(Publicamos ahora en Colaboradores, por su evidente acutalidad, este artículo, que ya había aparecido en Escandalera el pasado domingo 22, cuando aún no se habían producido los insultos y el intento de agresión que padeció el viernes por la noche, Txomin Goñi, en Gijón, en la reunión preparatoria de la manifestación de la Plataforma por las Libertades).
Sé de la confusión que experimentas, al haberte encontrado en la reunión constitutiva de la Plataforma por las Libertades, al presidente de la Empresa Municipal de Vivienda de Gijón, Francisco Santianes, que recientemente privatizó la adjudicación de las viviendas sociales de la villa a una empresa con sus correspondientes vinculaciones políticas.
Sé del susto que tienes encima, tú que te lanzaste a anunciar tu autoinculpación para defender a los líderes de la CSI, acusados de desórdenes y daños, para los que el ministerio público solicita seis años de cárcel.
Tú como tantos otros de nosotros, estuviste en el antifranquismo radical, luchando por las libertades, y por eso sientes ahora esa rabia, cuando ves cómo la “izquierda plural” en el poder, se cisca en los valores por los que algunos quemamos parte de nuestra adolescencia.
Sé que te preguntas cómo son posibles ciertos paripés, y que los que ahora han constituido una gran empresa política (con miles de empleados, que viven de los ingresos legales, y de los ilegales, generados con la corrupción de la administración pública, mediante la concesión de recalificaciones urbanísticas, licencias para grandes superficies, cursos de formación, y todo tipo de mercedes injustificables), desprecien las libertades de esta manera.
La experiencia de cada uno es personal e intransferible. Puedo contarte el espectáculo que viví en primera persona, cuando descubrí que la extrema izquierda de Oviedo recibía la “gracia” de un local, en el centro de la ciudad, gracias a las gestiones de un abogado, un histórico del Movimiento Comunista de Asturias, que había sido a la vez representante de los inquilinos de un inmueble, e íntimo colaborador del abogado que consiguió quedarse con la propiedad de ese inmueble, gracias al “milagroso” derribo del mismo, libre de inquilinos.
De aquel connubio entre la extrema izquierda y el abogado, salió la operación que llevó a la limpieza masiva de los bolsillos de los ciudadanos ovetenses que tenían acciones en el Real Oviedo. Se los dejaron limpios y la suspensión de pagos del equipo llegó a buen puerto. El opio futbolístico del pueblo había sido científicamente utilizado, con la violenta amenaza de sus ultrasures, para pegar un palo de extraordinaria envergadura.
Tuve la desgracia también, por otra tremenda experiencia personal, de toparme de bruces, de manera inopinada y desagradable, con la red de empresas inmobiliarias que gestiona en Asturias un ex cura comunista que vagabundeó por la Habana, hasta que Areces le introdujo en este negocio, y juntos organizaron la destrucción de los astilleros asturianos, al servicio de las grandes promotoras que controlan este negocio en Asturias.
Estás cabreado y sorprendido. Pues vete quitándote el cabreo, y no te sorprendas tanto, que te falta por ver mucho todavía, y no te equivoques en lo esencial: la gran masa de la militancia de la “izquierda plural” sabe perfectamente cómo se financia la estructura política de las organizaciones, a base de pura y dura delincuencia que se nutre de dinero público. Esa cara de susto que ponen cuando les hablas de estas cosas, no es ni más ni menos que puro cinismo.
La libertad, Txomin, incluye los derechos fundamentales a la información y a la libre expresión, y si esos derechos se ejercen a fondo, el negocio de estos sedicentes defensores del bien y de la justicia se vendría abajo, porque todo el mundo vería la inmensa mentira que predican.
Tendrás que acabar conviniendo conmigo, en que la llamada “izquierda plural” está metida exactamente en los mismos pasteles de los que toda la vida han acusado a la derecha, pero con una diferencia: la derecha, al menos para mí, no insulta nuestra inteligencia, contándonos que la zona oculta de la política se utiliza para conquistar la igualdad de los seres humanos, la superación de las desigualdades, la emancipación de las mujeres y todas las declaraciones de insultante retórica que se utilizan para justificar lo injustificable: su imperdonable robadorera, con la que se financia el “modus vivendi” colectivo y el enriquecimiento espectacular de algunos de sus más avispados dirigentes.
Verás como jode, que cuando hables de sus negocios, te llamen "fascista", porque eso es lo que hacen, primero te "excomulgan" y luego te "anatematizan", y el anatema es "fascista".

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