Erase un político que amaba a las cámaras y las cámaras le amaban a él. Pero perdió las elecciones y las cámaras le olvidaron. El político en cuestión, el ex canciller alemán Gerhard Schröder, de 62 años, sació ayer el síndrome de abstinencia mediática en una rueda de prensa multitudinaria en Berlín, la primera desde que hace un año abandonó el cargo. La ocasión: la presentación en sociedad de Enstcheidungen. Mein Leben in der Politik (Decisiones. Mi vida en la política),sus memorias, redactadas en tiempo récord. El lugar: la Willy-Brandt-Haus, la sede berlinesa del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), su partido, bajo la severa mirada de la estatua del patriarca Willy Brandt.
La expectación era máxima. Varios centenares de periodistas y políticos se congregaron para escuchar a Schröder. El primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, presentó el acto. La editorial, Hoffmann und Campe, ha imprimido 160.000 ejemplares. El autor - quien según informaciones no confirmadas ha cobrado un millón de euros- viajará por 23 ciudades alemanas y hará una gira por los talk shows para presentar el libro. "Me alegro de que haya despertado expectación, no lo voy a esconder", dijo Schröder, canciller entre 1998 y 2005. "Los primeros meses no fueron fáciles - admitió-. Yo no quería dejarlo: tuve que dejarlo".
Con la gran coalición que dirige la democrisitana Angela Merkel Alemania se aburre. La canciller, al contrario que su antecesor, es una mujer poco dada a flirtear con las cámaras y escasamente dotada para conectar con el alemán de a pie. Por eso no es raro que las memorias de Schröder ocupen desde hace días páginas y páginas de la prensa alemana y que ya haya reacciones airadas de algunos adversarios. Aunque Schröder evita mencionar a Merkel en el libro, en una entrevista con Der Spiegel ha dicho que observa una "falta de liderazgo" en la coalición de democristianos y socialdemócratas. En los últimos meses, la coalición se ha enzarzado en querellas internas que han socavado su popularidad. El ex canciller está seguro de que su partido, el SPD, "no perdió" las elecciones de septiembre del 2005. En realidad, casi empató, pero la Unión Democristiana / Unión Socialcrisitana (CDU/ CSU) de Merkel obtuvo más votos.
En sus memorias, Schröder apenas hace referencia a España: menciona dos veces, de pasada, al ex presidente José María Aznar, y ninguna a José Luis Rodríguez Zapatero, quien en las elecciones regionales de Renania del Norte Westfalia en mayo del 2005 participó en un mitin con el canciller. El SPD salió derrotado de forma humillante, lo que llevó a Schröder a adelantar las elecciones un año, del 2006 al 2005. Mucho se ha especulado sobre los motivos del avance electoral. El ex canciller asegura que la oposición de su propio partido a su reforma del Estado de bienestar le hizo decidirse por el adelanto. Se veía incapaz de sobrevivir un año más.
Schröder defiende en el libro su decisión más controvertida desde que dejó el poder - ponerse al frente del consejo de administración de una empresa controlada por el monopolio ruso Gazprom- apelando "al interés de nuestro país y de Europa". También ajusta cuentas su ex camarada - y ahora adversario- Oskar Lafontaine. Y reivindica los logros de la vilipendiada coalición rojiverde, además de elogiar a su ministro de Exteriores, el verde Joschka Fischer, a quien considera un consejero casi infalible.
"La campaña electoral es el momento más interesante para el político", reconoce el jubilado. La promoción del libro será ahora lo más parecido a una campaña. Gerd, como le llaman sus amigos, volverá a disfrutar del contacto con las multitudes, seguramente el ambiente en el que más cómodo se encuentra. De momento, ya ha dicho que no quiere que le llamen "canciller", sino "Herr Schröder". Como un alemán más.

Escribe un comentario