"Muerto el Rey, ¡Viva el Rey!", de Juan Carlos Ruiz en Los Blogs de La Vanguardia
"Vamos a perder a un gran campeón y a un gran rival, pero igual va a ganar mucho el deporte. Michael es el piloto más antideportivo de la historia". Con estas frases se refería el bicampeón mundial, Fernando Alonso, al adiós de Schumacher del "gran circo" de la F-1, una vez terminado el circuito de Interlagos del Gran Premio de Brasil.
Y tiene mucha razón Alonso. Por que se va el piloto más laureado de este deporte y el que ostenta estadísticamente los récords más difíciles de alcanzar. El alemán se retira a sus 37 años con siete títulos a sus espaldas (1994, 1995, 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004); 91 victorias y 154 podios en 246 carreras; 1.369 puntos en 16 temporadas y 68 "pole positions"; entre otros registros, que lo catapultan como el deportista con mayor gloria y el más grande en materia de resultados.
En cuanto a la rivalidad, también estamos de acuerdo que con la marcha de "Schumi" se perderá el referente y el competidor más fuerte a batir, por los méritos y títulos propios, como también por el poderío que encarnaba el piloto al frente de una escudería que ha demostrado tener muy pocas fisuras.
Pero, así como se frustra la ilusión de sus seguidores en todo el mundo también es cierto que a partir de la próxima temporada el automovilismo de élite -que posee una tecnología de punta- gana en deportividad, porque para nadie es un secreto que Schumacher igualmente simboliza lo "antihigiénico" en una actividad donde se corre a más de 300 kilómetros por hora.
Basta con recordar algunas de sus maniobras antideportivas más polémicas para ratificar que en este tema también pasará a la historia, con más pena que gloria.
La otra cara del inigualable campeón alemán se resume en lo siguiente:
En 1994, en el Gran Premio de Australia, donde se jugaba el título con Damon Hill (de Williams), el alemán al frente de un bólido de la Benetton y bajo la tutela de Briatore, provocó una colisión a tal punto que los dos monoplazas abandonaron la carrera. Con esta jugada logró su primera corona en medio de un clima de total controversia.
En 1997 en el Gran Premio de Jerez en España, Schumi se disputaba el Mundial con Villeneuve, quien en un tramo del circuito atacaba al alemán. Schumacher, sintiéndose batido, dio un golpe de volante y se produjo un choque. "El Káiser" abandonó y Villeneuve, con un coche dañado, terminó tercero en la carrera y ganó el Mundial. El alemán es duramente sancionado con la pérdida de todos los puntos de la temporada y expulsado del mundial. Al final no figuró ni en el palmarés del año.
En el GP de Canadá de 1998, el alemán obligó con una brusca maniobra a su compatriota Heinz-Harald Frentzen a pasar por la hierba. Sólo de esta manera logró finalmente la victoria.
En Montmeló, en el GP de España de 2000, Schumi –por un "supuesto" problema de neumáticos- bloqueó a su hermano Ralf Schumacher sistemáticamente durante muchas vueltas. Al final Michael se vio superado y terminó quinto.
En el circuito de Nürburgring, GP de Europa del 2001, en la maniobra de salida Michael puso nuevamente el Ferrari en la trayectoria del monoplaza de su hermano Ralf para conseguir que no le pasase y pilotar hacia la victoria sin ninguna oposición.
En el GP de San Marino de 2004 -circuito de Imola- dio un violento y extraño golpe de volante cuando Juan Pablo Montoya se puso a su altura y trató de avanzarlo. El piloto colombiano se vio obligado a ir por la hierba para evitar la colisión. Schumacher ganó y después dijo que no lo vio venir.
Y la más reciente, en el Gran Premio de Mónaco, en mayo de 2006, la FIA anuló los tiempos de calificación del alemán y lo mandó al último puesto de la parrilla como castigo por detener deliberadamente el Ferrari en la última vuelta y frenar a Alonso que le disputaba la "pole positions". Esto lo hizo para preservar su mejor crono. Una jugada malintencionada y peligrosa con la que el "Káiser" había boicoteado al asturiano el primer lugar de la salida.
Por todo esto es que doy la razón a Alonso y no solamente al piloto asturiano, sino a sus demás compañeros de la F-1, quienes una vez escucharon el anuncio del adiós de Schumacher respiraron tranquilos. Con el alemán se va un mito tan adorado por sus fans como detestado por sus rivales. Una leyenda viviente que en sus 16 temporadas en la F-1 nunca tuvo carisma, ni caballerosidad.
Es por ello que haciendo un parangón entre el ciclo que termina con Schumacher y el que comienza con Alonso, traigo a propósito la frase que se escuchó incontables veces en la historia de las monarquías, para identificar la finalización de un periodo gubernativo de un soberano y el comienzo de otro: "Muerto el Rey, ¡Viva el Rey!"
