El FBI entra de vez en cuando en Estados Unidos en cualquier gran centro de Wall Mart -los mayores grandes almacenes del mundo- y detiene a varios centenares de extranjeros, sin papeles, ilegales trabajando para la empresa. Multa al canto y hasta la próxima.

Se imaginan que por ejemplo, un buen despliegue policial entrara por norte y sur en las obras de la M-30 y se pusiera a pedir papeles a los trabajadores y contratos a las empresas. Quién sabe si ocurriría lo mismo que con los Wall-Mart o algo peor. Pero verdad que en España una idea así es un sueño.

Viene esto a cuento de una historia que hemos leído recientemente en un periódico nacional que serviría por su crudeza para un guión de cine. Un obrero muerto en las obras de la M-30 que no es reclamado por ninguna empresa, por ninguna de las numerosas subcontratas que laboran en la faraónica obra que le va a dar enormes réditos electorales a Gallardón y se supone que algo más de paz al sufrido conductor madrileño.

Cómo es posible que nadie se haga cargo del finado extranjero, sin papeles. Es una muestra de lo que ocurre en el boyantísimo sector constructor, donde el descontrol de las contrataciones es sólo un signo de los tiempos empresariales españoles, con un ministerio de Trabajo y una inspección desbordados por los cuatro costados. El desbordamiento no es eximente, sino todo lo contrario.

El tirón de la economía, el crecimiento del empleo y el espectacular avance del sector constructor, de la obra publica y las infraestructuras españolas, han dejado obsoleto el departamento ministerial que, simplemente, observa la selva de un sector en la que no se atreve ni siquiera a entrar, como la policía en algunos barrios de Sevilla o de Madrid, o de Barcelona.

Hay que refundar el ministerio de Trabajo y sobre todo la inspección de trabajo para que sirvan de algo.

Si hicieran lo propio -media docena de inspecciones- en los mares de plástico de Almería demostrarían que existe una lucha auténtica contra el desmadre en la contratación, amén de una pugna abierta para acabar con la economía sumergida. No parece que las cosas vayan por ese camino, en el caso de la Agencia Tributaria tampoco.

Del mismo modo resulta increíble que el Gobierno haya puesto en marcha una reforma con sindicatos y patronal para incentivar el empleo indefinido y a la primera EPA de turno crece la temporalidad hasta el 34,6%, con lo que seguimos en esta rúbrica cosechando éxitos respecto a Europa. Duplicamos la tasa.

Tampoco cabe el optimismo en el mercado laboral cuando observamos que la mujer mantiene una tasa de desempleo de algo más del 11%, no sólo casi el doble que los hombres, sino superior al poco más del 10% de paro de los extranjeros. El análisis del ingente grupo de los mileuristas jóvenes nos llevaría a descomponer un panorama que en cifras globales es aparentemente muy bueno por que estamos en tasas de paro del 8,1%, realmente magníficas, pero que si acudimos al detalle resulta descorazonador.

Estamos acabando con el desempleo, pero se está instalando en la empresa española el empleo precario, temporal y sobre todo joven e inmigrante.

Escasos salarios, derechos mínimos y mucha dedicación con un futuro repleto de nubes y una vivienda inaccesible, por un lado, mientras que por otro las grandes empresas descapitalizan una buena parte de su valor añadido con esas ingentes regulaciones de empleo en las que todo aquel que tenga más de 50 años es un elementos a aparcar. Y es imposible que todos los que salen de bancos, cajas, grandes multinacionales españoles acaben de consultores porque no hay para tanto.

Luego están esos otros datos que son más difíciles de digerir cuando uno se enfrenta a la realidad cotidiana, al día a día. 390.000 familias con todos los miembros en paro. Y si analizamos las pensiones, pues apaga y vámonos.

Empresarios, Gobierno y sindicatos deberían echarle una miradita a la EPA por dentro que como dice el INE es una muestra que se hace en 6.500 hogares y aporta información de hasta 180.000 personas. No hay “encuestas” de semejante cobertura que aporten tantos datos.

Mientras que la economía aguante al alza, creciendo más que Europa no pasará nada, pero en el momento en que flaquee y el endeudamiento familiar empiece a molestar más de lo esperado, no podremos andarnos con paños calientes y esperanzas de cambio.

Es ahora -con una economía pujante- cuando resultan necesarias las reformas que deben propiciar los sindicatos y los compromisos de cambio de los empresarios, más allá de la flexibilidad, per se. Con el trabajo de calidad la sociedad civil avanza auténticamente, el resto son números, estadísticas que se quiebran en el momento en que la ralentización dobla la esquina.