DINERO FRESCO
La campaña en Cataluña y ningún partido político menciona la corrupción, pese a que todos dicen conocer que ha existido y existe. No hay perspectivas de aire fresco una vez logrado el 'Estatut', mientras los empresarios catalanes confían expectantes en la victoria, directa o indirecta, de la 'sociovergencia' para hacer dinero sin nuevos sobresaltos.
Termina
En ese día insospechado saltó la sorpresa. José Luis Rodríguez Zapatero subió a la tribuna del Congreso de los Diputados y denunció, en un calentón, que el Partido Popular cobra comisiones a las empresas a las que adjudica contratos allá donde gobierna. Acto seguido, su secretario de Organización, José Blanco, dejó caer a los periodistas off the record, que sí, que se sabe que Luis Bárcenas, gerente del Partido Popular queda con empresarios en el hotel Orfila, cercano a la sede de la calle Génova, y cobra en metálico a cambio de que tal autonomía elija a tal firma adjudicataria.
Se armó un gran revuelo, y el presidente del PP, Mariano Rajoy, advirtió a Zapatero que o retiraba sus palabras o que no contara con su partido para reformar la Constitución y asegurar que la infanta Doña Leonor tiene preferencia en el trono. Zapatero, que quería además su apoyo para la solución al asunto de ETA, se disculpó y meses después Gobierno y PP llegaron a un acuerdo histórico de reforma constitucional y el principio de una entente de Estado.
Por supuesto, esta trifulca y apaño posterior no ha ocurrido en Madrid. Es más, sería inimaginable, porque las consecuencias serían devastadoras y o bien habría caído Zapatero o bien Rajoy. O ambos.
Sin embargo, eso mismo se produjo con Pasqual Maragall y Artur Mas como protagonistas. Ocurrió el 4 de marzo de 2005 en el Parlament con la famosa acusación del cobro por parte de Convergència i Unió (CiU) como comisión del 3% de las obras adjudicadas. Maragall se disculpó, pero el revuelo obligó a la Fiscalía a indagar. Incluso coincidió con que, una semana después, se produjo el fallecimiento desgraciado del tesorero de Convergència, Carles Torrent.
Pero ya no quedan vestigios de ese 3% que todos decían conocer. Los socialistas catalanes no han tirado de la manta. Nada de menear las comisiones, nada de hablar de la fortuna de la familia de Jordi Pujol. «Por responsabilidad», dicen. Y eso que, según admite un conseller del Tripartito, «cuando llegamos a la Generalitat, las empresas contratistas nos preguntaban que dónde había que poner el dinero tras el cambio de govern». «Nosotros les dijimos que en ningún sitio, que simplemente rebajaran el precio de las obras adjudicadas», asegura.
«La petición de comisiones existe en Cataluña, en los sitios en que gobiernan unos y otros. Esta es la realidad. Otra cosa es que las adjudicaciones son tranquilas y bastante repartidas», admite un relevante empresario catalán, que habla de este tema bajo condición de anonimato. Como todos.
En este pacto de silencio, nadie de CiU reprocha a los socialistas catalanes que tengan una ventaja competitiva al ahorrarse más de 7 millones de euros condonados por parte de la Caixa por aquella deuda impagada desde tiempo inmemorial. Tampoco hurga Mas en los municipios socialistas.
Ni siquiera incide en todo ello el número dos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Joan Puigcercós, que exigía «manos limpias» en las anteriores elecciones. Éste apenas ha mencionado la palabra corrupción en la campaña, no vaya a ser que su partido pueda gobernar con uno u otro en coalición. «Es que tenemos que rebajar nuestra imagen de radicalismo».
En esta campaña se cierne sobre Cataluña la mordaza de la sociovergencia, tal y como se denomina la entente entre socialistas y convergentes que puede perpetuar a ambos en el poder. Es la misma mordaza que reclamaba cuatro días después del calentón de Maragall, el hombre que encarna como nadie la sociovergencia, el antaño número dos de Jordi Pujol y ahora floreciente abogado Miquel Roca amigo de los socialistas. En un insólito artículo publicado aquel 8 de marzo de 2005 en La Vanguardia Roca, en vez de reclamar una investigación inmediata tituló: «Con silencio mejor». Y pidió a todas las partes «sacrificar la palabra en beneficio del silencio. Sobre todo cuando no se está seguro de controlar la palabra». Su llamamiento ha tenido éxito en Cataluña, que no acepta lecciones de Madrid en el caso.
Todo ante un triste deterioro en las relaciones entre Cataluña y el resto de España, que ha visto cómo la Generalitat más de izquierdas posible ha sido la que ha abierto el debate más insolidario de la financiación autonómica que se recuerda, convirtiendo las cuentas del Estado en un sudoku -palabra de Solbes- irresoluble. El tripartito ha convertido la legítima queja catalana de falta de infraestructuras en una andanada incomprensible para la España con menos renta.
Esta misma mañana puede verse sobre una farola en la misma Plaça de Espanya de Barcelona y frente a la antigua plaza de Toros, el cartel con la efigie del cordobés Pepe Montilla con su eslógan: «Nadie hará más por los catalanes».
Afortunadamente para la clase política, todo coincide con una buena situación económica en Cataluña, como subrayó Zapatero el pasado martes en su almuerzo con un millar de empresarios invitados por el PSC. A los presentes les gustaría un gobierno sociovergente o, al menos, un entendimiento a lo Cánovas y Sagasta entre ambos partidos que dé por fin estabilidad y se eviten boicots a los productos catalanes en el resto de España. El presidente de Fomento del Trabajo, Joan Rosell, ha pedido dar prioridad a la economía, una vez resuelto el Estatut. Eso y mucho seny catalán. «Los que tenemos seny no pasamos ya de cinco», bromeó en Madrid el pasado jueves, delante de Solbes, el director general de la Caixa, Isidro Fainé.
«Es muy difícil adivinar lo que va a pasar», coinciden los grandes prebostes del empresariado catalán. Estos culpan al PP de Aznar de gran parte de los males y toman nota de la mala valoración personal de Piqué en las encuestas. Pero critican que Mas pueda preferir a ERC que al PP. Aunque, lo que es la vida, ERC se ha moderado y ha apoyado tanto a Zapatero que quien preocupa casi más ahora al empresariado es la Izquierda Unida de Joan Saura, tras la actuación de su conseller de Medio Ambiente.
De momento, Zapatero se mostró ganador en privado con los empresarios. «Si gana Pepe bien, y si gana Mas, apoyo de CiU en Madrid garantizado hasta 2008». Y, Montilla, pese al increíble anuncio que le compara con la vitalista nocilla, lleva media campaña con antibióticos. Y eso que está arropado, como Mas, por un pesado silencio.
carlos.segovia@elmundo.es
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