El Gobierno pretende que el hipotético alza de votos en el FMI y el Banco Mundial aumente el peso en otras entidades multilaterales. El ratio de retorno al capital privado es aún deficitario respecto a las aportaciones financieras españolas.
Las empresas españolas han mostrado en la última década y media su músculo y proyección internacional. No sólo en América Latina, su ámbito inicial de operaciones, en los noventa, sino en EEUU y Europa, donde las firmas españolas han protagonizado la reciente oleada de fusiones y adquisiciones. Una expansión que ha situado la bolsa hispana en cotas históricas y como una de las más rentables del mundo.
Sin embargo, hay un mercado, el multilateral, en el que el sector privado nacional no acaba de lograr un peso acorde a su actual estatus de octavo inversor internacional, un peldaño similar al que ocupa la economía, cuyo tamaño le conducirá, en 2007, a ingresar en el selecto club del billón de euros.
El Gobierno español se ha propuesto paliar esta anomalía y fomentar la presencia de las compañías en un mercado que, cada año, moviliza un negocio nada desdeñable de 30.000 millones de dólares y que despliega, de forma paralela, otros 50.000 millones a modo de créditos multilaterales, procedentes tanto el Banco Mundial –la gran institución de ayuda al desarrollo–, como de las respectivas instituciones regionales. En esencia, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Centroamericano de Integración Económica, en América Latina; los bancos africano y asiático de desarrollo en sus áreas continentales y, en Europa, el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), así como dos entidades financieras, que actúan de prestamistas: el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y otro, de menor dimensión, del Consejo de Europa.
Pero, ¿cuál es la presencia financiera y la influencia de España en estas instituciones? Salvo excepciones, como la del BEI, donde la aportación española y la consiguiente asignación de voto se adecuó, con la última revisión de fondos de 2002, a su tamaño del PIB, el peso hispano es sensiblemente inferior al músculo de su economía, que ingresará al término de 2007 en el selecto club del billón de euros, según las estimaciones oficiales.
Y, en consecuencia, el diferencial de inversiones de este mercado al sector privado español –las cuotas de retorno de capital– resulta aún sustancial. En algunos casos, como en el Banco Mundial, “se sitúan claramente por debajo”, admite Ramón Guzmán, director general de Financiación Internacional del Ministerio de Economía hasta septiembre –puesto desde el que negoció la fase preliminar de la reforma del FMI–, y representante español ante el Fondo a partir de noviembre.
Guzmán, que lidiará en Washington con el trascendental reto gubernamental de elevar la participación en esta institución, en la que España comparte sillón en el Comité Ejecutivo con países latinoamericano y rota su presidencia con México y Venezuela, achaca parte de este déficit “al retraso con el que España se incorporó a ciertos organismos”.
Para Guzmán, el reequilibrio financiero y de voto español en el FMI, “tanto si se logra o no, dentro de dos años, al término de su reforma, la representación permanente de España en la silla del FMI”, es de “suma importancia”, dado que “significa automáticamente una correlación de fuerzas similar en el Banco Mundial”. En los cambios impulsados por Rodrigo Rato, su director gerente –los de mayor calado desde el nacimiento del sistema de Bretton Woods–, España aspira a elevar un 40%, desde el 1,41% actual, hasta un porcentaje superior al 2%, su cuota, en línea con la dimensión de su PIB que, según los cálculos del Fondo equivaldría al 2,25% de la economía global y, si se usan otras cifras, como las de Economist Intelligence Unit (EIU), llegaría al 2,56%.
El capital hispano en el Banco Mundial es del 1,78%, aún por debajo de la pretensión financiera para el futuro, y con un retorno inversor de sus programas asignado a firmas españolas del 1,5% de media entre 1998-2005. Pese a que en este último año, las consultoras y empresas hispanas se apropiaron el 2,2% de la inversión del Banco, sólo lograro 39 licitaciones por valor de 137,9 millones de dólares.
Tampoco en el BID, donde el capital financiero español es testimonial –1,90% del total–, el negocio resulta muy boyante. En 2005, la cuota de retorno apenas supuso el 0,44%, en sintonía con los años precedentes, con tan sólo 3 proyectos ganadores, y un montante algo superior a los 50 millones. En el asiático y el africano lss tasas no superan el 1%.
Isabel Riaño, que ha sustituido a Guzmán en Economía, describe este escenario de forma elocuente: “No es un juego, el multilateral, de suma cero”, ya que en los bancos regionales la mitad del capital que gestionan los bancos proceden de países de su continente.
“Todo ello –señala– explica la notable variación de las cuotas de retorno y del número de proyectos”, que disminuyen o repuntan en relación a las condiciones monetarias del mercado, y que, cada vez más, se reservan a países en desarrollo, una tasa que, en la órbita del Banco Mundial o el BID raya el 80%. Además, y de forma paralela, acceden a este negocio con más profusión los grandes mercados emergentes: China, India, México o Brasil.
Europa: el mejor campo de operaciones
Si hay un territorio en el que España mantiene un cierto equilibrio entre aportación financiera, capacidad de voto y relación con el tamaño de la economía es Europa. Aunque con una salvedad notable, el BERD, la única de las tres instituciones que se puede definir como banco de desarrollo. En esta entidad, la cuota de España representa el 3,40%, una cota relevante, por encima de la proporción de su PIB en relación al global, ya que en su accionariado también están las grandes potencias mundiales.
Aun así, las inversiones españolas en planes de infraestructuras y reformas de mercado en el Este continental, incluidos los países de la ex Unión Soviética fueron, entre 2003 y 2005, sólo el 0,3% de las licitaciones, lo que supuso un beneficio para consultoras y firmas hispanas de 775 millones de dólares. En cambio, en el BEI, la asignación española es del 9,8%, un punto por más que su aportación al PIB europeo, en proyectos emblemáticos como el AVE Madrid-Barcelona o el metro de Bilbao. En el banco del Consejo de Europa, que al igual que el BEI financia programas en países de la UE.
Enfoque de la táctica oficial hacia el exterior
La estrategia oficial para adquirir mayores dosis de inversión hispana en el mercado multilateral se cimenta en tres pilares, afirma Isabel Riaño, nueva directora general de Instituciones Internacionales del Ministerio de Economía. Un primer enfoque, de intensificación de la voz de España y de su capacidad de influencia en la agenda del desarrollo, “con un diálogo permanente, tanto oficial o entre bambalinas, con otros actores, como el que se mantiene, de forma fluida, con Francia o Reino Unido en materia energética”.
El objetivo es ganar apoyos de representantes permanentes y captar planes de inversión para firmas españolas. Otro segundo frente se dirige a potenciar el sector de obras y suministros, “en el que las compañías hispanas poseen ventajas competitivas y experiencia”, y desde el que se alcanzarían acuerdos para asignar al capital español proyectos de consultoría ganados en los bancos multilaterales. Y un tercer bloque, encaminado a elevar el número de profesionales españoles que trabajan en estas instituciones, todavía escaso, “especialmente en puestos directivos”.

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