Los bancos alimentan la propensión al riesgo: ¿Quién se quedará sin silla cuando pare la música?, de S. McCoy en El Confidencial
"El negocio del crédito se encuentra en la situación más peligrosa de su Historia". Titular de un artículo de análisis firmado por John Plender, cronista habitual del medio, en el Financial Times del pasado 13 de octubre. Artículo denso que comienza con una proposición interesante para luego perderse en disquisiciones menos claras y directas que las iniciales. En cualquier caso, una buena pieza sobre la que merece la pena reflexionar.
Tesis Central: los nuevos instrumentos financieros han permitido a las entidades financieras prestamistas modificar su estructura de activo, -esto es: de su cartera de préstamos y créditos, pasivo para el común de los mortales-, y mediante la titulización o la cobertura a través de Credit Default Swaps o vehículos similares, reducir posiciones en balance, minimizar riesgos y favorecer la burbuja de liquidez a través de lo que los ingleses han bautizado como el moral hazard. Moral hazard significa, en román paladino, que, en la medida en que un riesgo se asegura de un modo u otro, bien directamente o mediante transferencia a un tercero, el primer titular de ese riesgo lo percibe como menor y, por tanto, su apetito por el mismo aumenta.
Dice Plender que si a eso añadimos que en los últimos años se ha producido una relajación de los estándares de concesión de créditos por parte de los intervinientes en el mercado y que las primas asociadas a los bonos corporativos se han reducido drásticamente, la conclusión es que los bancos alimentan, en lugar de restringir como lo habían hecho tradicionalmente, la propensión al riesgo del mercado. Y, de hecho, continúa señalando, cito literalmente: "en la medida en que estas superestructuras de crédito funcionen, el mercado confiará aún más en su funcionamiento futuro, pese a que dicha realidad no ha sido probada aún en momentos difíciles. Estamos viviendo una macro versión del juego de las sillas. Cuando la música pare, y financieramente siempre lo hace, ¿qué ocurrirá?".
Plender llega brillantemente a este punto crítico para perderse a partir de ahí en las posibles respuestas a esta pregunta. Sin embargo, esta meta volante a la que cada uno puede añadir su propio final no deja de ser, como señalaba al principio, un punto inexcusable de reflexión para el conjunto del sistema financiero. Cierto es que la globalización, el desarrollo de mecanismos avanzados de control, la escasa posición de equity en riesgo frente al total de cartera protegida o titulizada hacen que los riesgos de una crisis a nivel general sean menores que en otros tiempos. Pero que nadie lo olvide: el riesgo sistemático del mercado es uno y la suma de las posiciones tomadoras y cedentes de ese riesgo es ese uno. No hay vuelta de hoja. Puede que no nos vayamos a enfrentar a una crisis global como la del LTCM o la del sistema bancario inglés de los años 70 (los dos ejemplos citados por Plender) pero la complacencia va a dejar muchos muertos por el camino, especialmente ahora que al juego de las sillas se añaden más y más contendientes con hasta sofás de tres piezas. La innovación financiera tiene una parte oscura que, de momento, asoma con cuentagotas. Pero está ahí y acabará apareciendo, antes o después, con mayor fuerza. Buena semana a todos.
