Confieso que me sorprendió saber que a Mohamed Yunus, fundador del Grameen Bank, se le acaba de conceder el Premio Nobel de la Paz, en vez del de Economía.
Sin desmerecer el primer galardón, la concesión de este último habría supuesto un reconocimiento de los logros económicos del microcrédito, que alguno ha llegado a llamar “el mayor descubrimiento económico del siglo XX”.
Sin embargo, como opina con buen criterio S.M. la Reina de España, vicepresidenta Honoraria de la Cumbre Mundial del Microcrédito, “mejor que sea el de la Paz, ya que así se enterará todo el mundo”. Efectivamente, pregunte usted al hombre de la calle el nombre de un solo Nobel de Economía, o por qué logros se le dio, y se le quedará mirando como un bicho raro, preguntándose incluso si existe tal premio. Y al fin y al cabo, gracias a este Nobel de la Paz, con su cobertura mediática global e instantánea, el mundo entero ha descubierto que existe el microcrédito.
Por el lado del activo, la técnica del microcrédito está claramente definida y, mientras los criterios no se alejen mucho de los más básicos, tiene un crecimiento asegurado. Es cierto que, inevitablemente, entre las más de tres mil instituciones miembros del Microcredit Summit –¡más de 15 por cada país del mundo!–, muchas no podrán sobrevivir más de unos años, por criterios laxos, confusión de objetivos, estructura de costes, o falta de profesionalismo. Pero, intrínsecamente, el producto está bien delimitado y tiene un futuro prometedor.
Escasez de recursos
Por el lado del pasivo, hasta hace poco, el único freno a este producto era la escasez de recursos. Éstos provenían, generalmente, de instituciones fundacionales privadas o públicas, de bancos multilaterales, y generalmente en forma de donaciones, aunque algunas de estas instituciones sí exigían intereses, frecuentemente subvencionados.
Curiosamente, una institución que preconiza el préstamo a tasas de mercado no logra financiarse plenamente en el mercado y necesita del tan temido apoyo oficial, de donaciones, o de préstamos subvencionados. Incluso los mecanismos actuales de pago por web a instituciones de microcrédito son donaciones, no depósitos, lo que desvirtúa completamente el concepto de la autosostenibilidad del sistema.
Yunus sentenció en alguna ocasión, cuando fue criticado por no prestar a tipos bajos, que “las subvenciones nunca van a los más necesitados, sino a los más influyentes”. ¿Por qué entonces no logran ser autosuficientes financieramente las entidades de microcrédito, o el sector todavía necesitan donaciones?
Desesperados por conseguir recaudar fondos para alimentar la voracidad de demanda para sus préstamos, las instituciones y bancos de microcrédito acudieron a fuentes oficiales de dinero rápido, y en volumen importante. Sin embargo, está claro que en el mundo desarrollado hay decenas (¿centenares?) de millones de personas que voluntariamente depositarían una pequeña parte de su patrimonio o de su liquidez en una institución de microcrédito, si supieran cómo o conocieran de su existencia.
Pregunte usted alrededor suyo cuánta gente ha oído hablar del microcrédito, o cuánta sabe cómo podría depositar su dinero en una de estas instituciones, y lo más probable es que sean muy pocos, por no decir casi ninguno.
Este premio Nobel de la Paz bien podría ser el agente galvanizador para que el público general, que es donde están los dineros de verdad, acceda a convertirse en el gran financiador del microcrédito.
Con las nuevas tecnologías –tarjetas de débito/crédito, cajeros, Internet, tarjetas recargables–, que no tienen coste marginal transaccional, no deberían existir obstáculos para que cualquier persona pueda depositar en un Grameen ciber-bank un 5% ó 10% de sus ahorros, y utilizarlo así como un instrumento bancario más, con rendimientos de mercado.
Los tímidos ejercicios iniciales de titulización de créditos también coadyuvarán a este proceso, pero no dejan de ser ejercicios institucionales: el potencial de crecimiento real está en el mercado de particulares.
El efecto multiplicador de este aluvión de dinero sobre el microcrédito será, sin duda, enorme, quizás decisivo, para que se llegue a la tan ansiada eliminación de la pobreza para el año 2025.
Será, desde luego, necesario que el sector, por medio de la autorregulación, de la disciplina de mercado, de la capacidad de influencia de los diversos actores de control indirecto (gatekeepers, consolidators, etcétera) demuestre que la fórmula es válida, sostenible, y que no sucumbirá al efecto burbuja y a las inestabilidades tan características de los mercados financieros con acceso a dinero rápido.
Entonces, dentro de unos años, comprobado el éxito económico global del microcrédito, este Nobel de la Paz habrá contribuido a ese otro Nobel de Economía que también se merece Yunus.
- Dedicatoria en uno de los libros de Grameen:
Cita de un empleado de Grameen:
“Recuerdo el primer préstamo de 50 takas a la primera prestataria, Sofía Katoon. Se tapó la cara con el velo cuando firmó con el pulgar. Cuando extendió la mano para recoger el dinero, su mano temblaba”.
Este libro está dedicado a todos los empleados de Grameen, por los millones de manos que ya no tiemblan.
Yago Ruiz-Morales. Socio adherido de Secot y responsable de la asociación Planet Finance-Secot.

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