La crisis de Esperanza Aguirre se acentúa, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital
Esperanza Aguirre vive días de nerviosismo y de alta tensión que podrían conducir a una crisis de su propio Gobierno, con significativos relevos por causas de tensiones de todo orden, incluidas las urbanísticas (‘caso Porto’), las relacionadas con Telemadrid y también las que están agrandando sus malas relaciones con la presidencia nacional del PP. Y no sólo por su descarado enfrentamiento con Gallardón, sobre el que Rajoy le ha impuesto el silencio, sino por otras muchas maniobras de corte político y mediático que prueban la escasa lealtad de la presidenta con su partido, como se ha podido comprobar durante el reciente cese del prestigioso Defensor del Menor en Madrid, Pedro Núñez Morgades.
En días no lejanos podrían hacerse públicas algunas sonoras dimisiones en el seno del Consejo de Administración de Telemadrid por franca discrepancia de ciertos de sus consejeros con la línea editorial de la cadena y con los modales de su director general, Manuel Soriano, cuya capacidad en la gestión —tras el hundimiento de la audiencia y aumento de pérdidas económicas— y daño al pluralismo y la libertad de expresión están bajo mínimos aceptables en un empresa pública y en una sociedad democrática.
Mientras crecen los rumores sobre una crisis de Gobierno en la Comunidad, por otra parte progresan sin visos de solución los problemas en torno a Telemadrid, la cadena pública que controla, bajo su férrea mano derecha, la presidenta Aguirre, que está llevando la cadena y su liderazgo en el PP madrileño hacia terrenos propios de la extrema derecha, en línea con el estruendo ultraconservador del sector más duro de su partido que lideran Acebes y Zaplana y los ruidosos programas de la COPE, a cuyos conductores la señora Aguirre ha colmado de favores —recuérdense sus concesiones de postes de TV digital en Madrid—, de la misma manera que ofreció al diario El Mundo informes especiales en horas de prime time para emitir, previo pago y contrato con su productora, sus truculentos reportajes sobre la conspiración del 11M, los GAL y el terrorismo de ETA. Siguiendo así la línea editorial e informativa de la crispación que ambos medios nacionales no cesan de promocionar, convencidos de que la bronca es la mejor estrategia posible para derribar al PSOE de Zapatero del Gobierno nacional.
Con estas iniciativas y estrategia política en Telemadrid, en la que se incluyó la caza y captura del Diario de la Noche que dirigía Germán Yanke, Aguirre pretende convertir la cadena pública —la COPE y El Mundo son de titularidad privada— en una especie de plataforma audiovisual furiosamente crítica con el Gobierno de Zapatero, convencida como está la presidenta madrileña de que los sectores políticos y los medios más ruidosos del PP le van a reconocer y agradecer su esfuerzo y otras andanzas promocionando su liderazgo al frente del PP para cuando Rajoy pierda las próximas elecciones generales. Cosa que Aguirre da por hecho en privado con una deslealtad al líder y al partido que ella misma no oculta en público cada vez que salta a la palestra, en el debate sobre el futuro liderazgo del PP, el nombre de Gallardón. El alcalde al que envidia de manera enfermiza en connivencia con Acebes, Zaplana, El Mundo y la COPE. Porque todos ellos temen —y ahora que se conoce el candidato del PSOE para la Alcaldía de Madrid con más razón— que Gallardón consiga en Madrid ante Miguel Sebastián un resultado mejor que el que Aguirre puede obtener frente a Rafael Simancas.
Y ello si Aguirre no pierde en la Comunidad Madrileña, porque todos estos gestos y sus malas compañías, que según ella la promueven como posible líder nacional del PP —también se va equivocar en ello—, le pueden pasar una factura más que notable en el cinturón de pueblos de la Comunidad madrileña y en la capital, donde, por ejemplo, la liquidación de Diario de la Noche provocó la indignación de cualificados espectadores, profesionales y personalidades del centro izquierda, el centro y de la derecha moderada, líderes de opinión y empresarios que son esenciales para el resultado electoral del PP.
Cosa que bien sabe la propia Aguirre, que empieza a reconocer su error ante algunos de sus colaboradores y que parece impactada por las protestas y quejas que le han llegado de todos los estamentos sociales de Madrid por el liberticidio del único programa plural, culto y democrático de la cadena. El que además disfrazaba en algo de liberal su ciega cabalgada por la extrema derecha en compañía de su clac mediática y política. Aunque la presidenta, en vez de dar un paso atrás, reconocer su error y rectificar como debiera —aunque sólo fuera en su propio beneficio—, se ha dedicado sin éxito a intentar difamar a los periodistas de prestigio que trabajaban en Diario de la Noche con sus repugnantes argumentos económicos o presupuestarios, a los que se añaden otras descalificaciones políticas y profesionales de su entorno: “no hay que olvidar los orígenes socialistas de Yanke”, ha dicho el inefable censor Soriano, faltando a la verdad, para justificar así su atropello ante consejeros de Telemadrid y tras eliminar de un acta de la Comisión de la Cadena el agradecimiento a Yanke y su equipo que le habían reconocido los consejeros pidiendo que constara por escrito, lo que puede ser motivo de un fraude.
