Así, sin acento en la segunda ‘u’. Y es que Miguel Sebastián es como ese floripondio, estático, inerte, pero muy mono en la trasera de los coches, muy dispuesto, que es la última moda entre el pijerío patrio: llevar una flor en el culo... del vehículo. Una margarita como la que debió deshojar Sebastián cuando Zetapé le dijo algo así como “oye, Míguel, que he pensado en ti esta noche, he soñado contigo sentado en el sillón de regidor municipal de Madrid, te he visto rodeado de ninfas que depositaban sobre tu cabeza la corona de flores de la victoria”. Y Sebastián, que si “sí”, que si “no”, que si “me quiere y por eso me lo propone”, que si “no me quiere y por eso me aparta de su lado”... que si “qué le digo”, que si “a mí no me conoce nadie”, que si “qué voy a hacer contra esa máquina de ganar elecciones llamada Ruiz-Gallardón”, que si “qué hago yo si pierdo”... “Yo no pierdo”, debió de decirse Sebastián a sí mismo en la clausura de su mismidad, confiado en su inteligencia, en su capacidad de seducción, en su sex apeal en definitiva. Sebastián es un 'guru', el 'Guru' de La Moncloa, una flor en la trasera de Zetapé, no se si liberal o libertino, quizás más de lo segundo que de lo primero, a tenor de cómo ha recogido el guante del fundamentalismo intervencionista y aplaude sin disimulo las veleidades hedonistas de su mentor.
Sebastián es a Zetapé lo que el arpa a Nerón. Es como si Nerón, en su locura, hubiera nombrado sucesor al frente del Imperio a tan melancólico instrumento musical... ahora sólo le falta entonar aquel piensa en mí, cuando sufras y cantarle a Zapatero ya ves que venero tu imagen divina, tu párvula boca, que siendo tan niña, me enseñó a pecar. Lo peor de Sebastián no es que sea segundo plato en la mesa de los candidatos del PSOE al Ayuntamiento, es que no llega ni a postre. Si acaso, y apurando mucho, a alka selzer que se diluye en el agua como un azucarillo y deja un poso con sabor amargo. Y no digo yo que no sea inteligente, que debe serlo un rato, o al menos eso dicen. Será que hay que tener un coeficiente intelectual superior a la media para escuchar la llamada de Zetapé y, encima, atenderla... Por eso está ahí Pepe Blanco. Dicen que es simpático, cuando quiere, y, cuando no quiere, vehemente en grado sumo, aunque tiene maestro, a decir de las broncas que las paredes de su despacho han escuchado de labios de Rodríguez. Hay quien asegura, en la mesa del Consejo de Ministros, que de haber recibido alguna de las que el del talante le ha echado al áulico asesor, habría presentado la dimisión irrevocable.
Sebastián igual puede nadar en una balsa de aceite que poner en la picota los sistemas financiero y eléctrico juntos y revueltos. Suyo es el mérito –compartido con Montilla- del hazmerreír de la OPA de Gas Natural, la del semen que se ha quedado en impotencia senil, y suyo es, también, el intento de asalto a la cúpula del BBVA para poner de patitas en la calle a quien le puso a él. Pero se quedó con las ganas, aunque en ambos intentos puede haber dejado unos cuantos cadáveres en la cuneta y muchos ladrillos sin poner. Y hay quienes, todavía hoy, siguen diciendo de Sebastián que es un liberal... ¡Pobres incáutos! Sebastián es tan liberal como Josu Ortuondo o Ignasi Guardans, que están en las filas de los liberales europeos para no coincidir con el PP, y a los liberales europeos habría que llamarles, como mucho, pelagaitas sin ideología clara ni concreta, que todavía hoy siguen buscando el referente muchos de ellos. De entrada, un nacionalista no puede ser liberal, porque es intervencionista de principio a fin, y excluyente, y eso es al liberalismo como el aceite al agua, y Sebastián de aceite y agua sabe un huevo, pero a Adam Smith como que lo tiene hibernando en la nevera de su cerebro, sobre todo desde que conoció a Zetapé.
