñas. La celda se convierte en palacio cuando el único lugar libre es el camastro. Y el camastro es un balneario cuando el incremento de la población reclusa reduce el espacio por preso a un mero cuadrado de baldosas.

El ministro del Interior británico ha ido hacia el pasado y está estudiando la construcción de barcos prisión. Como muestra de que la justicia inglesa aprieta pero no ahoga, esos barcos para almacenar presos contarán con sistemas de propulsión propios, lo que significa que no serán galeras movidas a remos por los reos. El barco entendido como prisión ya fue utilizado por los britá- nicos en las guerras navales dels siglo XVII con Francia. Los marineros cautivos se hacinaban en insalubres pontones varados en las arenas cenagosas del sur de Inglaterra. También en España hay tradición de barcos dedicados a la lamentable función de cárceles. El presidente Companys, que antes de presidente fue ministro de Marina, dio con sus huesos en el buque Uruguay, y no precisamente por haber sido el ministro de la navegación.

Ahora, con la iniciativa inglesa, los barcos-prisión van a aligerar las cárceles en tierra firme. Por lo visto, para no cargar el presupuesto de Justicia con un dispendio de fuel, esos barcos van a ser también barcos cautivos frente a las costas de Gales y de Inglaterra. Cabe imaginarse el momento en el que uno de esos navíos carcelarios se cruce con un trasatlántico proveniente del Caribe. O también el maltrato estomacal del que van a ser objeto los presos durante una galerna de olas arboladas. ¿Podrán pescar los reclusos desde la borda? ¿Sus indisciplinas serán castigadas con pasarles por la quilla? ¿Cómo va a atenderse el derecho a las relaciones vis-à-vis en esos buques fantasma? ¿Un supuesto motín a bordo va a ser sofocado con una andanada de torpedos en la línea de flotación? El barco evoca la libertad absoluta. ¿Por qué convertirlo en un instrumento de tortura?

El cuarto Fidel

Fidel ha regresado. Los buenos oficios de la nurse Chávez han puesto al revolucionario de nuevo en la palestra. La historia tal vez no le absolverá. Pero ha ganado una prórroga en su lucha por la vida. El Fidel que se autodefendió ante el tribunal fue el primero. El segundo Fidel fue el barbudo de verde olivo en Sierra Maestra. El tercer Fidel ha sido el de los discursos inacabables y de la exportación. El cuarto Fidel regresa de la clínica y luce un chándal deportivo. Entre el pijama del convaleciente y la guerrera del combatiente, el chándal es un uniforme de esperanza que no se corresponde con sus achaques. El chándal de Fidel puede ser un disfraz de eterna juventud o tal vez el atuendo con el que se entrena para su última carrera. El chándal, esa prenda holgada donde los perfiles se difuminan, las armas se ocultan y la vida de los cubanos parece estar más cerca de la meta en su carrera por la libertad.

Exactitud

En una discusión, alguien nos desautoriza el ejemplo con el que rebatimos sus teorías. Nos dice que se trata de la excepción que confirma la regla. Incapaz de reconocer su error, acude al tópico. Escaso rigor científico. Difícilmente se puede considerar una regla sólida aquella que contempla la posibilidad de una sola excepción.

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