El fin del boom inmobiliario, que al igual que en España ha sido la turbina del actual ciclo expansivo, ya le está pasando la primera factura a la economía norteamericana.
El PIB apenas avanzó un 1,6% en el tercer trimestre por la debilidad de la inversión en la construcción residencial, que se desplomó un 17,4%, un retroceso de una magnitud nunca vista desde 1991. Se trata del peor registro de la actividad económica desde 2003 que ha restado de un plumazo 1,1 puntos de crecimiento.
“La burbuja inmobiliaria ha reventado y ha forzado un crecimiento a la baja”, explica Joel Naroff, presidente de Naroff Economic Advisers.
El enfriamiento del PIB es más acusado que el 2,1% vaticinado por Wall Street y se compara mal con el aumento del 2,5% de abril a junio, y el espectacular salto del 5,6% del primer tramo del año.
Otro dato que ha acentuado la actual senda descendente de la economía es el ensanchamiento del desequilibrio exterior: las exportaciones escalaron un 6,5% mientras que las importaciones lo hicieron un 7,8%. Pero no todo es negro en el desglose del dato.
El consumo privado, que es la espinal dorsal de la economía, repuntó desde el 2,6% hasta el 3,1%. Y la inversión empresarial se disparó un 8,6%.
“En realidad, no se tiene una economía débil cuando los consumidores compran, los inversores mueven sus capitales, las exportaciones crecen y las importaciones son fuertes”, afirma Naroff. El consenso de los analistas es que Estados Unidos no se encamina a una recesión. La Reserva Federal, que dejó inalterados los tipos de interés en el 5,25% en su reunión del pasado miércoles, argumenta en su último comunicado que, “en adelante, es posible que la economía se expanda a un ritmo moderado”.
Aunque el banco central se muestra preocupado por las futuras presiones inflacionistas, el registro del tercer trimestre debería tener efectos balsámicos. El índice sobre el gasto personal, otro modo de medir la inflación, ha bajado del 4% al 2,5%. Y la tasa subyacente, la que descuenta los elementos más volátiles como la energía y los alimentos no elaborados, se ha moderado desde el 2,7% al 2,3%.
La tesis preponderante en los círculos financieros es que la Fed se verá obligada a recortar los tipos, bien en la primavera bien a las puertas del verano de 2007, con el fin de espolear la debilitada economía.
Algunos incluso consideran que el presidente del banco emisor estadounidense, Ben Bernanke, podría dar otra vuelta de tuerca en los primeros compases del próximo año. “El mercado está dividido entre los que piensan que habrá un rebote o más debilidad durante el cuarto trimestre. Yo espero esto último, lo que empujará a la Fed a bajar los tipos en marzo”, señala Ian Shepherdson, de High Frequency Economics.
“Este dato describe una economía débil. Parece que la Reserva Federal tiene bastantes razones para recortar el precio del dinero en su próxima reunión” augura Josh Bivens, del Instituto de Política Económica.
El Comité del Mercado Abierto de la Fed volverá a reunirse el próximo 12 de diciembre. Cualquier movimiento futuro parece depender de si el sector de la vivienda experimenta un aterrizaje forzoso o suave, una incógnita que nadie sabe responder con seguridad.

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