Y es que Zetapé tiene un nosequé que yo comprendo que encandile hasta los espíritus más recios, como el de Pepe Blanco. Por eso ha tenido tanta suerte a la hora de encontrar un candidato para Madrid. Ahora dice que lleva meses pensando en Sebastián... Será en sueños, digo, porque si no, ¿a cuento de qué lo de proponerle la candidatura hasta al conserje de la sede de Ferraz? Si sólo le ha faltadado poner un anuncio en el Segundamano: “Se busca candidato para Madrid, un poco mono, a ser posible, y algo fashion, no muy conocido pero listillo, que sea asesor y le guste estar en todas las pomadas... Preguntar por Pepe Blanco y, por si acaso, preguntar varias veces, no sea que no lo pille” ¡Anda! Pero si lo tenía ahí mismo, despacho con despacho, bueno, casi Ministerio con despacho, porque Sebastián había convertido la asesoría en una especie de Departamento de Economía Bis para tocarle las narices a Pedro Solbes, que ahora está más contento que unas castañuelas, cuando venia siendo un tipo más triste que un nublao. Donde tienen que alucinar es en Bruselas... “pero ¿éste no es el que cambió las reglas del juego de la CNE en mitad del partido? A lo mejor se lo llevan para que no le metamos el paquete...”
¡Ay, Sebastián! En que lío le han metido, porque digo yo que no se habrá metido el solito, y que tiene pinta de marrón de esos que mandaba el profesor al primero de la clase... Claro que, ahora que lo pienso, es que Sebastián tiene pinta de primero de la clase, y de comerse todos lo marrones, y sabe Dios qué otras cosas, que a esta alturas ya no sabe uno a que atenerse. La lista de los que le habían dicho que ‘no’ a Zetapé era más larga que un día sin pan, hasta que Sebastián se cruzó en el camino del infortunio, y éste no se iba a atrever a negarle tres veces a Rodríguez antes de que cantara el gallo, porque eso ya lo hizo Bono y al del talante le subió tal fiebre de ira que, de tocarlo, quemaba. Sebastián no, ¿De qué, si fuera de la mesa en la que come Zetapé solo se está a la intemperie, y Sebastián, sin Zetapé, tiene una mano delante, y otra detrás? Y el hombre no quería morir de una pulmonía, que eso se entiende, digo yo, y por eso deshojó la margarita y le salió que ‘sí’, y si hubiera sido que ‘no’, habría mentido, todo antes de escuchar una de las bravatas a las que le tiene acostumbrado Mr. Profidén.
Lo que no vamos a hacer en esta campaña es echarnos unas risas... ¡Ya verán ustedes, ya, cuando Sebastián saque el genio que lleva dentro! Pero, con genio o sin el, escucharle hablar de endeudamiento del sector público resultará harto tedioso. Y digo yo, ¿no le pueden poner un poco más de colorido? No sé, alguna florecilla en la solapa, o unas chaquetas con motivos vacunos, como las de Sala i Martín, que ser economista no significa ser más tieso que el palo de una escoba. Imagínense un mitin de Sebastián y Simancas juntos, mano a mano, ante un concurrido público de la Villa de Vallecas, hablando de déficit público uno y de corrupción del ladrillo el otro... ¡es para echarse a llorar! Qué pareja, como Laurel y Hardy, pero los dos Laurel, o sea, el flaco, el que recibía todos los mamporros. A Sebastián lo van a echar de menos en Moncloa... ¿quién va a hacer ahora de gurú y a quién se le van a ocurrir ingeniosas operaciones empresariales con las que entretener al personal mientras se negocia con la pandilla de canallas? Claro que, conociendo a Zetapé, no tardará en encontrar a algún que otro pardillo que utilizar de parapeto, para luego ponerlo al frente de una lista después de pasarse semanas prometiendo el advenimiento del Dalai Lama y el sumsum corda. ¡Qué país!
fquevedo@elconfidencial.com

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