AZUL&ROSA

MI SEMANA

La primera escopeta de Don Juan Carlos

El águila no caza moscas, dice un anónimo latino. Por ello, no tiene que sorprender y mucho menos escandalizar que Don Juan Carlos guste de cazar osos. Tanto en Rumanía, el 8 de octubre del 2004, como en Rusia recientemente. También ciervos, gamos, muflones y machos monteses, como el impresionante ejemplar, de 15 años, abatido por Su Majestad en octubre de 1995, coincidiendo con el 90 aniversario de la creación, por su abuelo Alfonso XIII, del Coto Real de Gredos. Una vez realizada la homologación oficial del sensacional trofeo, dio nada menos que 259,39 puntos. Toda una medalla de oro. El marqués de Valdueza, nieto del Montero Real de Alfonso XIII, acompañó a Don Juan Carlos en esta «comprometida cacería» en palabras del aristócrata. Tampoco se puede olvidar a la perdiz española. Tan apreciada por el Rey y por cazadores del mundo entero. Precisamente estos días, han estado cazando, en Extremadura, como hacen todos los años por esta época, la princesa Carolina de Mónaco y su esposo, Ernesto de Hannover. También gustaban de estas cacerías sus padres, Grace y Rainiero.

La caza, como recordaba Alfonso Ussía, en su columna en La Razón, a propósito del oso abatido por Su Majestad, «el Rey, como sus mayores, es un gran cazador que no precisa de osos borrachos para abatirlos». Posiblemente, porque la caza ha sido siempre deporte de reyes como queda reflejado no sólo en los cuadros de Velázquez sino en los de otros muchos grandes pintores. La polémica desatada, a raíz de la caza de «un bondadoso y alegre oso llamado Mitrofán», presuntamente emborrachado con vodka y miel, circunstancia que, de ser cierta, Don Juan Carlos desconocía, ha llegado incluso al Parlamento donde Ezquerra Republicana pretendía interrogar al Gobierno sobre el particular. Una de las ridículas preguntas que deseaban hacer es si el Rey «tiene licencia para utilizar armas».

Yo le diría al diputado Joan Tardá que Don Juan Carlos la ha tenido toda la vida. Incluso mucho antes de ingresar en las Academias Militares. Su primera escopeta se la regalaron con solo 10 años. La segunda, en el transcurso del primer encuentro con el general Franco, acontecido el 24 de noviembre de 1948, 15 días después de pisar suelo español para prepararse a ser lo que hoy es, tras largos, terribles, sacrificados 27 años: el Rey de todos los españoles. Aquel día, en el que se encontraba frente a frente, en el Palacio de El Pardo, con el hombre que tenía a su padre y a toda la familia real en el exilio, la cita se desarrolló como era de esperar, por muy príncipe que fuera el niño y el hombre muy generalísimo.

Tras interesarse por lo que a un pequeño siempre le molesta, «¿qué tal los estudios, Alteza?», Franco le preguntó: «¿Os gusta cazar?». «El día de mi Primera Comunión me regalaron una escopeta», le respondió el Príncipe, perdido en el gran sillón que le habían sentado frente al dictador en aquel despacho por el que se paseaba tranquilamente un ratón. Como el mes de noviembre estaba finalizando y en diciembre llegarían las vacaciones, Franco tuvo con el niño un detalle: «Me gustaría que la víspera de vuestro regreso a Estoril para pasar las Navidades, vinierais conmigo a Aranjuez y tirarais unos faisanes que podríais llevar, como regalo, a vuestros padres. Para eso voy a regalaros una escopeta».

La primera vez

Fue la primera vez que Don Juan Carlos cazó en España junto al general Franco. Más tarde y a lo largo, larguísimo periodo de aprendizaje, tendría miles de oportunidades de compartir jornadas de cacería junto al dictador, para quien su preocupación principal no eran los problemas de España sino la caza. Cuando empezaba la temporada casi no quedaba tiempo ni para despachar con los ministros que también acudían a las cacerías. Al igual que el Príncipe, un invitado obligado.

Según cuenta en sus memorias, el general y primo de Su Excelencia, Francisco Franco Salgado Araujo, Jefe de su Secretaría, había meses en los que Franco dedicaba a la caza hasta 12 días laborables. Varias fueron las veces en las que estuvo cazando 17 días de un mes. En algunos de estos ojeos, Franco, según su médico personal Vicente Gil, un hombre leal y de los pocos que le decían las verdades del barquero, llegó a disparar hasta 6.000 cartuchos. «Eso es terrible para un hombre de su edad», le decía. «El día menos pensado, le revienta la aorta». Esta desmedida pasión por las cacerías, imposible de frenar y que también se la contagió al príncipe Don Juan Carlos, daba la impresión de cierta frivolidad. Como frívolo era presumir de que «en la última cacería batí el récord matando, en muy pocos ojeos 5.000 perdices». Sánchez Silva, autor junto a José Luis Sáez de Heredia, del guión de la película Franco, ese hombre, cuenta como un día el General, recontando las perdices abatidas, echó en falta una. «Sé dónde está», dijo. «En aquellos matorrales».

En diciendo esto, se echó la escopeta a la cara y realizó dos disparos, al aire, pero en dirección al matorral del que salió, con la perdiz perdida en la mano y el pánico en el rostro, un pobre lugareño. Nada se dice de qué le sucedió a quien había osado robar al general Franco... una perdiz, la perdiz que pretendía llevar a su casa para aliviar la hambruna de su familia. Lo que si se sabe es que la Guardia Civil le detuvo. Posiblemente, le dio una paliza. Así se las gastaba entonces la España de la escopeta nacional.

CHSSSSS... A qué dos políticos, uno del Partido Popular y otro del PSOE, llaman los «cuñados puta-tivos» porque ambos, casados y padres de familia, mantienen relaciones sentimentales con dos hermanas. ... Quién es ese conocido periodista a quien una televisión a la que acudió como invitado le alojó en un hotel de gays, muy elegante, muy in, muy de diseño, pero de gays. Con decir que en la pared, frente a la cama, había una gigantesca fotografía de un desnudo masculino con el culo iluminado por un foco...... Para disimular y evitar el qué dirán, le pidió a la secretaria que le acompañaba que se quedara a pasar la noche con él en la misma habitación. ... Cansada y asqueada de las permanentes gotitas de su marido, de un tiempo a esta parte obliga a éste, emulando a Jack Lemmon en una deliciosa película, a hacer pipí sentado en el water, como las señoras.

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