LA TERRAZA
Salvo contadas excepciones, no suelo regresar a aquello que he escrito con anterioridad. Escribo mi terraza, la mando al diario, me la leo los domingos para comprobar que todo salió correcto (el pasado domingo el actor Iscle Soler se convirtió en Isidre Soler, por mi culpa o de mi vieja Olivetti), y luego me olvido. No rehúyo la polémica siempre que ésta pueda resultar beneficiosa para el lector, pero suelo descartar la polémica que venga de otro diario que no sea el mío, por la sencilla razón de que el lector, mi lector, la mayoría de las veces desconoce el escrito que hubiese podido provocar dicha polémica. No suelo, pues, regresar sobre mis anteriores terrazas,pero hoy voy a hacer una excepción con la que el pasado 1 de octubre publiqué con el título de Salvador.Y voy a hacerlo porque, según leo en el Avui (26 de octubre), aquella terraza viene calificada como artículo "polémico".
Escribí Salvador dos días después de haber visto la película del mismo nombre en el cine Bosque. Empecé diciéndoles que la película no me gustó. La veía muy confusa, no sabía exactamente qué era lo que me estaban vendiendo. "¿La historia de un chico que quiso ser libre, que no tenía miedo, que empuñó una pistola y al final le salió mal la jugada y fue condenado a muerte y ejecutado? ¿El retrato de un posible icono de la lucha antifranquista? ¿La historia del MIL, Movimiento Ibérico Libertario, aquel grupo, grupito (eran poco más de una docena), con un cierto aire anarquista que se mofaba de la lucha antifranquista sin pistolas y del nacionalismo, del catalán y del que fuese? ¿Una historia sentimental con horóscopo incluido? ¿Un drama familiar con un padre de derechas y una madre que aparece y desaparece como un fantasma? ¿Un alegato contra la pena de muerte?" Eso es lo que escribí entonces. No sabía exactamente lo que me estaban vendiendo, pero sabía que me estaban vendiendo algo y ese algo, fuese lo que fuese, no me gustó.
Hice algunos comentarios sobre el guión y determinadas escenas, elogié el trabajo de Daniel Brühl, que interpreta el personaje de Salvador, de Salvador Puig Antich, y acto seguido pasé a contarles lo que hice yo aquella noche del 1 de marzo de 1974, la noche anterior a la ejecución, por garrote vil, de Puig Antich en la cárcel Modelo de Barcelona. Por aquel entonces yo trabajaba de creativo en la agencia de publicidad Tiempo, en la calle Tuset, y en mi despacho trabajaba conmigo el periodista Enric Bastardes, que era uno de los responsables del API, una hoja clandestina de noticias. Poco antes de que saliésemos del trabajo, Enric me dijo que había llegado de Madrid el "enterado", que daba luz verde a la ejecución de Puig Antich. Eso debía ser entre las siete y media y las ocho, a la misma hora en que el juez instructor del caso Puig Antich, el teniente coronel Nemesio Álvarez, llamó por teléfono a Josep Oriol Arau, el abogado de Puig Antich, diciéndole "Esto está jodido. Estate en la cárcel a las ocho treinta".
Daba la puñetera casualidad de que aquel mismo día se presentaba en La Oca la revista Por
Favor,revista en la que yo colaboraría poco después, y en la que estaban metidos unos muy buenos amigos míos: Manolo Vázquez Montalbán, Jaume Perich, Juan Marsé, José Martí Gómez… Llamé a Perich y le conté lo del "enterado". ¿Qué pensáis hacer?, le dije. Y Jaume me dijo que aquello era una putada, pero que la presentación (un par de horas más tarde) no se podía desconvocar. No hice ningún comentario, tan sólo le dije que me excusase, que no me veía con ánimos de ir a la presentación. Y a eso de las diez y media me fui a la Modelo. Estuve en el bar Modelo hasta la una y media. Tenía curiosidad por ver qué pasaba allí. Y confiaba, inocente de mí, que acudiese un buen puñado de gente a manifestarse, si no a favor de Puig Antich, sí en contra de la pena de muerte. Una pena de muerte que era resultado de un juicio chapuza, de una venganza tras el asesinato de Carrero Blanco. No vino nadie.
También escribí en mi terraza del pasado 1 de octubre que, según me contaron, la fiesta del Por Favor fue un éxito y que Forges, expresamente llegado de Madrid, al ser preguntado por un colega sobre qué impresión le producía Barcelona respondió: "¡Cinco a cero!", en alusión a la victoria del Barça sobre el Real Madrid. Pues bien, ahora me encuentro con que Forges me trata de embustero en el Avui.Forges no niega lo del cinco a cero, pero afirma que no es verdad que yo informase a Perich del "enterado", "porque en ese caso habríamos salido a la calle", dice.
