La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

28 Octubre 2006

Relatos de amigos, de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias

Tengo un amigo que tiene un amigo que no votó la Constitución del 77. Le pregunté que por qué no la había votado, suponiendo que sería un radical de izquierdas como mi amigo, pero resulta que no la había votado por ser él, el amigo de mi amigo, demasiado de derechas y juzgar que aquella constitución traería, a la larga, la destrucción de España. Este ultraderechista, amigo de mi amigo (hay que ver qué amistades tan raras tienen mis amigos) escribió, incluso, en un periódico de La Rioja un artículo en el que pedía que la gente, los buenos españoles, no votaran aquella terrible constitución, elaborada por los enemigos de España y algunos otros traidores e ingenuos a los que se había engañado como a chinos.

TENGO OTRO amigo que a ETA la llama Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco , no sé muy bien por qué. Tal vez porque mi amigo tiene un sentido del humor muy especial y le gusta ser sarcástico de vez en cuando. Si esos dos amigos, de mi amigo y mío, fueran la misma persona sería bastante complicado conocer el origen de semejante contradicción: no votar la constitución de las libertades, por estar a la derecha de la derecha, y llamar Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco a lo que es, sencillamente, un grupo de terroristas violentos y gratuitos, que han sembrado de dolor y muerte la tierra que dicen amar por encima de todas las cosas. Menos mal, repito, que no se trata de la misma persona.

Con este amigo mío hablo de muchas cosas, por ejemplo de la guerra de Irak, de la prisión de Abu Graib o las jaulas de Guantánamo, y otros temas similares. La verdad es que, a pesar de hablar de temas tan serios, los dos nos reímos mucho -tenemos esa feliz tendencia-, cuando, por ejemplo, vemos fotos del anterior presidente de gobierno, el profesor y doctor don José María Aznar López, poniendo los pies encima de la mesa, en la casita rural de su gran amigo George Bush, con ese aire desenfadado que da el poder, el saber estar, la educación y, por encima de todo ello, la inteligencia. De verdad que es gracioso.

Otras veces, también nos reímos mucho con el expresidente, por ejemplo, cuando imita a Cantinflas en alguna conferencia de prensa, un puro homenaje de admiración al que fuera uno de los principales cómicos mejicanos. O cuando iba en mangas de camisa por Cuba, con el rey al lado sudando como un pollo, por mor del traje de etiqueta que la situación demandaba. Allí estaba, el cachondo de las Azores, luciendo su ropita informal y saludando a las cubanas con su sonrisa más risueña y seductora.

Pero, con lo que de verdad nos reímos mucho mi amigo y yo, es recordando la boda de la hija de don Josemari, en El Escorial, a la manera de la secular monarquía española, en vez de casarse en cualquier iglesia convencional de Madrid -la Almudena o los Jerónimos, por ejemplo- e ir a comer al Palace en plan normal, sin el glamour que produce aquella sobrecogedora fábrica de piedra plateresca, ni la proximidad protectora de todas las esencias de España custodiadas en el alegre Valle de los Caídos. Daba gusto ver allí, en la boda, disfrutar a los invitados como Berlusconi con su matasuegras, la familia Bush con sus simpáticas meteduras de pata, que cometían sólo para hacer felices a los demás, como si fueran del grupo de Payasos sin Fronteras, los amigos de Agag, juveniles y sencillos. Qué bien se pasó aquel día.

Como saltamos de un tema a otro, mi amigo me contó que un político, en un mitin de Sevilla, coreado por una señora que alababa el tamaño y la consistencia de sus criadillas, pidió un metro para certificar que la tal señora (por llamarla de alguna manera) tenía toda la razón. Menos mal que nadie tenía un metro, porque la escena podía ser antológica. La gente se moría de risa, y mi amigo y yo, como es lógico, también. Desde entonces hemos seguido de cerca de ese político, y la verdad es que nunca defrauda.

Hablamos también de un colega nuestro que suele ir invitado a dar conferencias y lecciones magistrales a universidades americanas. Como es de formación francófona, habla inglés con un acento y prosodia peculiares, lo que provoca la sorpresa en alumnos, profesores y bedeles, sorpresa seguida de una sonrisa, cuando los oyentes logran entender algo del discurso profesoral, siempre teñido de optimismo y fe en el futuro de la armonía universal. Este colega tiene una cierta obsesión por los idiomas, porque de vez en cuando entra en tu despacho y te suelta una frase en catalán, eso sí, siempre en la más absoluta intimidad. Un verdadero tipo, oye.

La verdad es que mi amigo y yo lo pasamos chupi hablando de la gente. Tenemos una afición tremenda a hablar de la gente, pero siempre en plan bien. Por ejemplo, el otro día otro amigo de mi amigo, distinto al del Movimiento de Liberación Vasco y a aquel que no votó la constitución en el 78, dio una rueda de prensa, y una periodista joven le preguntó si creía que había relación entre el 11-M y el positivo de Floyd Landis en el último Tour de Francia. La verdad es que el amigo citado reaccionó como lo hubiera hecho un grande del humor: metiéndole un punta bic por el escote. Se imaginan a todos estos amigos juntos, en una excursión o un viaje de antiguos discípulos. O, lo que es peor, que todas esas personalidades encarnaran en una única. Anda, menos mal.

Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de la Universidad de Oviedo.

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