Sabido es que la Sociedad de Bolsas es una empresa privada integrada en Bolsas y Mercados Españoles, otra empresa privada cuyas acciones cotizan todos los días en los mercados de valores que la CNMV supervisa. Y también sabrán que la Sociedad de Bolsas es propietaria del índice Ibex 35, de donde se deduce que dicho índice es un producto privado, propiedad de una empresa privada.
Tan pedestre recordatorio hubiera sido innecesario del todo de no haber sido por la decisión adoptada por el Comité Ibex de readmitir a Metrovacesa en el selectivo, debido a que su free float tras las OPAs de Rivero y Sanahuja (en torno al 14,5%) le otorgaba una liquidez mayor que la de otros partícipes del índice. La iniciativa no ha gustado nada a Manuel Conthe, presidente de la CNMV, que ha mostrado su desacuerdo en carta dirigida al Comité Asesor del Ibex, quien, a su juicio, “debería reconsiderar la decisión de mantener a Metrovacesa en este selectivo” en caso de que la inmobiliaria no adopte “con rapidez” medidas para elevar su liquidez.
La iniciativa de Conthe ha sido calificada por los expertos de “intromisión sin precedentes del regulador en las decisiones de la Sociedad de Bolsas”. Pero, ¿qué hay detrás de la tormenta? Pues que mucha gente ha quedado pillada en Metrovacesa. Gente importante, se entiende, con posibles. Al contrario de lo ocurrido en casos como Terra, los ahora pillados no son particulares especuladores, sino profesionales avispados que han apostado por bajadas en la cotización de Metrovacesa.
Y están pillados porque, dentro del escaso margen que supone el free float citado, han tomado prestadas un número de acciones y las han vendido, y ahora están perdiendo con cada céntimo que sube la cotización de Metrovacesa. Para cerrar esa herida abierta, los listos tienen que devolver las acciones que han tomado prestadas, comprando un número equivalente a las que han vendido, aunque no fueran suyas. Pero para que ellos compren, alguien tiene que vender. Y nadie vende.
En primer lugar porque los accionistas fuertes de la compañía no quieren hacerlo. Y, segundo, porque algunos que podrían vender son los que precisamente las han prestado y no disponen de ellas. De modo que, como hay pocas acciones a la venta, cada vez que algún pillado quiere comprar, la cotización se dispara incluso con poco volumen de contratación. Se trata de una situación complicada, sin duda... para los pillados. El minoritario que no ha vendido ve subir y subir la cotización con una sonrisa de oreja a oreja, subidas que se convierten en una mueca de preocupación en el rostro de los afectados.
Y se empiezan a barajar posibilidades: que si ampliación de capital, que si emisión de bonos convertibles, decisiones todas más que discutibles porque no responden a una estrategia empresarial, aunque pertenezcan a la esfera de las decisiones privadas de una empresa privada. Y en esto llega la CNMV y toma una decisión sorprendente: que se excluya a Metrovacesa del Ibex 35, lo que equivale a sugerir a una empresa privada que modifique un producto privado. Es como si el señor Conthe sugiriera a El País una reducción de sus páginas de nacional o de economía, o a Iberdrola un recorte en su producción de energía eólica.
Juzgar intenciones es cuestión harto arriesgada, pero parece lógico pensar que si se excluye a la inmobiliaria del Ibex 35, habrá fondos de inversión referenciados a dicho índice que venderán acciones de la compañía. Justo lo que necesitan los profesionales listos que se han equivocado en su inversión. Y justo lo contrario de lo que sería deseable para un pequeño inversor particular. ¿Qué diría la CNMV de haber resultado afectados una serie de pequeños inversores particulares? Podemos fácilmente imaginarnos frases del tenor de “no somos responsables de las decisiones personales de inversión”; “hay que conocer el riesgo que se asume al invertir” y otros primeros auxilios por el estilo.
Por cierto que si el señor Conthe considera escaso el free float de Metrovacesa, debería reparar en casos como el de Banesto o las filiales del Popular. Pero no, parece que lo que le preocupa es que la cotización está “estrangulada”, algo que sencillamente no es cierto. Los profesionales pueden comprar y vender libremente acciones de Metrovacesa. Sólo que no a los precios que les gustaría. Todo un papelón, en fin, el de la CNMV.

Escribe un comentario