EXTRAMUROS
Ya que vivimos en tiempos de memoria histórica y tantos ecos de la actualidad nos remiten a los bulliciosos años treinta, imaginemos por un momento que el señor Josep Sunyol hubiese sido el gran protagonista en la recta final de las elecciones de febrero de 1936, en las que Catalunya tuvo que tomar partido entre el Front d´Esquerres y el Front Català d´Ordre. Imaginemos que ambas coaliciones hubiesen competido arduamente por conseguir que sus líderes apareciesen fotografiados junto con el presidente del Futbol Club Barcelona en las siempre muy comentadas páginas de huecograbado de La Vanguardia.
Sunyol no habría dudado. En el supuesto de que esa foto se hubiese considerado determinante para el desenlace de los comicios republicanos, el presidente del Barça habría posado con la mejor de sus sonrisas junto con la peña del Front d´Esquerres en una granja de la calle Petritxol, puesto que él también era candidato de la coalición rojo-separatista.Sunyol se había estrenado como diputado de Esquerra Republicana en las elecciones de 1931, fue reelegido en 1933 y volvió a serlo en 1936, meses antes de ser fusilado por tropas franquistas en la sierra del Guadarrama.
El presidente del Barça en los años treinta era un político en activo. Las ucronías tienen estas cosas: no suelen salir redondas, puesto que el pasado, puñetero, siempre nos sorprende con sus matices. Cálmense, por tanto, quienes estos días han puesto el grito en el cielo por el protagonismo electoral de Joan Laporta, ya que la vecindad entre deporte y política ha conocido en nuestro país etapas mucho más intensas.
Siguiendo el hilo ucrónico, lo novedoso y significativo no es que el presidente del Barça sea un hombre con inquietudes - también las tuvo, por ejemplo, el señor Joan Gaspart, conocido simpatizante del Partido Popular-, sino el carácter agonístico de las fotos de Artur Mas y José Montilla (más la segunda que la primera) con un Laporta muy feliz de haberse conocido como árbitro de la política. Lo verdaderamente novedoso es la irrupción del presidente del Barça como nuevo césar del espacio público catalán, con la consiguiente consagración del Camp Nou como coliseo romano. ¡Vespasiano ha levantado el pulgar!
Con imperdonable retraso, uno cada vez entiende mejor el papel innovador de Silvio Berlusconi, tantas veces tachado de payaso. Él fue el primero en toda Europa en ver que la presidencia de un club de fútbol es un arma política e ideológica cargada de futuro. Italia, qué interesante laboratorio.

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