El Gobierno de la gran coalición ha anunciado a bombo y platillo que se ha llegado a un compromiso para reformar el sistema sanitario. A nadie extrañará esta euforia si se tienen en cuenta las dificultades por las que ha pasado el proceso de reforma desde que en julio del 2003 el entonces canciller Gerhard Schröder comunicó que había llegado a un pacto sobre la reforma de la sanidad con la oposición (CDU/ CSU). Pasaron más de dos años sin que el pacto se convirtiera en ley y la crisis del gobierno, con el cambio resultante de las elecciones de septiembre del 2005, hizo concebir nuevas esperanzas. Bajo la dirección de Angela Merkel, la nueva canciller, se inició una nueva negociación entre los dos grandes partidos, demo/ social-cristiano y socialdemócrata, con grandes altibajos y momentos de tensión, que parecía iban a terminar con la coalición, hasta que primero en julio y por fin, después de forzar la máquina para llegar a un acuerdo, en octubre se consiguió el compromiso tan deseado.

La situación, sin embargo, no es para echar las campanas al vuelo. Mañana, el Gobierno aprobará el proyecto, pero el resultado de su paso por el Parlamento y el Senado no está asegurado, pues dentro de los dos partidos hay bastante oposición. Cuatro días después de la firma del compromiso, la canciller ya tuvo que dirigirse a ambos partidos para exigir respeto a los acuerdos alcanzados.

La inseguridad sobre el futuro del proyecto está más que justificada porque éste no coincide ni con el modelo de la "prima sanitaria", de la CDU/ CSU, ni con el del "seguro ciudadano", que defendía el SPD. Y no sólo no se ha aprobado ninguno de los dos modelos, sino que se han tomado medidas que, al menos a corto plazo, aumentarán el coste de la sanidad, que era lo que querían evitar ambos modelos. Incluso uno de los aspectos fundamentales de la reforma: la creación de un fondo de Sanidad, fue rechazado por los expertos del partido de la canciller desde que lo propuso el profesor W. F. Richter hasta los acuerdos de octubre.

Para algunos democristianos, este fondo puede ser un paso para un sistema socializado y no favorece la competencia entre los fondos del Seguro de Sanidad (Krankenkassen), que era una pieza clave de su modelo.

En pocas palabras, la reforma consiste en que el fondo de Sanidad, que entrará en vigor el 1 de enero del 2009 y no en el 2008 como se había planeado, recogerá todas las aportaciones al seguro de enfermedad (el 14,7% del salario bruto de los trabajadores y el 13,8% de los empresarios, según la subida anunciada para el 2007, más una aportación del Estado para el seguro de los hijos) que recibían directamente los 253 fondos del Seguro público y que distribuirá entre ellos según el número de asegurados, asignando una misma cantidad por persona.

Si un determinado fondo no cubre sus gastos con lo que recibe del fondo común, puede pedir una prima a los asegurados, que no puede superar el 1% de su renta, y si le sobran recursos los devolverá a los beneficiarios, lo cual estimulará una especie de competencia entre los fondos. Los fondos privados, a los que pueden acogerse los que tienen rentas superiores a los 4.000 euros mensuales, han de partir de una tarifa básica común, tendrán que aceptar como clientes también a personas enfermas y al asegurado que quiera cambiar de fondo le han de facilitar las reservas acumuladas en él para la vejez.