Tiene razón Josep Piqué cuando asegura que si las recientes prohibiciones de manifestación dictadas en Catalunya las hubiera impulsado el PP, el escándalo sería mayúsculo y se tildaría a los populares de fascistas. Es la tramposa geometría moral de un sector dominante en Catalunya para el cual el progresismo oficial tiene siempre licencia para lo que le venga en gana. El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) ha desautorizado la celebración de tres manifestaciones por entender que podrían influir en el proceso electoral. De este modo, el TSJC da la razón a la Conselleria d´Interior de la Generalitat y a la Junta Electoral de Barcelona, celoso y sacrosanto organismo que vela por nuestra pureza mental y física, al estilo del beatífico Consell Audiovisual de Catalunya. El nivel de absurdo del caso queda patente cuando se comprueba que las juntas electorales de Tarragona y Girona no prohibieron, en cambio, que en estas demarcaciones tuvieran lugar otras manifestaciones estudiantiles. ¿Arbitrariedad u homenaje a los Hermanos Marx?
La consellera Tura prohíbe que se manifiesten en Barcelona estudiantes, SOS Racismo y agentes de los Mossos d´Esquadra y no pasa nada porque se trata de una política socialista, a la que se concede, de entrada, el beneficio de la duda. ¿Se imaginan, por ejemplo, la misma noticia protagonizada por la que fue delegada del Gobierno central, la popular Julia García-Valdecasas? A esa señora no le perdonaban ni una, todo lo que hacía era calificado de antidemocrático por los mismos que ahora callan. ¿Se imaginan, por ejemplo, la misma noticia generada por un conseller de Interior de CiU? Se hablaría de la derecha autoritaria, de juego sucio, de dimisiones. Es el sistema local de medir, que permite que el mismo que tilda hoy una propaganda de perversa y agresiva asuma como obra sublime otro vídeo partidista porque lo hacen sus correligionarios. ¿Acaso no recuerdan que la película Hay motivo - contra el gobierno de Aznar- se proyectó en Barcelona en algún centro oficial dependiente de los socialistas? Queda muy claro que se puede ser progre y, a la vez, poco demócrata.
Prohibir manifestaciones bajo la excusa de influir en el proceso electoral nos aproxima mucho más a la peculiar democracia estilo Putin que a la democracia homologada de otros países. Los cursis llaman a esto perder calidad democrática, así que hemos perdido algunos kilos. Ya puestos, no comprendo cómo la Junta Electoral de Barcelona y la consellera Tura no han prohibido también la vida misma (cine, fútbol, sexo, aperitivos y periódicos incluidos) durante dos semanas, ya que sin duda incide - un poco- en el proceso.

Escribe un comentario