CÓMO GANAR
Indiferente a la apatía política de sus vecinas, Enriqueta espera con ansia la llegada del día 1. Le encantan las jornadas electorales. Que en esta ocasión la hayan avanzado aún le gusta más. Si por ella fuese, habría elecciones cada mes: europeas, municipales, españolas, catalanas... Porque le encanta acercarse a la mesa donde están las papeletas y coger de cada montón. En las primeras elecciones, tras la muerte de Franco, vio cómo la gente cogía una papeleta de cada candidatura y se encerraba en una cabina para - en privado- poner una en el sobre: la escogida. La diferencia es que ella, en vez de una papeleta de cada opción (parlamentaria o no), coge un puñadico. Un puñadico de cada. Y durante los meses siguientes las utiliza para escribir en el dorso las listas de la compra, o las notas que deja en la nevera a su marido o a la señora de la limpieza. El día 1, en cuanto abran los colegios electorales, Enriqueta - y un pequeño ejército de otras Enriquetas- estarán ya a punto para ejercer su derecho al voto y para asegurarse suficiente papel de notas hasta como mínimo las municipales.

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