Sin olvidar, en todo este desbarajuste, abuso de poder y ataque a la libertad, que Aguirre ha propiciado en Telemadrid las andanzas de su vicepresidente Ignacio González. Quien desde hace meses lleva pidiendo sin el menor pudor ante otros consejeros del Gobierno de Madrid la liquidación de Diario de la Noche. Vicepresidente que protege la pobre mediocridad y manipulación de los primeros responsables de los servicios informativos de la cadena —en su beneficio personal—, y del subdirector general Martín Vizcaíno, responsable de los fracasos de la programación prime time de Telemadrid, además de negociador bajo sospecha de contrataciones con productoras presuntamente amigas. Sin perder de vista, en este embrollo, que la pretensión de Aguirre de privatizar Telemadrid —suponemos que a favor de su clan mediático de extrema derecha, o de algún productor de cine como Enrique Cerezo, íntimo de Ignacio González y otro de los premiados en el escandaloso reparto de televisión digital madrileña— es algo que ya se intentó bajo cuerda con La Otra, estudiando un modelo de cesión temporal o alquiler de dicha segunda cadena o una fórmula similar como el que al parecer ya intentó Zaplana con la segunda cadena de Canal 9 cuando presidía la Comunidad Valenciana y, por supuesto, a favor del mismo clan mediático de la extrema derecha del PP.
Una de las últimas andanzas de Ignacio González —cuyas obras completas en política y democracia, y no digamos en libertades, brillan por su ausencia— ha sido aproximarse al entorno político/familiar de ESTRELLA DIGITAL (no sabemos si como una cosa suya o por un encargo de Aguirre, lo que sería todavía más grave) para intentar silenciar la línea informativa y editorial de este diario sobre todos estos asuntos, lo que prueba que este personaje, además de no ser digno del cargo político que ocupa, es tonto de solemnidad.
Aguirre ha conseguido, en sus años de gestión, una aparente buena cuenta de resultados en la iniciativa pública de Madrid, en transportes, educación y sanidad, que está tirando por la borda con su deriva a la extrema derecha y con estos escándalos de Telemadrid, y con otros del urbanismo, que no andan a la zaga al desvergonzado de Ciempozuelos en el PSOE, porque han tocado de lleno a su Gobierno. Y sería bueno que la presidenta reflexionara sobre todo ello y comenzará a rectificar. Empezando por la composición de su Gobierno y cambiando un vicepresidente que le quita más que le da, en pos de una persona más centrada, menos dedicada a las influencias y verdaderamente liberal. No vaya a ser que el tal González el día menos pensado acabe en coplas famosas como ya lo ha estado con motivo de la concesión de la plaza de toros de Las Ventas, a favor del dúo Choperita y Sanromán (constructor que estuvo encarcelado por el ‘caso Malaya’ de Marbella), que vuelve a salir a concurso con las mismas sospechas de favor del anterior sobre el entorno de tal Sanromán, ex socio también de presidente del Real Madrid, Calderón, al que Aguirre ha facilitado la impostura del cargo sin propiciar el obligado recuento de los votos por correo.
De la misma manera que Aguirre debería dar un vuelco y una rectificación a fondo en Telemadrid, convertida de un tiempo a esta parte en “teleterror”, como puede comprobar cualquiera que haga un fiel inventario de lo emitido sobre los terrorismos varios en los últimos meses. Aunque para que ese vuelco ocurra, como ya se lo han pedido a Aguirre muchas personas de su entorno, haría falta que la presidenta reflexione y comprenda que así no puede seguir. No sólo porque todo esto le arranca la careta de liberal sino también porque las maneras que exhibe prueban que no sólo no está capacitada para liderar el PP a nivel nacional, sino tampoco para presidir la Comunidad de Madrid con modos y equipos que dejan mucho que desear.
Hace años, cuando Aguirre militó en el Partido Liberal de José Antonio Segurado, se quejó de que una persona del equipo del entonces líder liberal había sido incluida en las listas electorales, motivo por el cual ella dijo: “ha hecho como Calígula cuando nombró cónsul a su caballo Incitatus”. Pues bien, Aguirre, que ha nombrado consejera de Caja Madrid a Mercedes Rojo, una colaboradora de su gabinete, tiene su Gobierno, Telemadrid y Caja Madrid y otras instituciones comunitarias plagadas de amigotes y equinos sin doma, preparación ni capacidad de gestión, cuando no a borricos de pelaje nada democrático. El cese intempestivo de Pedro Núñez Morgades como Defensor del Menor en Madrid es una prueba más de esos malos modales —como en el Diario de la Noche— de la presidenta y de su falso talante liberal. Además de una falta de respeto por una persona de larga trayectoria en el PP —¿cómo consiente Rajoy todas estas tropelías?—, que ha ejercido su cargo de manera tan eficaz como ejemplar.
