Futuros desmovilizadores. Es tradicional que con motivo de las elecciones al Parlament aparezcan en Cataluña toda suerte de paracaidistas políticos. A veces pertenecen a partidos amigos -como Josu Jon Imaz, que el domingo participó en el mitin de CiU y exhibió un notable dominio del catalán-, pero lo más común es que se trate de compañeros de la dirección de Madrid o del mismísimo Gran Jefe, es decir, en esta ocasión, de Zapataro o Rajoy. El primero acudió ayer a su cuarto acto de apoyo a Montilla desde que en septiembre participara en la Festa de la Rosa, que anualmente organiza el PSC en Gavà. El líder del PSOE concede en público que los socialistas catalanes van a poder decidir con quién gobernar después de las elecciones. Animado por el calor zapateril, por algún sondeo díscolo y por la esperanza del sorpasso, Montilla ha declarado que rechaza reeditar el tripartito y también compartir el poder con CiU. Sin embargo no cuenta cómo va a gobernar él solito con las encuestas dándole no más de 43 diputados. ¿Quién le va a apoyar si no es a cambio de mandar juntos? Me parece que una cosa es interpretar la realidad y la otra subvertir la lógica. En realidad, el problema que tiene Montilla es que, igual que le ocurre a Zapatero, su electorado no quiere ver a ERC ni en pintura, pero tampoco le apetece en absoluto la idea de asociarse con los convergentes de Artur Mas.Como ambos futuros son desmovilizadores, Montilla los niega.Seguramente no tiene otra opción. Y Rajoy, ¿con qué sueña? Pues, fácil: con lo contrario que Zapatero, esto es, con un tripartito que dé nuevo combustible al PP y a su estrategia de tensión y más tensión. La situación es realmente paradójica: a la izquierda española le interesa que gobierne el centroderecha catalán, mientras que la derecha española desea un gobierno de las izquierdas con los independentistas.
Al alcance. Ojo con Girona. Pese a que allí el PSC presenta como número uno a Nadal, al que acompañan dos pesos pesados más, la consellera Cid y el conseller Del Pozo, no lo va a tener fácil, pues a ERC se le ha metido entre ceja y ceja bajar a los socialistas al tercer cajón del podio. Es una meta al alcance de los republicanos (que el sábado llenaban el nuevo Auditorio de Girona), pues en 2003 menos de 6.000 votos les separaron de los socialistas (72.352 contra 66.989). En términos porcentuales, mientras el PSC alcanzaba el 23,65%, ERC conseguía el 21,9. En número de diputados empataron a cuatro.
Precioso favor. Intenta Josep Piqué tapar las posibles vías de agua de la nave popular. Por un lado, arremete contra CiU y, por el otro, contra Ciutadans-Partit de la Ciutadania, capitaneado por el correoso Albert Rivera. Pese a que tal formación se declara «no nacionalista», curiosamente sólo atrae a los sectores más españolistas del PSC y del PP. O esos sectores están radicalmente confundidos, cosa improbable, o la definición no se ajusta a la realidad. Pese a que los sondeos que se han dado a conocer hasta ahora no les otorguen representación en el Parlament, si el partido de los Boadella, Espada y De Carreras debilita al PP y al PSC hará un precioso favor al nacionalismo catalán. Otra paradoja de estas elecciones.
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