La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

26 Octubre 2006

ZP: un poco monarca, un poco madre gallina, de Fernando Ónega en La Vanguardia

Del encuentro de Zapatero con los empresarios conozco lo que Jordi Barbeta ha contado aquí: que el presidente se dedicó a seducir y sedujo; se dedicó a gustar y gustó. El señor presidente ya está disfrutando del tópico que acompañó a todos sus antecesores en la Moncloa: gana mucho en la distancia corta. Debe de ser la magia del poder, que seduce en cuanto se le toca. Lo malo es que para encantar a todos los votantes catalanes como encantó a los empresarios, necesitaría un mínimo de diez mil reuniones. Demasiado incluso para Zapatero.

No menos llamativa resultó su promesa de lealtad al gobierno que salga de las urnas, sea cual sea su ideología. Esto es como cuando a los niños les preguntan si quieren más a papá o a mamá. Sólo los críos muy sinceros dicen la verdad. Los demás se ponen políticamente correctos y reparten su cariño de modo absolutamente equitativo. Rodríguez Zapatero, igual: se pone tan políticamente correcto, que no deja ni una arista de discusión. Cuando hablen las urnas, querrá lo mismo a José Montilla y a Artur Mas.

¿Podía decir otra cosa? No. Aunque Montilla se pusiera más tierno que un enamorado - José Luis, yo soy de los tuyos, hice tu política en Industria, te he ayudado a hacerle la cama a Maragall, te he prometido lealtad eterna y haré lo posible por no hacerte la faena del tripartito-, Zapatero se pondría salomónico. Cuando se vive en un régimen de apariencia federal, el jefe del Gobierno central se siente un poco monarca, un poco jefe de Estado, un poco madre gallina que cobija por igual a todos los polluelos.

Dicho sea con perdón, lo sorprendente es que Zapatero haya sorprendido. A la concurrencia y a sí mismo. "Un fenómeno tan insólito, que él mismo lo reconoció", escribe Barbeta. El colmo del talante, dirán los socialistas más críticos, es que este tipo se proponga tratar igual a los nacionalistas que se enfrentan al Estado que a los socialistas que lo mantienen en Catalunya.

Que después de un cuarto de siglo de autogobierno todavía haya que anunciar igualdad de lealtades, sólo puede ser fruto de dos malos antecedentes. El primero y más elemental, que ese concepto difuso de Madrid ha sido hasta ahora parcial.

Administró competencias, libró fondos, efectuó inversiones y dedicó cariños según el grado de identificación con el gobierno autónomo. A equipos políticamente adversos se les castigó con regateo y cicatería. A equipos afines se les correspondió con la generosidad.

El segundo, más profundo y consecuencia de lo anterior, es que todavía nos falta cultura para entender las autonomías como una parte del Estado. Son, más bien, una parte de un partido. Y así, cuando el jefe de uno promete lealtad al adversario que gane, parece que inaugura un estilo político nuevo. ¡Qué buen talante! ¡Qué magnífico tono! ¡Qué entendimiento más generoso del poder! ¿Lo creemos? Promesas más insólitas hemos creído. Aunque, si yo fuera Rodríguez Ibarra, ya estaría llamando a la Moncloa: "Oye, José Luis, ¿quién te corresponderá mejor a ti con la misma lealtad?"

servido por caffereggio sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

Estadísticas

Fotos

caffereggio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera