Inminentes las elecciones, queda planteado el duelo entre Mas y Montilla para la presidencia de la Generalitat. Mas ya ha dicho que sólo será president si sale de las urnas con más votos y escaños que nadie. Montilla, en cambio, deja abierta la posibilidad de coalición con los otros partidos para formar un tripartito, que en el fondo no desea debido al recuerdo que para tirios y troyanos dejó la experiencia de la legislatura truncada.

Los sondeos de última hora, si bien dan como vencedor a Mas, parecen no asegurarle suficientes votos para superar la suma de un tripartito. Es decir, o Mas recibe el apoyo de ERC, o hay acuerdo con el PSC para una sociovergencia no apetecible.

Es una pena que las elecciones catalanas no se rijan por el procedimiento presidencialista existente en otras partes. Ahora mismo aquí no se habla de partidos políticos al Govern, sino de presidents. Si es perfectamente demócrata que del sistema actual debe surgir el presidente del Parlament, no hay duda de que por razones históricas el president adquiere una dimensión conocida desde Macià - un mito- pasando por los restantes presidents. Todos hicieron de su capa un sayo y actuaron como en un régimen presidencialista. Uno de ellos, Tarradellas, no sólo se mantuvo años en el exilio sin Govern alguno, sino que se vino a Barcelona con las manos en los bolsillos. Es decir, como presidente de una Generalitat todavía inexistente y, naturalmente, menos aún un Parlament. Era el president por antonomasia.

Para superar la diferencia del tripartito, a Mas quizá le puede hacer falta un número de escaños parecido al que pueda obtener el PP catalán. Como otrora CiU pactó con el PP (como antes lo había hecho con el PSOE para dar estabilidad al país) se iniciaba la campaña dando como una gran probabilidad que CiU volviera a colaborar con el PP. Montilla justamente ya había atacado por ese lado. De ahí la visita de Mas al notario, que tanto ha dado que hablar. Muchos lo han criticado, pero después del gesto notarial - con teatralidad buscada- nadie ha repetido la acusación a Mas de una posible entente con el PP. Todavía está en el Tribunal Constitucional el recurso, presentado por el PP, contra el Estatut, una vez aprobado por las Cortes y por el referéndum catalán. Es fácil comprender que colaborar en estos momentos con el PP equivaldría a echarse encima una mole. Muy condenable la actuación de jóvenes que intentaron altercados en mítines del PP, pero otra cosa es gobernar con representantes del PP. Puede ser lamentable una previa exclusión del Govern de un PP que tiene en Catalunya a una persona tan válida como Josep Piqué. Pero el espectáculo dado por el PP contra todo lo catalán durante año y medio no se puede borrar de un día para otro. Alguna vez se ha dicho que, en realidad, más que contra Catalunya se trataba de utilizar un medio para desgastar a Rodríguez Zapatero. Éste era el objetivo mayor. Sin embargo, esta explicación quizás es peor. En este caso, Catalunya habría sido utilizada como utensilio de los de usar y tirar.

Los sondeos de última hora indican que el electorado quiere un Govern de la Generalitat estable con autoridad y coherencia. Seguramente por esta razón Mas ya en el cara a cara de TV3 se produjo con mucha contundencia y enérgica palabra. Esto le ha valido la acusación de "arrogante", que ha ido de boca en boca y entre sus oponentes. Artur Mas no debuta hoy y ha demostrado siempre, tanto en la vida pública como en la privada, una total carencia de arrogancia. Una cosa es tener carácter - es necesario para presidir- y otra ser prepotente.

También Montilla, por su parte, y con su manera de producirse más aquietada, ha valorado su propósito de estabilidad mantenida por una resuelta autoridad. Ha podido poner el ejemplo de sus cargos públicos desempeñados con buen temple.

En la última recta ha surgido de los sondeos una preocupación prioritaria: la inmigración. Las imágenes de las pateras llegadas diariamente a las Canarias han podido despertar una preocupación antes algo adormecida. No hace mucho que Joan Saura era de los que pedían "papeles para todos". Hoy, sin embargo, ha cambiado de registro y no aprueba más que la integración legal. En este punto, Mas no solamente aprueba las futuras medidas contra la inmigración ilegal, sino que para los que ya están aquí o, los menos, que lleguen legalmente, propone lo que los demás no dicen: incentivar la integración para evitar guetos y marginaciones, origen de tantos conflictos. Los vimos hace un año cabal en las cercanías de París, como ahora en Londres. Tony Blair se ha manifestado con dureza frente a las comunidades islámicas. El síndrome existente en Inglaterra se reveló cuando los atentados en el metro, producidos por jóvenes terroristas islámicos nacidos en Inglaterra. Un gran tema de debate allí es la cuestión de los velos islámicos de las muchachas escolares y universitarias. Consideran que el rostro debe estar a la vista. "Quien cara paga, cara honra".

Catalunya ya ha dado prueba de facultad integradora, tanto en el primero como en el segundo flujo del siglo pasado, de personas fundamentalmente del sur de la Península. Primero pasaron a ser altres catalans y muy pronto catalanes del todo. Pujol en su tiempo de president, como ahora CiU en su programa, quiere evitar que existan comunidades diferenciadas. No sé si estamos a tiempo, pero hay que intentar una integración. Para ello pueden hacer falta incentivos diversos. Entre las posibilidades quizá no esté el que se ha llamado carnet por puntos, del que habló Mas. O se explica mejor, o se pueden buscar otras fórmulas. Lo cierto es que la Generalitat futura deberá encauzar un problema hoy generalizado, pero que hay que resolver, en cada caso, a pie de obra.