LA presentación de los Presupuestos regionales tiene un halo de parto, con Jaime Rabanal en el rol de ginecólogo. Costó sacar la criatura; a veces hace falta recurrir a la cesárea porque el nasciturus viene mal colocado, pero una vez terminada la operación -prolongada más de lo necesario- todo es alegría y satisfacción. Se olvidan sudores y dolores para cantar las excelencias del niño, que nace hermoso como su padre, una inversión de futuro, y con la cara solidaria de todas las madres de IU, como acredita un gasto social del 65%.
Los Presupuestos del Principado se presentan en sociedad en ese tiempo político hábil que hay en el otoño entre los Premios Príncipe de Asturias y el recuerdo de los difuntos. Todos los años, en las mismas fechas, con las mismas frases, se da cuenta a los asturianos de que tienen nuevos Presupuestos, que son mucho más que un plan de ingresos y gastos de la Administración, para convertirse en auténtico maná, con enormes inversiones propiciadoras de empleo y un gasto social elevado capaz de consolar a los desfavorecidos.
Los Presupuestos llegan después de grandes discusiones entre los dos socios del Gobierno, para acabar repitiendo los mismos objetivos del año anterior, aunque incrementados en el tanto por ciento que exige IU al consejero de Economía. La petición básica de IU es que crezcan las cifras para trasladar la sensación de euforia a la población, como corresponde a todos los territorios socialmente retrasados en que hay mucha gente y muchos agentes enganchados al Presupuesto público.
Lo primero que hay que decir es que las cuentas regionales ya se discutieron hace siete años, en el otoño de 1999, cuando el presidente Vicente Álvarez Areces presentó sus primeros presupuestos; entonces se elaboró la filosofía presupuestaria que se repite ejercicio tras ejercicio sin variación. Las dos legislaturas del presidente Areces tienen total coherencia presupuestaria, sin que la entrada de IU en el Gobierno haya servido para cambiar las preferencias. Esa realidad de fondo no empaña el protagonismo formal de IU en los Presupuestos.
El pasado año crecían las cuentas un 8,2% y para el próximo año se programa un incremento del 8%. El gasto social del año 2006 representaba un 64,71% del Presupuesto y para el próximo ejercicio será del 65,3%. Las inversiones ejecutadas este año fueron de 936.054 euros, mientras que para el próximo ejercicio serán de 1.008.617 euros. Puro continuismo.
Las novedades en los objetivos vienen inducidas desde fuera, al dar la Unión Europea un giro a los fondos, de forma que el I+D+i crece en un 25%, mientras que disminuye la aportación a las infraestructuras de transporte y al medio rural. La clausura del discurso del hormigón tiene firma europea.
Junto a ese cambio de tendencia, cada año se producen novedades puntuales. Por ejemplo, el pasado año crecieron las partidas de la Consejería de Cultura, por exigencias de la reforma de la Universidad Laboral y para echar a andar la televisión autonómica. En el próximo ejercicio sucederá otro tanto con la Ley de Dependencia. Lo que sí merece la pena reseñar es que en el conjunto de la legislatura las consejerías de IU conocieron un incremento presupuestario superior a las de los socialistas. Esa es una de las razones por las que IU tiene tan buenas expectativas electorales. Areces mimó a su socio de gobierno; las realizaciones en vivienda o salario social dieron un protagonismo a IU muy superior al previsto cuando se formalizó el pacto.
Ingresos
Aunque el debate de los Presupuestos es el debate del gasto, también es importante ver que pasa con los ingresos. Tres cuartas partes de los ingresos tributarios proceden del IRPF y del IVA. La novedad del próximo ejercicio proviene de la exoneración del pago del impuesto de Sucesiones y Donaciones para el 90% de los potenciales contribuyentes. Voces autorizadas han puesto en cuestión esta medida, pero no cabe posicionarse sin tener en cuenta lo que pasa en otras comunidades. El Principado recaudaba unos 60 millones de euros por esa figura fiscal, pero es muy difícil mantenerla porque propicia el cambio de residencia fiscal de los contribuyentes en busca de tratamientos más benignos. El rompecabezas autonómico rompe la homogeneidad fiscal del territorio nacional produciendo efectos perversos.
En principio, aunque el discurso dominante sea el de la bajada de impuestos, con el consumo lanzado y las economías domésticas muy endeudadas no tiene ningún sentido disminuir la presión fiscal (la excepción en España a esta afirmación está en el impuesto de sociedades: a la cabeza de la UE), porque sólo va a servir para que aumenten las importaciones y empeore el saldo de las cuentas exteriores. Otra consideración más interesante sería la de amortizar deuda por anticipado, para sanear las finanzas antes de que se produzca un cambio de ciclo. Pero ahí nos topamos con el optimismo del Gobierno regional, que considere mínimo el grado de endeudamiento de nuestra comunidad autónoma. El día que cambie el ciclo y caiga en picado la recaudación fiscal, habrá que recurrir a la deuda, así que mejor ser hormiga en vez de cigarra.
Los gastos de personal crecen un 7,7%. En breve plazo, con el reconocimiento de la 'carrera profesional' para los 35.000 empleados públicos, este capítulo va a conocer un incremento importante, lo que restará margen de maniobra para políticas sociales o inversoras.
La satisfacción por las cuentas es un gesto artificial. Si los Presupuestos Generales del Estado ya no tienen la influencia de antaño en la economía nacional, lo mismo, pero aumentado, ocurre con las cuentas regionales. Lo que se echa de menos es un debate real que rompa con las rutinas de unos Presupuestos heredados, año tras año, como si se tratasen unas cuentas prorrogadas, como ocurre en las cámaras en que los gobiernos carecen de mayoría. Claro está que esa insatisfacción y ese debate sobre prioridades, para romper con las inercias, lo tiene que propiciar el PP, que todos los años lee unas cuartillas tachando los Presupuestos de Areces de irreales e intervencionistas. Cada uno está feliz en su papel.

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