Aprincipios de agosto y a punto de emprender sus vacaciones veraniegas - la crisis del aeropuerto de El Prat mediante-, los cinco futuros presidenciables del Govern revelaron a la prensa el título de al menos uno de los libros que pensaban meter en la maleta junto al bañador y la barretina made in Sabadell.
Dijo José Montilla que además de llevarse a la costa granadina Kuala Lumpur,una novela de su amigo el diplomático Carles Casajuana, leería el último superventas de Paul Auster, Brooklyn follies,título que también fue escogido por Joan Saura.
Artur Mas, por su parte, optó por Els assassins de Franco,del periodista Francesc-Marc Álvaro; mientras que Josep Piqué se inclinó por Entre dos palacios,obra del finado premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz.
Si en un principio Josep Lluís Carod-Rovira no quiso revelar la naturaleza de sus lecturas estivales, luego transcendió que, además de ocho títulos en cuatro idiomas, se enfrascaría en la relectura de varios poetas catalanes, entre ellos, J. V. Foix.
Puesto que no hay ninguna mujer entre los cinco candidatos, hecho de lo más normal en una nación de tradiciones milenarias, no nos debe sorprender que todos sean heterosexuales de formación católica, estén casados o vivan en pareja, o que sean padres de familias milagrosamente libres de cualquier mácula de pijería. Y para mayor alivio de los votantes, cada uno afirma ser una buena persona. En los tiempos que corren, aunque haga falta un notario para verificarlo, ¿qué más se puede pedir?
Los cinco son prácticamente de la misma quinta (Joan Saura tiene 56 años; Josep Lluís Carod-Rovira, 54; José Montilla, al igual que Josep Piqué, 51, y Artur Mas, 50) y todos lucharon siendo jóvenes en las filas de la izquierda contra la dictadura, menos Artur Mas, que no se enteró del valor de la empresa patriótica hasta 1982, de mano de Lluís Prenafeta. Probablemente por eso llevó a Menorca el libro de Álvaro. ¡Que tire la primera piedra el que no tenga lagunas!
El único piloto nuevo en la parrilla de esta loca carrera de bólidos políticos es José Montilla, un andaluz felizmente normalizado catalán, que sin embargo no ostenta ninguna licenciatura universitaria ni, ay, el nivel C de lengua catalana. Al adentrarse en la historia de los tejemanejes de la construcción de las Torres Petronas de Casajuana, no sería nada extraño que se acordase de casos similares producidos en nuestro propio patio trasero. La literatura catalana es así de esquiva; pronto lo sabrán en Frankfurt.
Josep Lluís Carod-Rovira, en cambio, hombre dado a gesticular con las mangas de la americana demasiado largas y dotado con una inusitada destreza a la hora de rasurarse ante las cámaras, es, no obstante, el único bigotudo del grupo. Ahora bien, si algún día decidiera prescindir de ese hirsuto apéndice guardiacivilesco, quizá se sorprendería - ¡nos sorprendería!- de lo mucho que se parece al coreano Kim Jong Il. Uno quisiera confiar en que hallase alguna dulzura espiritual en los amargos versos del pastelero de Sarrià.
Es de esperar que Josep Piqué, ex ministro de Asuntos Exteriores, disfrutara leyendo la novela de Mahfuz, ya que la vida cairota de principios del siglo XX se asemeja sobremanera a la de aquí en la misma época. Por desgracia, aún quedan algunos nostálgicos de aquellos tiempos, aunque es de suponer que el candidato del Partido Popular, viendo el ritmo de construcción de viviendas de segunda residencia en Urus, no se diera por aludido.
En cuanto a Joan Saura, de Brooklyn a Gràcia sólo mide un paso, el que nos brindan a diario los esforzados y nada originales guionistas de las series de TV3. Es más, las escaramuzas bíblicas a las que alude el flamante Príncipe de Asturias de las Letras Paul Auster siguen vigentes en el mundo actual. De modo que, con o sin el cuarto cinturón, lo importante es dejar un mundo habitable para las generaciones venideras.

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