La inoperancia del tripartito, las extravagancias de sus líderes, la precariedad de su desempeño, más los fútiles laureles del Estatut —que la mayoría no acudió a refrendar— han dejado al ciudadano catalán con ganas de no votar para mostrar su censura a una clase política que no les representa bien.

Y no les representa bien porque esos políticos se inventan problemas que no existen en la realidad. Yo no veo problema lingüístico en Cataluña: cada cual habla como quiere o como puede y la economía funciona; a los empresarios les da igual etiquetar en catalán o en castellano, lo que quieren es vender. Si las etiquetas son un problema, lo han creado los políticos.

Es cierto que en la dictadura franquista el catalán estuvo prohibido en libros, radio y prensa, pero ahora no, por lo cual no puede estar en peligro, y si lo estuviere sería porque los ciudadanos de Cataluña habían decidido dejar de hablarlo. En mi casa materna se habló catalán siempre, con o sin Franco.

Por si fueran poco su inoperancia y sus tergiversaciones, algunos políticos, como los comunistas, en vez de disolverse avergonzados por Rusia, cambian de nombre, pero no de mentalidad dictatorial y fanática, y presentan un logo de campaña con el lema chabacano, fascista y cainita de “Follat a la Dreta” (“fóllate a la derecha”). Ya comprendo que o dicen eso o han de proponer nacionalizar La Caixa, que eso sería un programa comunista. Si ya no tienen nada positivo que proponer, pues las reivindicaciones de izquierdas están recogidas en el Estado del Bienestar, podrían hacer una campaña agradable y, al menos, educada. ¿Qué dirían mis colegas progres si el PP propusiera: “Fóllate a la izquierda”? Dirían que son franquistas y fachas. Entonces ICV también lo son, aunque vengan de Marx, Lenin y Stalin, o quizás por eso mismo.

Montilla, que es un candidato más afín a su electorado que Maragall, no mira de frente; incluso se anuncia con una foto de cogote. Parece trabajador y serio, pero le falta cintura y se enganchó con Sala Martín de un modo innecesario. No hay preguntas indiscretas, sólo hay respuestas torpes.

Carod y los suyos van a lo suyo y tienen su público, llevan una campaña discreta, así como Mas, que ya tiene tablas y, por si fuera poco, cuenta con Jordi Pujol de seleccionador en el banquillo. Queda Piqué, que si se votara a personas y no a partidos, podría ganar. ¿Para cuándo unas elecciones en que nos dejen votar a personas? ¿No ven que los partidos deben desaparecer porque si no hay ideologías alternativas no hay partidos? Entonces la gente volvería a votar.