Perich lo sabía, como lo sabía Vázquez Montalbán (lo dije y lo escribí en vida de ambos y jamás me lo desmintieron), y muchos otros que acudieron a la fiesta. Una fiesta que hasta cierto punto comprendo que no se podía desconvocar, porque ya era muy tarde para ello. Pero podía haberse hecho lo siguiente: presentar la revista, es decir, hacer los parlamentos de rigor, tomarse las copitas de rigor, picar los canapés, o lo que fuese, de rigor y luego comunicar la noticia del "enterado" - por si alguien todavía no se había enterado-, y dar por concluida la fiesta. Según leo en el Avui,Josep Ilario, que era el capitalista de la revista, afirma que Manolo Vázquez Montalbán "comunicó el ´enterado´ cerca de la una de la madrugada". Francamente, me parece un poco tarde tratándose de una fiesta que debía haber empezado a las nueve, lo más tarde a las diez.
Forges dice que, de saber la noticia del "enterado", "habríamos salido a la calle". ¿Lo dice por él o por el resto de los invitados? Si lo dice por él, yo les puedo asegurar que no lo vi en la Modelo a la una y cuarto ni a la una y media (el tramo entre La Oca y la Modelo es relativamente corto). Pero si lo dice por el resto de los invitados, puedo asegurarles que muchos de ellos no habrían "salido a la calle". Una parte de ellos, porque se sentían impotentes, porque ya era demasiado tarde para reaccionar, y otra parte porque con anterioridad había decidido no hacer nada ni lo iban a hacer ahora que Puig Antich había entrado en capilla. El caso Puig Antich no les interesaba, así de sencillo. Su lucha iba por otros derroteros, su estilo era otro. No les culpo, no culpo a nadie, pero me molesta que Forges me llame embustero y convierta a un grupito de psuqueros (los mismos que me habían manifestado su desinterés por Puig Antich) en unos potenciales defensores del condenado, dispuestos a salir a la calle por un chico del MIL.
Antes de escribir mi terraza del 1 de octubre, Eugeni Madueño me pasó un ejemplar de la revista Arreu (el semanario del PSUC), con fecha 6 de marzo de 1977. En la portada figura la fotografía de Puig Antich con el siguiente título: "L´última nit de Puig Antich". Esa última noche es contada por el abogado Josep Oriol Arau (entrevistado por Xavier Vinader), por las hermanas de Puig Antich (entrevistadas por Bru Rovira), y comienza con un artículo de Ramon Barnils que se abre con la fiesta de Por Favor (a la que Barnils asistió: "un sopar fluix, per cert") y sigue con una semblanza de Puig Antich y de sus compañeros del MIL, a los que Barnils conocía bien. En ese artículo, espléndido, de Barnils, ya se dice bien claramente qué pensaban determinados grupos de la oposición al régimen sobre el caso Puig Antich y sobre el MIL en general. Coincide con lo que yo vi y escuché. Es una lástima que ahora que, a raíz de la película, se ha vuelto a hablar de Puig Antich se jalee tanto el libro de Escribano (Comte enrere),una fuente del guión de la película, y se hable tan poco de La torna de la torna (Empúries, 1985), el libro del colectivo Carlota Tolosa, integrado por un grupo de alumnos de Barnils, sobre el caso Puig Antich. Y es una lástima porque ese librito cuenta muchas cosas que la película olvida u oculta. Recuerdo que cuando leí el libro de Escribano le dije que notaba a faltar unas palabras de agradecimiento hacia la labor investigadora de Barnils y de sus alumnos, y más cuando Barnils se estaba muriendo o ya estaba muerto. Unos días más tarde, Escribano me reconoció el olvido y se disculpó.
Volviendo al número de Arreu,me pareció digno de elogio que la revista del PSUC ofreciese un trabajo tan bien hecho, tan interesante sobre Puig Antich… a los tres años de su brutal ejecución. Pero no todos debieron pensar entonces lo mismo que hoy pienso yo, porque, según me dijo Bru Rovira, el director titular del semanario, Xavier Caño (en realidad el director era Josep Ramoneda), que se hallaba de vacaciones cuando salió el numero en cuestión, al regresar y verlo con la foto de Puig Antich, se limitó a decir: "Ya me habéis colado un burguesito en la portada". Mal que le pese al colega Forges, muchos eran los que pensaban como Caño aquella noche del 1 de marzo de 1974, y muchos son los que lo siguen pensando, entre ellos muchos que lloran y aplauden viendo la película Salvador.

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