EL MIRADOR

Las señoras con quien comparto ascensor desde el vestíbulo de la estación de Sants hasta el del hotel se han montado su titular: "1001 dones i un dàlmata", no sin un cierto aire de despedida de soltera. Lo cierto es que la sala que acoge la impresionante comida titulada 1.000 dones amb Artur Mas hierve de cromosomas X. Las únicas Y que circulan libremente por entre las mesas son las de cámaras o camareros. El resto de tropa masculina nos concentramos en las mesas reservadas a la prensa, un poco intimidados.

La caravana de mujeres llega, se acredita y se sienta, en risueño orden. Saludo a Núria Feliu, con cara de "anem bé per anar a Sants". En cambio, no logro ver a Lloll Bertran. Tal vez simultanee los actos de Mas con los de Carod. En las mesas de las comensales de pago, en vez de menú, un folleto anuncia "Només falten 3 dies per a la victòria electoral". Compruebo en el móvil que hoy es jueves 26 y no me salen las cuentas. Debe de ser la clásica intuición femenina.

Antes de la llegada de Artur Mas se me ocurre comprobar la capacidad del lavabo de señoras. Si en todo evento social mínimamente multitudinario se forman unas colas de aúpa, no veas en una comida con mil señoras. Gracias a las buenas artes de Carme Vidal constato que hay once cubículos y ocho picas. No está mal. La llegada del protagonista de la comida me pilla saliendo del lavabo. Le sigo y disfruto del espectáculo. Todo son besos y arrumacos. No hay niños. No hay ancianos. No hay señores con bigote que le den palmadas en la espalda. Sólo besos. Besos y más besos. Una señora se me acerca y me dice que apunte este resultado: Puigcercós 50-Mas 1.000. Se refiere a la foto del republicano con sus candidatas. Todas la aclaman.

Le llaman guapo, corean "Mas-presi-dent", saltan y le hacen fotos con el móvil. Él las atiende a todas, brazos en alto, hasta llegar a la mesa presidencial, junto a su mujer. "Totes el volen, i ell la vol a ella", me dice una rubia. Eso es vender el género.