Ser una triunfadora en el mundo occidental, y además negra, aún no suele ser habitual, pero así le ocurría al personaje de Hortense. Fallecidos sus padres adoptivos, decidió iniciar la búsqueda de su madre biológica y la encontró; era Cynthia, una trabajadora de clase media-baja, bastante vulgar y ¡blanca! Con este argumento, el director de cine Mike Leigh estrenaba en 1996 una de sus películas más celebradas, «Palma de oro» en Cannes ese año. «Secrets and lies» desmenuza la sociedad moderna y desvela, con lo que se viene llamando humor inglés, todo un entramado social que se desarrolla guardando secretos y ocultándose tras alguna mentira.
Pero no es el cine el tema que me mueve a ilustrar este texto, sino la emergencia de la manipulación informativa y la mentira como armas políticas, tal y como hace unos días denunciaba el periodista Joaquín Estefanía en una tribuna de opinión publicada en «El País», en la que apostillaba: «El político que miente es enemigo de la democracia, aunque haya sido elegido democráticamente».
La manipulación es tanto más patética y despreciable cuando alguien quiere apropiarse del pensamiento de una comunidad, y, a través de medios de comunicación creados «ad hoc», lanza ataques furibundos contra todo aquel que no le rinda pleitesía.
En Asturias circulan informativos -si se pueden llamar así- en los que anónimos amanuenses se permiten pontificar sobre ideologías y amistades de quienes se atreven a disentir. Cuando a alguien no le interesa lo que se dice, sino sólo quién lo dice, se desliza temerariamente hacia los fascismos y eso es más que peligroso. Por cierto, me apuntan que algunos de estos diarios digitales son de los que se pueden consultar en la red de telecentros y en los puestos de trabajo de los funcionarios autonómicos. Pues nada, enhorabuena a quienes están libres de censura y si también están subvencionados, mejor para ellos, pero que recuerden los versos de Bertolt Brecht. Claro que Joaquín Estefanía también decía, refiriéndose a la mentira y a la manipulación, que habría que convertir al político que las practica (y a sus ayudantes) en execrable. ¡Ah!, si alguien necesita datos biográficos míos y saber quiénes son mis amistades, aquí estoy para facilitárselos.
Pero para secretos y mentiras los que en materia ambiental han aflorado los últimos días en Asturias (de algunos de los pasados están las hemerotecas llenas y en algún momento tendremos que parar a recordarlos). Como si de una broma se tratara, acaban de ver la luz, de una forma u otra, algunos documentos que se refieren a la gestión ambiental de nuestra tierra. Me refiero concretamente al texto de revisión del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias, el famoso PORNA -prometido y comprometido para muchas fechas atrás y que ahora comienza a circular entre diferentes estamentos para consultas- y al del reglamento de la ley de protección de los ecosistemas acuáticos asturianos, que es la norma por la que se rige, entre otras actividades, la pesca deportiva en nuestros ríos, y que se encuentra en información pública.
Escribí conscientemente la palabra broma, porque después de una primera lectura de ambos textos y de las referencias que hacía la prensa al primero de ellos, no pude menos que buscar la fecha en que se escribieron para ver si coincidía con algún 28 de diciembre. «Dime lo que sabes hacer y te diré lo que eres», decía el bueno del ecólogo Fernando Parra hace ya muchos años. Por eso, tantos letrados al frente de un departamento infraestructuralmente ordenador del medio ambiente, que mediante decretos pretenden modificar leyes, es cuando menos extraño para un modesto biólogo.
No creo que pueda ser verdad que lo que leo en ambos documentos obedezca a un ejercicio de compromiso con los ciudadanos, tal como prometía el Partido Socialista en su programa electoral. ¿Qué secretos, tesoros o ayalgas están tras estos textos?
¿Puede desaparecer un espacio protegido -aún no declarado- sobre el que gravita la amenaza de una gran mina a cielo abierto? ¿Se borran de un plumazo los límites de los espacios para así no verse comprometidos antes de una hipotética declaración? ¿Pueden protegerse especies de animales con el mismo criterio que sirve para desproteger otras? ¿Puede volver a proponerse la cogestión de la pesca fluvial por entidades en la forma que en su día el Parlamento regional rechazó? ¿Puede desaparecer todo un entramado administrativo de evaluaciones de impacto ambiental?
¿Es acaso esto lo que el Gobierno había prometido?, ¿no será más bien cosa de becarios, peritos y otros universitarios a la carta, mezclado con dejadez administrativa? ¿Buscarán sus redactores y sus mentores la debacle electoral en el próximo compromiso con las urnas de la formación política que los sustenta?, ¿o se dice sostiene?
¡Pero si incluso estos mismos días ya aparecen promesas modificatorias del propio documento del neo-PORNA! ¡Ah!, eso sí, vamos a promover figuras proteccionistas que no son restrictivas y con un bello decorado de aerogeneradores en sus alturas, porque todo vale, y así los vecinos se lucran con hipotéticas subvenciones. Si incluso hay que dejar bien claro que en los embalses de abastecimiento que se construyan en espacios protegidos -esos en los que una piragua de plástico o un patito de flotador contamina el agua- se autorizarán los aprovechamientos hidroeléctricos, que, por supuesto, no deben suponer ni el más mínimo riesgo de alterar la calidad de las aguas.
¡Secretos y mentiras!, qué delicia es el humor inglés. Pero en estos momentos de convulsiones estatutarias y haciendo patria (y nación si fuera menester) habría que recordar que también hay un humor asturiano; por eso en la materia que me ocupa y me preocupa, como es la protección y conservación de los cada día más estresados recursos naturales asturianos, para definir estos años volubles y convulsos, me viene a la memoria el vecino lenense de mis antepasados, Vital Aza, y recuerdo el título de una obra suya: «Ni fu, ni fa».
Víctor M. Vázquez es miembro de número del Real Instituto de Estudios Asturianos.

Escribe un comentario