La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

28 Octubre 2006

El nuevo Museo de Bellas Artes de Asturias, de Jorge Fernández Bustillo en El Comercio

EL Museo de Bellas Artes de Asturias entra este trimestre en una fase decisiva con vistas a su futuro. Pronto se resolverá el concurso sobre el proyecto y se dará paso a la construcción de un nuevo espacio aunando el de los edificios contiguos al Palacio Velarde y a la Casa de Oviedo-Portal, hasta abrirse a la contemplación de la plaza de la catedral. La breve, pero brillante historia de nuestro museo, iniciará así una nueva andadura.

El museo quedó pequeño casi nada más nacer y ya desde entonces se han ido buscando soluciones a las estrecheces y limitaciones que imponen los edificios que lo acogen. La primera ampliación hacia la Rúa resultó muy costosa en aquel entonces, porque casi no hubo variable que no incidiera negativamente: compleja restauración del edificio, fragmentación casi laberíntica de los espacios interiores y de comunicación entre los edificios, personal de vigilancia y seguridad... La experiencia parecía invitar a no proseguir por ese camino. No obstante, se aprovecharon después -juzgo que acertadamente- otras posibilidades que brindaba el palacio. Pero la nueva intervención no resolvió las angosturas del museo, que seguía creciendo espectacularmente en calidad y cantidad.

La incorporación de los cuadros de Pedro Masaveu, a partir de 1994, sin duda el hito más importante en la evolución del museo, dejó definitivamente en evidencia sus insuficiencias. Se imponía buscar otra solución.

El Ayuntamiento de Oviedo -mejor dicho, su alcalde, puesto que hubo concejales de los que no podría afirmarse lo que sigue- permitió que se acumularan año tras año deudas con el museo, sintiéndose totalmente ajeno al patrimonio de la ciudad, ejerciendo la política de la avestruz y de desprecio a todo lo que fuera arte o historia. Ahí están como ejemplos su indiferencia ante todo este proceso de ampliación, la desaparición de la Bienal de Oviedo, el cierre del Centro de Arte Moderno, cedido posteriormente en almoneda a Cajastur, y un innumerable número de despropósitos más. Durante años fue incapaz de algo tan simple como colocar una elemental señalización urbana que indicase dónde estaba el museo. Y esa indiferencia hacia el museo en particular nos ha podido costar muy cara a los ovetenses y no se arreglará colocando unas farolas y losas de granito en el suelo.

Otra solución, pero cuál. Al menos tres opciones se presentaban con claridad. Una era trasladar el museo a la vieja cárcel; la segunda, atreverse a la construcción de un nuevo edificio en otro lugar de la ciudad y, por último, proseguir con la compra de los inmuebles circundantes al Palacio de Velarde y reconstruir en su interior el museo, un museo-palacio, como se les denomina a veces a este tipo de equipamientos. Conviene entender que cada una de estas propuestas conducía a soluciones diferentes y probablemente a museos distintos en su concepción y futuro.

En mi opinión, la primera alternativa, en la que coincidí con el director del museo, no era mala aun si se la considerara un mal menor. La antigua cárcel presentaba una estructura complicada, pero de grandes espacios abiertos. Su localización en las estribaciones del Naranco no era la mejor en aquel momento, pero el Ayuntamiento debiera haberse interesado en ella porque suponía la transformación radical de un área industrial, degradada y mal comunicada. Pero el equipo de gobierno de De Lorenzo tenía sus propios planes y antes de que se moviera una sola piedra de la cárcel estaba dando licencias en su entorno hasta no dejar ni un metro libre de la especulación inmobiliaria. Así que la antigua cárcel, ahora futura sede del Archivo Histórico, está ella misma prisionera de masas de cemento y ladrillo inmediatas e innecesarias.

La segunda alternativa ofrecía inmejorables expectativas: crear un nuevo museo en alguna de las áreas urbanas liberadas o disponibles. Ésta hubiera debido ser la que el Ayuntamiento abanderara. Necesariamente, requeriría implicar en el proyecto a todas las administraciones, con las que nuestro alcalde no se trata o, mejor, con las que está en permanente gresca. Pero espacios había: el viejo Tartiere, el solar del Vasco en Jovellanos -los que regaló el alcalde a las empresas privadas de sus amigos alegando que la firma de Calatrava lo justificaba todo-, alguna de las áreas del borde del Parque de Invierno, incluso el espacio exterior de la fabrica de Armas, y otros. Una solución que hubiera permitido un museo abierto y actual, técnicamente envidiable, con espacios espectaculares, con reserva para las exposiciones más exigentes -esas que nunca veremos en Oviedo- y para las colecciones privadas, cedidas o no temporalmente. ¿Puede alguien dudar del efecto cultural y económico que tendría para nosotros poder exhibir junto con los ricos fondos del Museo de Bellas Artes el resto de la Colección Masaveu, de disponer en depósito de parte de la extraordinaria colección de Arango o de parte de la de Enrique Iglesias o de otros asturianos que atesoran obras excepcionales?

Y, por último, la solución elegida, no menos costosa que cualquiera de las anteriores, ampliar el actual Museo, que obliga a adecuarse al espacio urbano, privilegiado en lo que respecta a la ubicación y al acceso, y a la diversidad de inmuebles que se integrarán para crear su nuevo espacio interior. Tendrá que liberarse de las limitaciones de la atomización, crear nuevos espacio diáfanos y respetar hasta donde sea posible el severo Palacio de los Velarde, que bien lo merece, y el entorno del caserío que envolverá al Museo.

¿Pero será el gran museo esperado y deseado? Creo que no.

La elección de esta alternativa renunció a otras posibilidades. Difícilmente podrán exponerse colecciones nuevas, como las citadas, o ser la sede de grandes exposiciones, de las que por falta de un lugar adecuado Oviedo siempre ha estado carente. Sin duda, las nuevas salas de exposición previstas supondrán una mejora notabilísima, pero lo que se amplíe por unos lados habrá que restarlo por otros. Es posible que implique también renunciar a un crecimiento futuRo dinámico y armónico, amenaza de la que ya en su día se habló suficientemente .

No podría aceptarse de ningún modo que la colección del Bellas Artes quedase limitada pictóricamente por un periodo o fecha prefijada, renunciando a integrar obras o colecciones de fecha posterior, lo que, por otra parte, sería romper con el espíritu que ha animado la vida de la institución hasta ahora y la filosofía de sus dirigentes. Pero también el modelo de museo previsto, consecuencia arrastrada por el museo-palacio, parece temer abrirse a nuevas tendencias, tanto expositivas como museísticas, más anclado en el XX que en el siglo que ya estamos viviendo. Condiciones todas ellas restrictivas que, sin duda, lamentarán nuestros sucesores, si no nosotros mismos.

El esfuerzo económico que supone el nuevo planteamiento es muy grande y loable. Pero el Museo de Bellas Artes de Asturias renace con demasiadas limitaciones y desistiendo de ambiciones que parecen legítimas y naturales.

Dios quiera que no estemos proyectando un panteón en vez de un museo.

JORGE FERNÁNDEZ BUSTILLO/CONCEJAL Y PORTAVOZ MUNICIPAL DEL PSOE EN EL AYUNTAMIENTO DE OVIEDO. EX CONSEJERO DE CULTURA.

servido por caffereggio sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

Estadísticas

Fotos

caffereggio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera