El complicado aliño de los datos del paro en Asturias consiste cada mes, o cada trimestre, en que el consejero de Industria y Empleo del Principado, Graciano Torre, examina minuciosamente la evolución de las cifras de los parados, los activos, los ocupados, los desocupados, los parados que buscan activamente empleo, y por ahí seguido.
Ello obliga prácticamente a leer el periódico con bolígrafo y papel al lado, para no perderse entre remesas de números absolutos o porcentajes en los que Torre bucea con el fin de hallar los más esperanzadores para la región. Y excusamos hablar del titánico esfuerzo suplementario que hay que realizar cuando el Consejero confronta los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) con los de Trabajastur, o Servicio Público de Empleo del Principado.
Por tanto, apartemos la ensalada y vayamos a la tajada. Mala tajada, en este caso, ya que el paro se ha incrementado en 8.000 asturianos durante el tercer trimestre del año, una cifra muy disonante con el descenso del desempleo en catorce comunidades autónomas durante el mismo período.
En suma, hay ahora mismo en Asturias 45.900 parados, lo que significa que una vez más estamos más cerca de los 50.000 que de los 40.000, es decir, seguimos abonados a las cinco decenas de miles de desempleados, una cifra clásica durante los últimos años.
Ello, unido al citado comportamiento positivo del empleo en el resto de España, nos devuelve a la vieja cantinela de que Asturias va a su ritmo, lo que, dicho en prosa política, significa que no acabamos de converger con la media nacional, ni mucho menos con la europea.
Pese a todo lo dicho, el dato más significativo en este momento es que, de esos 8.000 parados de más, 5.000 son desempleados de la construcción, un sector que aminora su marcha, circunstancia que en Asturias puede traer consecuencias fatales, que no se digerirán ni con la mejor de las ensaladas.

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