Sambenitos. David Madí, el director de orquesta de CiU, decidió lanzar tres zambombazos en la primera mitad de la campaña. Así, distribuyó el DVD, Mas compareció ante el notario e hizo su propuesta de beneficios para los inmigrantes que demuestren afán de integración.Pese a las polémicas, CiU consiguió lo que buscaba: dominar la agenda política y convertirse en el centro del debate. El PSC y Montilla no han protagonizado, por su parte, ni un solo intento que pudiera romper esta dinámica impuesta por la federación nacionalista.Llegados a este punto, topamos con dos teorías explicativas contrapuestas.La primera dice que la maquinaria del PSC no funciona tan bien como todo el mundo había creído y que, por ende, el desconcierto atenaza a los responsables de la campaña. La segunda, mucho más benévola, asegura que la discreta campaña socialista es en sí misma una estrategia y que en el PSC se confía que sea la ofensiva que ha desplegado CiU la que movilice, por reacción, al electorado de Montilla. Se trataría de alimentar esa reacción a base de insistir en los peligros de un triunfo de CiU y, también, colgándole a Artur Mas sambenitos como el de prepotente y arrogante.

Combatir la caricatura. Dice el marketing político que para ganar las elecciones es importante fijar en la opinión pública una imagen negativa del adversario. Hay que definirlo con la fuerza suficiente para que quede atrapado en la caricatura. Es lo que intentan los adversarios de Mas, tanto desde la izquierda como también desde el PP. Debería el candidato de CiU esforzarse en contrarrestar el clisé que de él se proyecta. Si es difícil o muy tarde para hacerlo, el marketing político aconseja entonces actuar sobre la caricatura para modelarla y darle la vuelta.En este caso la operación consistiría en transformar los atributos negativos -prepotente, arrogante- en positivos -determinación, capacidad de liderazgo-.

'Amejoramiento'. El marketing político también aconseja a los candidatos sobre su aspecto. Por ello las fotos de los candidatos suelen presentárnoslos mucho más jóvenes de lo que son. La costumbre del amejoramiento fue muy comentada y objeto recurrente de chascarrillos en anteriores campañas electorales, pues a veces a los artistas se les va la mano. Recuerdo especialmente el cartel de alguna de las últimas campañas de Pujol y uno de Maragall. Sin embargo, esta vez ha habido un candidato que no sólo no se ha beneficiado del tradicional tratamiento fotográfico anti-aging, sino todo lo contrario. Es el caso del Piqué, quien ha sufrido un envejecimiento tremendo e instantáneo al meterse en el cartel electoral. En la imagen del ex ministro que cuelga en pueblos y ciudades vemos a un candidato pálido y con diez años más de los que realmente acumula.

El mayor y el benjamín. Por cierto, ¿saben cuál es el presidenciable de mayor edad de entre los que representan a las fuerzas parlamentarias? Pues Joan Saura, que tiene casi cinco años más que Josep Piqué.El del PP no es el más joven, pero casi, pues se lleva menos de un año con el benjamín del grupo, Artur Mas, que vino al mundo el 31 de enero de 1956

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