DE entre las muchas cosas que cabe esperar en un proceso largo y difícil, por utilizar palabras del presidente del Gobierno, en la búsqueda de la paz en el País Vasco, es muy probable que el robo de armas en el sur de Francia por parte de ETA haya ido más allá de lo que podía estar previsto en la hoja de ruta trazada hasta la fecha. Y no tanto porque sea un signo inequívoco de que la banda haya enterrado definitivamente cualquier horizonte de paz en los términos expresados por José Luis Rodríguez Zapatero, sino porque pone al descubierto movimientos oscuros por parte de ETA y difícilmente explicables a la opinión pública por parte del Gobierno. Ése es, fundamentalmente, el meollo del enorme problema que hay en estos momentos encima de la mesa del Ejecutivo y, quizás por eso, es más necesaria que nunca la colaboración de Francia en la rápida detención de los ladrones y la recuperación del material robado. Hasta que esto no se produzca, parece difícil que se puedan comprobar las garantías que vuelva a ofrecer ETA y dar por superado el escollo que ha surgido en la negociación del proceso de paz. Lo contrario sería tanto como dar por bueno que se puede mantener un mínimo diálogo con el entorno abertzale mientras ETA sigue haciendo de las suyas. Y no parece razonable ni que el Gobierno asuma este riesgo ni que la confianza que la opinión pública ha venido expresando por una solución del problema sea puesta alegremente en riesgo.
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