Más por viejo..., de Santiago Satrústegui en Expansión
En La paradoja de la sabiduría, el neurólogo Elkonon Goldberg desarrolla una serie de ideas sobre el funcionamiento del cerebro que le llevan a la conclusión de que es posible influir en el mantenimiento de las capacidades mentales, con independencia del envejecimiento inexorable al que la naturaleza nos somete.
Según sus investigaciones, las habilidades del cerebro van cambiando: de la capacidad de aprendizaje, de concentración y de cálculo de la juventud, vamos pasando a una situación en la que las experiencias vividas van dejando un poso que nos permitirá compensar la pérdida de efectividad en el procesador con una mayor intuición para identificar los verdaderos problemas.
A lo largo de la historia, la sabiduría se ha identificado siempre con personas de más edad y el refranero está lleno de reflexiones sensatas que lo corroboran. El diablo sabe más por viejo que por diablo, porque, al enfrentarse a una situación que parece nueva, es capaz de encuadrarla en alguno de los modelos que le han quedado fijados cuando ha experimentado situaciones parecidas. Identificados los parámetros, la solución surge de manera sencilla, práctica y evidente.
Desde hace mucho tiempo, me preocupan los niveles de valoración de la bolsa española. Espero que no sea por viejo, pero lo que mis mecanismos internos me transmiten todos los días son sensaciones que sólo he tenido en otros momentos de burbujas financieras.
Mi tesis, nada original, consiste en que, una vez que la inflación en el precio de los activos inmobiliarios ha empezado a transmitirse al resto de los sectores empresariales, básicamente por razones de diversificación de los propietarios de esos negocios tan exitosos, las empresas españolas están alcanzando valoraciones extraordinariamente caras.
Múltiplos altos
En términos de PER (la relación precio/beneficios), el sector de construcción cotiza en nuestro país a más de 21 veces beneficios, mientras que en Europa lo hace a 16 veces y, en Estados Unidos, a 13,5. El sector eléctrico, tras una intensa actividad corporativa iniciada por los anteriores, presenta en España un PER medio de 21,5 veces frente a 17,5 en Europa y 16 en Estados Unidos.
Las empresas inmobiliarias que normalmente deberían cotizar con un descuento sobre el valor de realización de sus activos (o por lo menos así lo hacen en el resto del mundo) aquí duplican ese valor.
Los rumores de concentración han afectado también al sector bancario, y Telefónica y Repsol, que eran de las pocas compañías que se mantenían con valoraciones comparables con el resto del mundo, también han empezado esta semana a sumarse a la categoría de empresas opables.
En los momentos de euforia colectiva, los inversores pueden abrazar cualquier argumento para justificar lo que sus ojos están viendo en la pantalla de Bloomberg. Ponerse enfrente de la corriente significa pasar automáticamente a la categoría de los que no entienden cómo funciona esto. Ni Antonio Machado, con su fina prosa, les convencería de que valor no es igual a precio.
Pero esta situación no es nueva, el propio Isaac Newton, que fue capaz con su extraordinaria inteligencia de cambiar la historia de la ciencia y de la humanidad, acabó sucumbiendo ante el fenómeno de la especulación y arruinándose con una inversión desacertada en la Compañía de los Mares del Sur. Su lamento: “puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”, queda en los anales de las citas financieras célebres como un buen aviso para navegantes.
Mecanismos de protección
A diferencia de otras ocasiones, nuestra situación local no se corresponde con la de otros mercados y, además, los inversores cuentan hoy con muchos más mecanismos para poderse proteger invirtiendo en un mercado financiero mucho más global.
Los bajos tipos de interés y, sobre todo, la incertidumbre que supone la inversión en bonos en estos niveles de rentabilidad y de remuneración del riesgo aconsejan la inversión en renta variable.
Una cartera diversificada internacionalmente será una opción mucho más racional para el inversor desde el punto de vista de riesgo y rentabilidad, que buscar el último euro en nuestro propio mercado.
Haber mantenido esta estrategia en el año 2006 habrá supuesto una rentabilidad significativamente menor que la que hubiera dado una concentración más doméstica de la inversión en bolsa, pero no por ello deja de tener sentido, sino que probablemente sucede todo lo contrario.
El retrovisor es siempre un mal consejero, e invertir en el Ibex 35 porque ha subido un 27% será sin duda un mal consejo. Dicho esto, “los mercados pueden permanecer más tiempo irracionales que los inversores solventes”(Keynes), y es necesario un alto grado de convicción en los planteamientos (Warren Buffet lo llamaba coraje) para no sucumbir a la tentación de surfear la ola que tenemos ante nosotros.
El futuro inmediato es totalmente imprevisible y los planteamientos basados en argumentos fundamentales suelen adelantarse bastante a la realidad. Alan Greenspan habló por primera vez de la “exuberancia irracional” de los mercados en el año 1996, y la crisis tardó en llegar cuatro años. Al enladrillamiento de la bolsa española seguro que no le queda tanto para empezar a remitir.
Santiago Satrústegui. Consejero delegado de Abante.
