ELECCIONES LEGISLATIVAS ESTADOS UNIDOS
Si me permiten la irreverencia, las elecciones que se celebrarán el próximo día 7 en Estados Unidos son al menos tan importantes - siendo generosos- para todos nosotros como las votaciones a las que estamos personalmente convocados el miércoles que viene para elegir a los 135 miembros del Parlament de Catalunya. En realidad, mal que nos pese, cuestiones como la guerra y la paz, el precio del petróleo, las emisiones de gases a la atmósfera o la investigación en células madre dependen más del votante de Oshkosh, Wisconsin, que del de Matadepera.
Como se ha repetido hasta la saciedad, George W. Bush y el Partido Republicano se enfrentan a unas elecciones muy complicadas, que podrían devolver el control de la Cámara de Representantes y del Senado al Partido Demócrata, después de doce años en la oposición. (Gracias a la defección de un senador republicano, los demócratas mandaron en la Cámara Alta de junio del 2001 a enero del 2003).
Como muestra del nerviosismo de la Casa Blanca, valga un botón. Bush apoyó la pasada semana un proyecto de ley para levantar un muro en la frontera con México que es un verdadero brindis al sol. Para galvanizar a sus bases más reaccionarias, el presidente corre el riesgo de perder el voto hispano, que tan solícitamente había cultivado a lo largo de toda su carrera política, no ya en las próximas elecciones, sino a lo largo de una generación. Medidas consideradas antihispanas adoptadas por el penúltimo gobernador de California hace más de una década situaron firmemente a ese estado en el bando demócrata en todas las elecciones importantes, con la única excepción de las disputadas por Arnold Schwarzenegger.
¿Qué puede suceder de aquí a ocho días? Los escenarios más probables son los que figuran a continuación.
El primero es que, gracias al mayor éxito de la movilización del voto republicano, planificada por ese genio que atiende al nombre de Karl Rove, el partido del presidente conserve la mayoría en las dos cámaras del Congreso, aunque fuera por los pelos. Las consecuencia más probable sería una división del Partido Demócrata, al que sus dudas y vacilaciones respecto a la guerra de Iraq seguirían desgarrando, como ya pasó con el conflicto de Vietnam.
El segundo es que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes por la mínima, pero no el Senado, quedando ambas cámaras con una composición muy parecida, prácticamente paritaria. Parece una receta para la inacción, especialmente cuando a Bush sólo le quedan dos años, pero quizás también para el pacto; si los demócratas sacrificaran a Nancy Pelosi, tenida por muy izquierdista, y no la presentaran para el cargo de speaker por ejemplo, Arlen Specter- para sustituir al actual, Bill Frist, que deja el Senado. Esa conciliación en la colina del Capitolio de Washington DC es muy propia del sistema político estadounidense y contribuiría a reducir la enorme polarización actual.
El tercer escenario, el más querido en Catalunya, es que barran los demócratas, se queden con ambas cámaras y humillen al presidente Bush. ¿Atractivo?, sin duda, pero no sé si muy conveniente para el liderazgo estadounidense; serían dos años de vacío de poder.

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